LA TIERRA CONTRA LOS PLATILLOS VOLANTES
LA TIERRA CONTRA LOS PLATILLOS VOLANTES EE.UU., 1956
Título original: Earth vs. The Flying Saucers
Dirección: Fred F. Sears
Guión: Bernard Gordon, George Worthing Yates y Curt Siodmak
Producción: Charles H. Schneer para Columbia Pictures
Música: Mischa Bakaleinikoff
Fotografía: Fred Jackman Jr., en B/N
Duración: 83 min.
IMDb:
Reparto: Hugh Marlowe (Doctor Russell A. Marvin); Joan Taylor (Carol Marvin); Donald Curtis (Mayor Huglin); Morris Ankrum (General John Hanley); John Zaremba (Profesor. Kanter); Thomas Browne Henry (Almirante Enright); Grandon Rhodes (General Edmunds)

Sinopsis

El doctor Russell Marvin está al mando de la Operación Skyhook, proyecto del gobierno estadounidense para situar en órbita varios satélites artificiales. Los lanzamientos fracasan, pues todos los Skyhooks caen a tierra. Los artefactos han sido derribados por una raza alienígena, cuyo objetivo es adueñarse de la Tierra. La humanidad emprende una desesperada lucha contra los extraterrestres, cuyos platillos volantes parecen indestructibles.

El cine de ciencia-ficción de los 50 es pródigo en títulos memorables, rodados con cuatro dólares pero con mucha imaginación. Esas películas, modestas en cuanto a nivel de producción, pero muy ricas desde el punto de vista creativo, son consideradas hoy día como grandes clásicos del género, y reverenciadas por las nuevas generaciones de cineastas de lo fantástico y la ciencia-ficción, que se han basado en ellas, de forma más o menos confesa, a la hora de realizar sus propios films.

Pero aparte de los títulos señeros que recordamos todos los aficionados, como LA MUJER Y EL MONSTRUO y EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE, del maestro Jack Arnold, EL ENIGMA DE OTRO MUNDO, de Christian Nyby, ULTIMATUM A LA TIERRA, de Robert Wise, LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS, de Donald Siegel o LA GUERRA DE LOS MUNDOS, de Byron Haskin, en aquella década prodigiosa también se produjeron gran cantidad de cintas fantásticas de simple consumo, peliculitas sin más pretensión que la de entretener a una masa de aficionados, principalmente jóvenes, que recibían con alborozo cualquier film en el que aparecieran monstruos creados por accidentes radioactivos, extraterrestres del más variado pelaje y platillos voladores.

Entre los años 50 y 60 del siglo pasado, se produjeron en los Estados Unidos innumerables avistamientos OVNI, y en cierto sentido casi se podría hablar de psicosis colectiva, porque el tema consumía muchas horas de radio y televisión y aparecía con frecuencia en las páginas de los periódicos, tanto en los panfletos sensacionalistas como en la prensa seria. El asunto mereció la atención gubernamental, pues la USAF (United States Air Forces/Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos) puso en marcha el denominado Proyecto Libro Azul para investigar los avistamientos de objetos volantes no identificados, y las fuerzas aéreas de otras naciones, entre ellas España, hicieron lo propio. La profusión de encuentros con OVNIS fue tal, que a mediados de los 60 se estrenó en la tv americana Los invasores, serie que actualizaba muchas de las propuestas del cine de ciencia-ficción de la década anterior, y que se convertiría en una de las producciones más míticas del género.

LA TIERRA CONTRA LOS PLATILLOS VOLANTES es una modesta producción cinematográfica sin grandes pretensiones y con un presupuesto muy reducido, que sin embargo resulta simpática y entrañable, a pesar de su esquematismo argumental. Título muy menor, incluso entre las películas de Serie B, es apreciado hoy día, más que nada, por tratarse de uno de los films en los que colaboró el gran Ray Harryhausen, maestro indiscutible de los efectos especiales y los trucajes cinematográficos anteriores a la era de las infografías. Artesano de los efectos especiales, Harryhausen, que había comenzado su carrera como ayudante de Willis O´Brien en la legendaria KING KONG (Ídem, Merian C. Cooper / Ernest B. Schoedsack, 1933), demostró que la falta de financiación adecuada era para él más un acicate que un freno. Resulta evidente que, vistos hoy día, los efectos técnicos de esta cinta parecen muy toscos, pero en su momento fueron muy efectivos. Los platillos volantes son los grandes protagonistas de la película, y las escenas en las que aparecen están admirablemente resueltas, lo que dice mucho y bueno de la profesionalidad de un hombre que no lo tenía tan fácil como sus colegas actuales.

En la historia que se cuenta hay ideas ciertamente sugestivas. Los alienígenas son descritos como los últimos supervivientes de una raza antiquísima, que intenta sobrevivir a toda costa, tema considerado hoy un lugar común en la ciencia-ficción literaria, fílmica y televisiva. Otro detalle interesante son sus curiosas armaduras, en realidad exoequeletos, diseñados para aumentar exponencialmente los sentidos de sus propietarios y facilitarles el movimiento. Obviamente, el trío de guionistas intentó darle al argumento una cierta consistencia, algo muy de agradecer, tratándose de una película de mero consumo. De los tres escritores responsables del guión, el más conocido es Curt Siodmak, hermano del director Robert Siodmak, que destacaría especialmente en el cine negro.

Lo peor del film es la plana realización de Sears, pero como éste fue un director sin relevancia, del que lo mejor que puede decirse es que era un artesano medianamente competente, su trabajo en LA TIERRA CONTRA LOS PLATILLOS VOLANTES puede considerarse aceptable.

En lo que a los intérpretes se refiere, el protagonismo recae sobre un correcto aunque algo envarado Hugh Marlowe, actor secundario en el cine de Serie A, que asumió algunos papeles principales en el de serie B. Destaca en el reparto la figura de Morris Ankrum (1894-1964), secundario que empezó a trabajar en Hollywood en 1933, utilizando al principio el nombre de Stephen Morris. Ankrum, si bien nunca alcanzó mucha popularidad, fue uno de esos rostros sin nombre conocidos por todos y habituales en el Western, siendo muy recordado por los cinéfilos gracias a su participación en un puñado de excelentes films de serie negra.

LA TIERRA CONTRA LOS PLATILLOS VOLANTES es, en definitiva, una intrascendente pero moderadamente entretenida cinta de ciencia-ficción. Disfrutadla.

© Antonio Quintana Carrandi, (891 palabras) Créditos

Parece que, finalmente, la tecnología viene en ayuda de los aficionados al cine de serie B de ciencia-ficción Tras largos años de no encontrar prácticamente nada en las estanterías de los video-clubs, por fin alguna mente pensante ha decidido editar en DVD las antiguas películas que a muchos de nosotros nos apasionaron, en su época, y que hoy todavía nos gusta contemplar, a pesar del tiempo transcurrido.

La película que nos ocupa, modesta donde las haya y realizada en el año 1956, es la muestra por excelencia de invasiones extraterrestres que nos ofrece la ciencia-ficción cinematográfica. Aún más que su predecesora, y mucho más famosa, LA GUERRA DE LOS MUNDOS, basada libremente en la novela de H. G. Wells. Entiéndase que estoy hablando de invasiones violentas, no del estilo de otro gran clásico del género como LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS, sino donde se desarrollan fuertes combates entre las fuerzas de la Tierra y los alienígenas.

LA TIERRA CONTRA LOS PLATILLOS VOLANTES comparte algunos aspectos con LA GUERRA DE LOS MUNDOS, a saber: los invasores provienen de mundos agonizantes, y disponen de una avanzada tecnología, pero a diferencia de LA GUERRA DE LOS MUNDOS, los alienígenas de LA TIERRA CONTRA LOS PLATILLOS VOLANTES no intentan, inicialmente, cargarse todo lo que se mueve, sino establecer contacto con los terrestres, aunque sus intenciones no dejan de ser aviesas: no quieren la destrucción total de la especie humana, sino un pedazo de nuestro planeta para vivir; naturalmente, convirtiéndose en los líderes de la Tierra, cosa que los héroes estadounidenses de rigor no están dispuestos a permitir, para variar, de forma que la cosa termina en un enfrentamiento a muerte, aunque queda muy claro quién es el que primero empieza a disparar.

Sin embargo, y a diferencia de como sucede en LA GUERRA DE LOS MUNDOS, los alienígenas no son todopoderosos e invulnerables. A pesar de su indudable superioridad tecnológica, es posible vencerlos cara a cara, sin tener que recurrir al recurso final de LA GUERRA DE LOS MUNDOS que, no lo olvidemos, proviene de una novela escrita casi 60 años antes, en 1898.

De esta forma, el final místico-religioso que caracterizaba LA GUERRA DE LOS MUNDOS, sobre todo en su versión cinematográfica donde la ciencia es incapaz de salvar a la humanidad, queda suprimido, y no hay que apelar a milagros divinos ni a bacterias ni cosa por el estilo, sino al desarrollo, en tiempo récord eso sí, de nuevas armas y tecnologías. La ciencia y los científicos terrestres resultan ser la salvación de la especie humana, en lugar de su condenación, como también es habitual en la ciencia-ficción.

Consideremos que los años 50 son una época en la que se producen continuos y sorprendentes descubrimientos, y se suponía que la naciente tecnología proporcionaría una solución feliz a todos los problemas del mundo, así como un mejor nivel de vida. La conquista del espacio comienza también su desbocada carrera y, por tanto, no es descabellado pensar en una amenaza procedente de los cielos, además de en los riesgos, mucho más reales y evidentes, originados por la guerra fría en ciernes.

En otro orden de cosas, en LA TIERRA CONTRA LOS PLATILLOS VOLANTES, cuyo título es una traducción literal del original en inglés EARTH VS. THE FLYING SAUCERS, se puede apreciar lo que se ha convertido en el platillo volante por excelencia. Basado probablemente en la nave de ULTIMÁTUM A LA TIERRA, aquí adopta todas sus características finales, incluyendo su ruidillo típico, que todo el mundo reconocería sin dudar. En una película relativamente reciente, MARS ATTACK, se aprecia su influencia por doquier. Buena parte de las escenas con platillos de Burton, así como las propias naves marcianas, son un tributo a LA TIERRA CONTRA LOS PLATILLOS VOLANTES, más que a cualquier otra película.

El director de esta pequeña joya es Fred F. Sears, que realiza una buena labor con los escasos medios de que dispone, consiguiendo un buen ritmo narrativo a lo largo de la película. Los efectos especiales corren a cargo de Ray Harryhausen, el mago que marcó toda una época en este tipo de creación artística. Aquí puede apreciarse un excelente trabajo de animación, que soporta bastante bien el paso del tiempo. Son múltiples las escenas donde intervienen platillos volantes, y la batalla final entre las naves alienígenas y las fuerzas de la Tierra sobre Washington, ciudad que resulta severamente dañada, es de una gran espectacularidad. Sears, como ya es habitual y con la ayuda de Harryhausen, aprovecha aquí para destruir algunos de los iconos arquitectónicos de la famosa metrópoli. Curt Siodmak, autor de la inquietante novela EL CEREBRO DE DONOVAN, realiza el guión para la pantalla, que a su vez está basado en el relato FLYING SAUCERS FROM OUTER SPACE, de Donald E. Keyhoe.

En cuanto al hecho de haber realizado la película en blanco y negro, en lugar de color cuando dicha tecnología ya estaba disponible desde hacía años, posiblemente se debiera a motivos económicos o de hábito, más que a algún tipo de efectos estilísticos. Esto una constante en toda la ciencia-ficción de la época, y sólo las consideradas como grandes superproducciones se rodaban en color. No obstante, el uso del blanco y negro, proporciona un gran dramatismo en algunas escenas.

Tecnológicamente hablando, la película es sorprendente: desintegradores, traductores universales, escudos electromagnéticos, lectores cerebrales, electricidad sólida, armas ultrasónicas y los ubicuos campos magnéticos, son algunas de las propuestas que aparecen en ella. Además, como nota curiosa, los alienígenas se refieren a sus naves como vehículos interestelares, lo que parece indicar que al menos no proceden del pobre Marte, cuna de la mayoría de los bichos con malas pulgas que pululan por la ciencia-ficción, sino de lugares mucho más lejanos. Con toda esa parafernalia tecnológica, la lucha entre los terrestres y los invasores, deviene en espectacular.

Y como una imagen vale más que mil palabras, sugiero a todo el que quiera, y pueda, que adquiera el DVD y se disponga a pasar un buen rato viendo los cielos de la capital de los Estados Unidos cubiertos de platillos volantes...

© Carlos Alberto Gómez Villafuerte, (1.018 palabras) Créditos