EL GARAJE HERMÉTICO
Portada c_ox1 Moebius
Título original: Le garage hérmétique
Año de publicación: 1977
Editorial: Eurocomic
Colección: Colección Negra nºs 15 y 16
Traducción: ---
Edición: 1984
ISBN:
Precio: ---

He terminado de releerme (por enésima vez) EL GARAJE HERMÉTICO DE JERRY CORNELIUS, una de las obras más desquiciadas pero a la vez más geniales de la historia del cómic. Historieta desaforada, sin límites, sin pies ni cabeza en la mayor parte de su desarrollo, no deja de ser a la vez un manual de buenas maneras narrativas, en el que las viñetas perfectas (o casi) se funden con diálogos chispeantes y llenos de ingenio.

EL GARAJE HERMÉTICO nació en una época en la que Moebius, (Jean Giraud) estaba inmerso en una cura de desintoxicación del que hasta entonces había sido su personaje de cabecera; el Teniente Blueberry, que durante doce años había dibujado para la revista Pilote. En aquellos años, mediados de los 70, un grupo de dibujantes, salidos en su mayoría de ésta revista, se habían liberado de las ataduras (muy rentables, todo hay que decirlo) creativas de las entregas semanales para lanzarse, bajo el paraguas de editores afines como Jean Pierre Dionnet, o de forma autogestionada, a aventuras como Fluide Glacial, A Suivre, o la mítica Metal Hurlant.

Fue precisamente en esta última donde, en su número 6, aparecieron las dos primeras páginas de EL GARAJE HERMÉTICO. Sólo dos páginas donde Moebius contaba en cuatro viñetas como, en un descuido imperdonable, el ingeniero Barnier hacia entrar en resonancia el proyector de partículas con el calibra niveles y destruía una preciosa nave cablera, con el riesgo de provocar las iras de, nada menos, Jerry Cornelius. Y ya está. Moebius no tenía intención de ir mucho más allá, y tanto la simplicidad de la composición como el descuido del dibujo dan buena fe de ello. Sin embargo aquel primer ¿episodio? apareció en Metal Hurlant y el resto ya es historia.

EL GARAJE HERMÉTICO carece por completo de guión, tanto es así que, según confesión del propio Moebius, en alguna ocasión, agotado el plazo de entrega, dibujaba un par de planchas apresuradamente y sin recordar en absoluto que había contado la entrega anterior. Sin embargo, esa carencia de un plan definido y la continua aportación de detalles y subtramas muevas casi a cada momento le proporcionan una riqueza que una mayor planificación le hubieran negado. Tómese ya simplemente el título EL GARAJE HERMÉTICO DE JERRY CORNELIUS Bien, en un principio Moebius pretendía homenajear al Jerry Cornelius de Michel Moorckok, y si bien lo hace, no es Cornelius el protagonista de EL GARAJE (garaje que sólo aparece en las seis primeras páginas, y para colmo, ni siquiera es hermético) aunque tiene una participación destacada en las primeras viñetas, es un viejo conocido de Moebius, el Mayor Grubert, quien se hace con el protagonismo, desplazando a Cornelius al papel de simple comparsa y acaparando, si no los mejores momentos, si el progreso de la historia y el desenlace final.

Por supuesto, resulta difícil hablar de la parte gráfica de EL GARAJE, pero la recuerdo como una de las experiencias más impactantes en mis años de aficionado al cómic. Tenía referentes tan contundentes como Richard Corben, expresivos como Carlos Gimenez, o clásicos como Alex Raymod, pero ninguno de ellos me había preparado para la magia de Moebius, ni siquiera teniendo a Blueberry fresco aún gracias a las publicaciones de Bruguera. Moebius supuso otra dimensión en la forma de interpretar las viñetas, ya no sólo se trataba de escenas fijas desarrollando una historia, las propias viñetas cobraban vida y se generaba una continuidad de una a otra, tal y como señala Alejandro Jodorowski, más allá del estatismo habitual.

Tampoco oculta Moebius sus influencia y preferencias, los homenajes a lo largo de EL GARAJE se hacen así continuos, el que dedica a Michael Moorckok es obvio, pero las viñetas van desgranando referencias continuas a otros muchos autores, como el robot gigante, Star Mchara, una perfecta réplica de El Fantasma, de Lee Falk, o los resúmenes de muchos capítulos, que parecen dibujados directamente para algún episodio de Spirit. Pero rizando el rizo del autohomenaje, el desterrado Blueberry se cuela en EL GARAJE disfrazado tras una camisa de colores chillones. Los resúmenes de los capítulos resultan ser otro homenaje desaforado a los viejos seriales radiofónicos y cinematográficos, aquellos segundos de rápido repaso se ven aquí convertidos en larga parrafadas o, burlones ¡Nada de resumen! Castigados

Precisamente, al carecer de guión es difícil hacer un resumen de EL GARAJE HERMÉTICO, pero baste decir que el Mayor Grubert, en colaboración con algunos entes de turbia filiación, ha creado un mundo de tres niveles que Cornelius, antiguo conocido y no se sabe muy bien si amigo o enemigo, ha invadido de una forma bastante peculiar. Todo parece girar alrededor de los esfuerzos del mayor por desbaratar los planes de Cornelius, o algo así, porque realmente EL GARAJE no se articula alrededor de grandes momentos dramáticos (aunque los tiene) sino de pequeños momentos, viñetas únicas y fraseos a la vez delicados y ocurrentes. Así, mientras Grubert parte para infiltrare en los niveles inferiores de su mundo artificial, Moebius pone en su boca una de las declaraciones de principios más apacibles jamás escritas Por fin, en el transcurso de este largo viaje, he logrado el perfecto equilibrio, de modo que, cualquier resultado, cualquier reacción, cualquier acontecimiento, cualquier circunstancia, la buena y la mala fortuna, el respeto y el insulto, el renombre y el vituperio, la victoria y la derrota, los acontecimientos gratos y los penosos, no sólo no logran abatirme, sino que además me resbalan y me dejan libre en mis emociones, mis reacciones nerviosas y mis concepciones mentales, más tarde, ya en el populoso segundo nivel entra en contacto son uno de sus espías a través del acompañante del mismo que le saluda; Me quito el sombrero para saludarle y decirle: mire al otro lado de la mesa, está mi amigo que quiere hablar con usted o confesiones, como la del Arquero Enmascarado, remedo amargo de los superhéroes, que descubre uno de los secretos mejor guardados de los mismos ¿Y por qué lleva usted esa máscara? le pregunta Barnier Para que me puedan reconocer, sin ella, sólo soy yo mismo entre muros infranqueables, e incluso la declaración de sincera admiración de Jerry Cornelius al acceder al primer nivel ¡Fantástico, Grubert! ¡Este nivel es muy majo, una auténtica obra de arte! Hasta el último bocadillo de EL GARAJE hermético provoca desazón cuando Sper Gossi (un malo más circunstancial que vocacional) ordena abrir la puerta por la que acaba de salir Grubert y uno de los guardias le responde ¡Sin la llave imposible! ¡Eso provocaría una alteración definitiva de la realidad!

Hago mías la palabras de Jaques Guimard: El garaje es un poema

© Francisco José Súñer Iglesias, (1.100 palabras) Créditos