EL MUNDO DE LA MUERTE
EL MUNDO DE LA MUERTE Harry Harrison
Título original: Deathworld
Año de publicación: 1960
Editorial: Ediciones Tridente
Colección: Pulsar Ficción nº 3
Traducción: José María Cruz Polo
Edición: enero de 1991
Páginas: 250
ISBN:
Precio: Descatalogado

El autor es mayormente conocido por su BILL, HÉROE GALÁCTICO, una trepidantísima space opera tipo western en el que el citado Bill ha de enfrentarse a malos muy malosos con armas muy gordas y potentes.

Pero aquí vamos a hablar de su primera novela, la del título, aunque sus inicios en el género son como ilustrador de cómics.

Un fullero que vive de sacarle el dinero a los casinos estelares es contactado por un hombre para que le ayude, usando sus poderes mentales, haciendo saltar la banca de un casino y así salvar a todo un planeta de su agreste naturaleza.

El arranque, como veis, no tiene mucho fuste, aunque nuestro personaje se pone la gorra de jugador y realiza el trabajo. Luego viaja al citado mundo, que es un planeta cuya gravedad es el doble que la nuestra y en el que una pequeña colonia minera sobrevive defendiéndose de una flora y fauna que podríamos considerar como violenta en demasía. De hecho, sobrevivir cada día es toda una aventura, al menos en la ciudad de los mineros.

Una serie de acciones terminan con nuestro protagonista en medio de la jungla, donde se encuentra con otros humanos que han aprendido a vivir con la naturaleza, no contra ella.

Y la bombilla se enciende, y nuestro Jason dinAlt decide solucionar el problema con el planeta agresivo, cosa que consigue tras una serie de aventuras más o menos aventuradas, muchas de ellas salvadas por los pelos más que por pericia, por mera suerte, ya que el hombre, poderes adivinatorios de cartas aparte, luces tiene pocas. Y por supuesto, también se queda con la chica, faltaría más.

Lo único destacable de la novela es que trae el concepto Gaia unos nueve años antes de que fuera propuesta, ya que la novela data de 1960.

© Rafael Ontivero, (301 palabras) Créditos

Escribiendo con agilidad y sin perderse en digresiones más o menos relevantes, Harry Harrison consigue completar un volumen lleno de emoción y aventuras, dentro de la más clásica space-opera, con notas más que originales, como invertir la situación en la que el héroe es el más alto, más listo, más guapo y más fuerte llenando un planeta, Pyrrus de individuos decididamente altos, astutos hasta la muerte, bien parecidos y enormemente hercúleos. La única ventaja que tiene sobre ellos Jason dinAlt, el protagonista de la novela, es la perspectiva y ciertas habilidades mentales, aunque no precisamente la inteligencia. Él, como invitado de los pyrranos, podrá ver más allá de donde ellos se han quedado en su interminable lucha contra un planeta decidido a acabar con ellos.

La forma en la que dinAlt llega a Pyrrus es más bien casual. Jugador profesional de notable fortuna, es contratado por Kerk Pyrrus, lo más parecido que hay en Pyrrus a un embajador y presidente, para ganar una enorme suma de dinero en el casino de Cassylia, dinero que servirá a los pyrranos para comprar cierto equipamiento imprescindible para la continuidad de la actividad minera en su planeta. dinAlt accede convencido por los contundentes argumentos de Kerk y tras una accidentada huida decide, pese a los consejos de sus clientes, que una temporada en Pyrrus no le vendrá nada mal.

Pronto descubre las causas de la sobrehumana fortaleza de los pyrranos y la innegable procedencia militar del equipamiento minero. La gravedad de Pyrrus es el doble de la terrestre, lo que explica la fuerza de los pyrranos, y la ecosfera de Pyrrus está decidida a extirpar con entusiasmo el cáncer humano del planeta, ya sea por envenenamiento, intoxicación o mera deglución, lo que explica por otra parte la imperiosa necesidad de armas.

Harrison recrea un mundo tan poco hospitalario que casi parece irreal, y esa es la clave de la novela, la antinatural saña con la que la vida pyrrana ataca a los humanos. dinAlt investiga, en la medida de sus posibilidades, las causas de esa obsesión planetaria, y en episodios de verdadera antología muestra como los pyrranos se defienden tanto cotidianamente como en feroces batallas de cualquier ser vivo nativo del planeta, desde la simple hierba hasta el más monstruoso depredador.

Pero todo tiene un pero, independientemente de lo bien dibujadas que están la anormal ecología pyrrana y el carácter árido de los propios pyrranos, la resolución que da a la novela no es precisamente elegante. dinAlt es un empático, es decir, que está a un escalón de llegar a la telepatía, de ahí su fortuna en el juego, sabe cuando debe arriesgarse y cuando recoger las ganancias, literalmente, lo huele en el aire. Esa misma habilidad le servirá en Pyrrus para llegar a la raíz del problema, y es esto lo que hace que la novela flojee al final. Es una lástima que después de tanto trabajo dedicado a construir un mundo feroz y unos habitantes no menos feroces en continuo conflicto Harrison decida buscar la solución fácil de la ayuda de un individuo mediocre con habilidades psíquicas.

No obstante, la novela es emocionante, se lee de un tirón y quien no tenga mi misma antipatía hacia toda esta parafernalia metapsíquica disfrutara enormemente con esta trepidante novela.

© Francisco José Súñer Iglesias, (545 palabras) Créditos