EL AVATAR
El AVATAR Poul Anderson
Título original: The Avatar
Año de publicación: 1978
Editorial: Bruguera
Colección: Colección Naranja nº 79
Traducción: Beatriz Podestá
Edición: 1982
ISBN:
Precio: Agotado

No es extraño que esta novela no haya sido vuelta a reeditar en los más de veinte años transcurridos desde esta edición de Bruguera. Si bien Anderson siempre se había caracterizado por ser un narrador más que competente, el desastre absoluto que es EL AVATAR hace de ella la peor de sus novelas, excesivamente larga, excesivamente farragosa y rápidamente olvidable.

¿Y cual es el pecado que comete Anderson para que le juzgue tan duramente? Pues el nunca poco purgado de destrozar un argumento prometedor con añadidos que van de lo cursi a lo falsamente espiritual, pasando por todas las gradaciones del rosa chicle habidas y por haber. La novela presenta una humanidad en pleno salto a las estrellas tras resurgir de una época de caos e incertidumbre en la que las estructuras sociales se han derrumbado estrepitosamente. Sin embargo, de los escombros ha salido una nueva humanidad renovada y con el brío suficiente como para acometer su expansión por la galaxia, expansión que se ve oportunamente facilitada gracias al descubrimiento de la máquina T, un artefacto que una misteriosa raza alienígena bautizada como los Otros ha dejado en el Sistema Solar y que permite el salto entre sistemas. Pero la máquina T no es una simple lanzadera o portal, es un nodo más de una vasta red que cubre el tiempo y el espacio, los Otros han dejado marcada una ruta que permite a la humanidad colonizar el planeta Démeter, pero la única pista sobre del destino del resto de las posibles ha sido que pueden ser el camino a un punto en el que no haya máquina T, y por lo tanto, posibilidad de volver.

Tras muchos años de investigación, pruebas, errores y sondas robot perdidas, una nave alienígena cruza entre dos puntos de la máquinta T y, una nave tripulada, la Emissary, es enviada tras ella con la intención de averiguar quienes son sus constructores. La misión de la Emissary es un éxito, pero a su vuelta es secuestrada y ocultada. Un poderoso grupo de presión, argumentando que la humanidad debe desarrollarse por si misma, pero en realidad temiendo por su posición de privilegio, pretende aislarla de cualquier influencia externa y el contacto realizado por la tripulación de la Emissary es desastroso para sus intereses. Sin embargo, Dan Brodersen no piensa igual, y sí bien no tan cerca de los resortes del poder, si es lo bastante rico e influyente como para embarcarse en la Chinook, gemela de la Emissary, para descubrir los manejos de los malos.

Estos son los mimbres con los que empezó Anderson a tejer el cesto, unos mimbres y un cesto prometedores, que finalmente acabó mezclando con alambre y cuerda de cáñamo, consiguiendo un resultado final rígido, áspero y tan poco agradecido para la lectura que, de no ser por esa magnífica aventura espacial que hace de armazón a la narración, se siente la tentación de dejarla cada pocas páginas. Haciendo un cálculo aproximado al EL AVATAR le sobran más o menos la mitad de sus quinientas páginas, exactamente la mitad en la que el autor se empeña en querer hacer cómplice al lector de las grumosas y para nada creíbles vivencias personales de los tripulantes de la nave de Brodersen. Especialmente odiosa acaba por hacerse Caitlin, una especie de cantaautora, reina del buen rollito, que se dedica a llevar la paz y el sosiego a los torturados tripulantes, y de paso a interrumpir continuamente el bastante más interesantes viaje de la Chinook entre sucesivas máquinas T a lo largo del tiempo y el espacio.

Si todo hubiera quedado en eso la lectura selectiva, esto es, el pasar rápidamente los pasajes intranscendentes (en algunos casos hasta veinte páginas seguidas) hubiera bastado si el final fuera digno del arranque, pero no, tanta divagación hace que Anderson acabe finalmente por perder fuelle y rematar, y nunca mejor dicho, la novela con un final irritante por lo flojo, rutinario, y mal construido.

© Francisco José Súñer Iglesias, (756 palabras) Créditos