EXPERIENCIAS EXTREMAS S. A.
EXPERIENCIAS EXTREMAS S. A. Christopher Priest
Título original: The Extremes
Año de publicación: 1998
Editorial: Minotauro
Colección: ---
Traducción: Claudia Casanova
Edición: Junio de 2003
Páginas: 318
ISBN:
Precio: 17 EUR

No queda muy claro que es lo que ha pretendido transmitir Priest con este libro. Hay varias cuestiones que se desarrollan, sin que ninguna de ellas llegue a concretarse como motivación absoluta del mismo, quedándose más bien en decorados o escenarios útiles pero poco firmes. Quizá Priest ha querido dibujar el horror ante las masacres que perturbados armados hasta los dientes perpetran de cuando en cuando en pueblos y ciudades, o la decadencia imparable de antiguos centros de vacaciones, vencidos por el abaratamiento de los vuelos charter a lugares de mejor clima, o la asombrosa capacidad de la mente humana para crear tecnologías cada vez más inquietantes, o la relativización de la propia realidad ante un cúmulo de estímulos difícilmente asimilables, o las dificultades de una turista de mediana edad enfrentada a todas estas cuestiones en su búsqueda de ¿qué?

Porque, en esencia eso es el libro de Priest, la historia de una búsqueda. Teresa Simmons, agente del FBI de origen británico, y viuda de agente del FBI, vuelve a su Inglaterra natal tras el asesinato de su esposo en North Cross, Texas. Y no vuelve a la base militar donde creció, su destino no parece el más adecuado, se trata del pueblo de Bulverton, donde en el mismo momento y en similares circunstancias, se había producido una masacre de idéntica factura a la que su marido había intentando detener, con bastante mala fortuna.

Teresa Simmons se aloja en un pequeño hotel regentado por dos víctimas laterales de la tragedia, Nick y Amy, él había perdido a sus padres, ella a su marido, y ambos retratan el trauma que vive Bulverton día a día, ahogado por la tragedia y la decadencia. Teresa Simmons comienza su búsqueda aplicando los métodos habituales del investigador; pregunta, visita, estudia documentos, pero llegado a un punto descubre fascinada como Experiencias Extremas, el sistema de realidad virtual que se está asentando como último grito en cuestión de recreativos, y que ella conoce muy bien ya que su entrenamiento se había basado en gran parte en simulaciones ExEx, incluye cada día más referencias y escenarios relacionados con la masacre de Bulverton y con la de North Cross.

La búsqueda de Teresa Simmons se desarrolla en múltiples direcciones pero no queda claro en cual de ellas quiere Priest que encuentre lo que busca, la propia novela, como un escenario ExEx, se desarrolla entre cortes, los personajes aparecen y desaparecen y las líneas argumentales se quedan en el aire, como si de alguna forma se trataran de programas ExEx sin acabar. La mezcla resulta extraña, convincente a veces y desconcertante en otras. Así, se podría hablar de los pasajes pornográficos de la novela como una proyección de las frustaciones sexuales de Teresa Simmons, pero las repetidas afirmaciones sobre lo satisfactorio de su matrimonio los deja reducidos a una simple ilustración excitante.

Lo que quizá resulte más interesante de toda la novela es la propuesta que hace Priest sobre el ExEx, una curiosa mezcla de programas, química y nanotecnología que se inyecta directamente en el torrente sanguíneo y proporciona la total ilusión de encontrarse en el o los escenarios elegidos. Nada de enorme parafernalia, ni grandes laboratorios blindados, ni cables, sólo un ataque directo a la química del cerebro... y que él se apañe como pueda.

EXPERIENCIAS EXTREMAS S. A., es, en definitiva, una extraña novela con gran cantidad de ingredientes que flotan unos sobre otros sin llegar a mezclarse ni ser un producto concreto y terminado. La nota final de John Clute, justificando tanta dispersión, confirma que EXPERIENCIAS EXTREMAS S. A. no es un libro para quien tenga especial interés en las historias con planteamiento, nudo y desenlace, eso no existe, sólo un libro con bastantes buenos pasajes, pero sin principio ni fin, sólo una búsqueda.

© Francisco José Súñer Iglesias, (627 palabras) Créditos