EL PORTADOR DE LA NOCHE
EL PORTADOR DE LA NOCHE Graham McNeill
Título original: Nightbringer
Año de publicación: 2002
Editorial: Timun Mas
Colección: Warhammer 40.000
Traducción: Juan Pascual Martínez
Edición: 2004
Páginas: 365
ISBN:
Precio: 9,95 EUR

Debido a las sistemáticas malas experiencias que tuve hace años con los libros de Timun Mas había proscrito de mi lista de lecturas, con las excepciones de rigor, cualquier producto de ésta editorial.

Pasados esos años veo que la cosa no ha mejorado en el sentido de que siguen siendo productos de pésima calidad literaria, desarrollo rutinario, desenlaces previsibles y nada que aportar excepto, hay que admitirlo, unas horas de entretenimiento emocionante. A pesar de su redacción torpe, las novelas está hábilmente estructuradas de forma que se mantiene de forma constante la intriga y el misterio, y si se es capaz de pasar de las primeras veinte páginas, con toda probabilidad se termine por devorar el libro.

Al respecto, resulta extraordinariamente frecuente que libros con una prosa horrible sean capaces de captar la atención del lector hasta su última página, y que libros de lenguaje exquisito aburran hasta la náusea. Parece como si los autores conocedores y hábiles usuarios de los pequeños trucos que mantienen absorto, página tras página, al lector tuvieran serios problemas con la sintaxis y la gramática, mientras que los profundos conocedores de éstas no estuvieran en disposición de ofrecer más que palabrería sin fundamento ni objetivo.

EL PORTADOR DE LA NOCHE es un ejemplo claro de lo primero. Expresiones redundantes (¿discos circulares?) redacción plana, torpeza en el uso de las figuras literarias... y lectura absolutamente absorbente. Teniendo en cuenta que este libro es parte de la franquicia del juego Warhammer 40.000, y más que probable ambientación para interminables partidas de rol, hay que verla más como un trepidante manual novelado que como una obra literaria en toda la regla.

En esencia el argumento no puede ser más simple; en algún lugar del Imperio se ha descubierto una traición, y un agente del Emperador es enviado, junto a una compañía de Ultramarines (una especie de bestias corrupias con armadura) para desenmascarar al traidor y derrotar a los enemigos del Emperador. La ambientación, por supuesto, se lleva gran parte del primer tercio del libro, hay que presentar a amigos, enemigos, y delimitar bandos. Entre todo esto, y una buena cantidad de vívidas batallas, (algunas completamente sin sentido dentro de la novela) escenas truculentas (ojo, NADA de sexo, sin embargo el descuartizamiento y desmembración de seres humanos vivos es descrito repetidamente con regodeo y todo lujo de detalles) e intrigas palaciegas de andar por casa se suceden las páginas hasta que finalmente los malos son derrotados y los buenos, algo mermados de efectivos, restablecen el orden y el buen rollito entre los naturales del planeta.

Insisto en que este tipo de novelas no hay que mirarlas con la lupa de la excelencia literaria, no es ese su objetivo, sino con la del simple entretenimiento. Las objeciones principales deben hacerse, además de la nauseabunda carga de violencia que destilan a cada página, por la ideología que se desprende de ellas, por un lado se propone la obediencia ciega e irreflexiva, disfrazada de disciplina y abnegación, como forma de vida, por otro, de manera más insidiosa y sutil, se incide en la conveniencia e infalibilidad de las organizaciones religiosas.

© Francisco José Súñer Iglesias, (519 palabras) Créditos