MEMORIAS ENCONTRADAS EN UNA BAÑERA
MEMORIAS ENCONTRADAS EN UNA BAÑERA Stanislaw Lem
Título original: Pamietnik znaleziony w wannie
Año de publicación: 1961
Editorial: Bruguera
Colección: Libro Amigo nº 665
Traducción: Jadwiga Maurizio
Edición: 1983
ISBN:
Precio: ---

Hay dos relatos dentro de éste libro. El primero es el informe arqueológico que, intentando hurgar en el pasado, da una imagen hilarante y distorsionada de nuestro presente y el segundo, el alucinado recorrido del innominado agente por el Edificio que él, y los que le rodean, suponen que es el subterráneo donde son halladas las Memorias.

Esa primera parte a modo de introducción, socarrona y divertida, es el relato arqueológico de una época anterior, de memoria perdida a causa de la repentina destrucción del papel sobre la Tierra, y con él de toda la sabiduría y conocimiento. A la barbarie subsiguiente sigue una civilización floreciente que interpreta el pasado como buenamente puede, escarbando aquí y allá, y recuperando fragmentos notables y poco concluyentes, como son las memorias de la bañera que dan título al libro. Lo que queda claro es que Lem se mofa, sin piedad, de los desesperados esfuerzos de los arqueólogos actuales por interpretar el pasado a partir de fragmentos mínimos e inconexos.

La segunda parte del libro son las memorias, el rollo de papyr encontrado en un viejo refugio antinuclear invadido por la lava. El relato no puede ser más descorazonador. Un innominado individuo consigue que se le asigne una misión. El primero objetivo se ha logrado; su vida ya tiene objeto, su destino está encauzado, ha de cumplir la misión. Sin embargo detalles nimios como la desconocida naturaleza de la misma y el total desamparo al que se enfrenta el protagonista durante todas las memorias se convierten en decididos obstáculos que habrá de superar página a página.

En primer lugar, conocer el contenido de la misión le supone una buena cantidad de visitas a despachos, encuentros tortuosos, muertes, interrogatorios desquiciados, casi la locura. Pero finalmente consigue el legajo donde se describe con todo lujo de detalles cual es su objetivo. Legajo que pierde, para su desesperación, casi inmediatamente, y que le lleva a una espiral de búsqueda, descubrimiento de conspiraciones dentro de conspiraciones dentro de conspiraciones que a su vez le descubren una y mil contraconspiraciones, espías, traidores, agentes triples y experimentos sociales.

Todo ello recorriendo largos pasillos flanqueados a derecha e izquierda por despachos ocupados por huidizos jefes de sección, militares de todas las graduaciones y todas las capacidades y secretarias impasibles. Y sobre todo, tazas y tazas de té azucarado que hay que remover incansablemente. Teniendo en cuenta el año en el que se escribió el libro, 1961, la situación grisácea de la sociedad de los países del este en aquella época y las siempre confesa antipatía de Lem hacia el régimen comunista no resulta demasiado complicado llegar a la conclusión de que MEMORIAS ENCONTRADAS EN UNA BAÑERA es una alegoría de la Polonia en la que fueron escritas. Un estado satélite de la Unión Soviética donde la planificación estatal había dejado poco espacio para la iniciativa privada, e incluso así, donde la búsqueda de una identidad personal y dotar de contenido a la existencia se convertía en una necesidad vital casi imperiosa.

Tampoco parece demasiado extraño ver en el maremagnum de espías y contraespías que pueblan el edificio una agobiante sociedad granhermanesca donde cualquiera podía denunciar a cualquiera por el motivo más insignificante, y con todo, un edificio, un país, en el que se habían depositado todas las esperanzas y aún pudiendo escapar de él se renuncia a ello para llegar al objetivo marcado.

MEMORIAS ENCONTRADAS EN UNA BAÑERA puede ser un libro muy alegórico, si se quiere ver así, desconozco las motivaciones de Lem al escribirlo, puede que, como a otros muchos, su país le dolía. También puede que sólo intentara hacer un experimento del estilo a ver que sacan los listos de estas páginas y reírse de los analistas como ya se había reído de los arqueólogos en la introducción.

Desde luego, la multiplicidad de lecturas está asegurada.

© Francisco José Súñer Iglesias, (638 palabras) Créditos