BAILE DE CIFRAS
por Manuel Nicolás Cuadrado

Si tenemos en cuenta el efecto mágico de las estadísticas (en este caso el indicador lo pone el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros), el resultado es cuanto menos escalofriante. De los cuarenta y pico millones de españolitos que somos, la mitad dice no leer nada o casi nada. Estamos hablando de la cuantía de 20 millones de personas que prefieren, tal vez, la lectura menos cultural pero más práctica de las etiquetas de la botella de güisqui o la de las cajas de galletas integrales.

¿Cómo es posible entonces que la tirada editorial haya aumentado? Pues estimados colegas, solo veo dos posibilidades: o la mitad lectora de esos 40 millones nos compramos ingentes cantidades de libros, entre ellos los esforzados lectores de ciencia-ficción (cosa extraña, porque el mismo barómetro dice que el número de lectores ha bajado y que solo el 29% dice haberse comprado más de cuatro ejemplares en el año), o las editoriales y puntos de venta se comen con patatas fritas el resto de los ejemplares no vendidos y además no dicen nada para despistar (hablamos de las temidas devoluciones, ese infierno particular de la editorial que se escabulle como puede ante el inexplicable fracaso del libro PALEOGRAFÍA CRISTIANA VOL. IV).

Por otro lado, un porcentaje muy elevado de estos lectores se ve obligado a hacerlo. Me refiero a los estudiantes. Pero lo gracioso del tema es que incluso prescindiendo de los libros de texto, el arco que va de los 14 a los 28 años de edad es el que más lee (por cierto, aquí se incluye a la ciencia-ficción como uno de los géneros que más se compra) lo cual aumenta cien puntos mi perplejidad. Para salir de la misma, me hago dos reflexiones que posiblemente no servirán para nada, pero que al menos espero les ayude a pasar el rato.

Por un lado, nuestro sistema educativo, sea este bueno, malo o nefasto sigue basándose en una buena parte en el papel, sea este libro comprado por los padres o fotocopia de los apuntes del empollón de la clase (o las más de las veces las dos cosas). Esto hace que nuestro sistema de aprendizaje de la realidad se haga leyendo, escribiendo y hablando. Esta obviedad no lo es tanto si tenemos en cuenta que aunque en el peor de los casos abandonemos el hábito de la lectura al convertirnos en adultos y ponernos a trabajar, casi toda nuestra formación ha sido leída, escrita y hablada y eso crea una forma de pensar, razonar y comunicarnos. Si estamos ante un futuro en el cual los medios audiovisuales y los informáticos desplazan al papel, ¿nos encontraremos ante una sociedad que no sepa ni escribir una carta a la novia de su puño y letra y que no se le entienda una palabra cuando intente declararle su amor con solemne promesa de inscripción en el registro de parejas de hecho? Aunque actualmente esto se puede conseguir a través del teléfono móvil, con poesías famosas de personajes insignes y hasta con imágenes y sonidos superpuestos de fuegos artificiales, según mi criterio, no es lo mismo, le falta la humanidad. ¿Y que opinan las editoriales de esto? ¿Son conscientes del problema que se avecina? ¿Serán las abanderadas de la defensa del papel? ¿Se apuntarán al carro del libro electrónico? ¿Diversificarán hacia otras actividades más rentables? (en este último caso, aunque parezca que estoy diciendo memeces, me refiero a la incursión, más bien violenta, de una gran editorial española en el mundo de la televisión, poniendo en venta su empresa que se dedica a la venta del libro*).

Por otro, el arco de población más lector por actividad, según y siempre esta encuesta, nos sigue diciendo que son los estudiantes. Los universitarios se compran una media de 17 libros al año. Si aceptamos la numerología estadística, tendremos que aceptar que el mayor target de mercado lo encontramos en este tipo de perfil y por lo tanto las editoriales tienen sus miras puestas en él. Por ende el número de tirada de ejemplares de literatura fantástica y de ciencia-ficción ha sufrido un aumento espectacular de novedades y reediciones. La calidad de esta literatura es tan variable y diversa como el número de ejemplares editados. ¿Significa esto que la ciencia-ficción va a estar marcada por una tendencia prioritaria a mimar los gustos de la juventud? ¿Nos encontramos ante editoriales que se lanzan a la publicación de multitud de obras de ciencia-ficción y fantasía solo porque creen que este público las reclama? ¿Y que va a pasar cuando los gustos de ese perfil cambien? ¿Y que pasa con los que dejan de ser estudiantes pero no abandonan la ciencia-ficción? Aunque entiendo que afortunadamente la situación no es tan maniquea ni tan simple como la planteo, al menos hay que pensar que cuanto menos es inquietante. Lo cierto es que haciendo mis propios números me enmarco dentro de una edad que ronda los 40, trabajador por cuenta ajena y que se compra la friolera de unos 70 libros al año (no todos de ciencia-ficción, pero seguro que casi la mitad). ¿Es que no hay nadie como yo dentro de las estadísticas? Me temo que esa misma estadística me indica como minoría insignificante. Que le vamos a hacer.

También nos encontramos con la problemática de que hacemos con esos 20 millones de españoles que no tienen ni la decencia de leerse la biografía de Beckham. El primer error es despreciarles por su falta de cultura. El primer acierto es asumir la propia responsabilidad e incitar, desde nuestro limitado entorno, hacia la lectura. Este proselitismo no tiene porqué ser pesado ni cansino. Tan solo con picar en la curiosidad, creo que bastaría. En principio y vistas las cifras, lo importante es que se lea. Sea lo que sea. El eterno problema lo seguimos teniendo en la comunidad lectora, que se identifica con determinadas literaturas y tiende al desprecio o a la ignorancia de las otras. Y ese desconocimiento se puede entender entre los no lectores, pero nunca entre los que se supone que leemos. Eso no significa que a uno no le cargue que el friky de turno le bombardee con referencias al código cátaro oculto en EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, o que el que solo lee las aventuras y desventuras de la princesa de Luxemburgo le interrogue insistentemente acerca de las abducciones extraterrestres, que por saber que a uno le gusta la ciencia-ficción, pretende que se sea un hagiógrafo de J.J. Benítez. Esto solo se combate con argumentos de peso y con molestarse en dar contestaciones calmadas y con fundamento. ¿O es que se creen que no estoy harto de contarle a mi hijo el cuento de LA SIRENITA, utilizando el libro de la película de la versión edulcorada de Walt Disney, cuando lo que quiero es contarle la versión de los hermanos Grimm? Ya, ¿y que clase de trauma infantil le crearía al decirle que a su amada sirena el novio le deja y se convierte en estatua de sal? Pues eso, no siempre se gana, pero al menos hay que intentarlo, con paciencia y sobre todo con buen humor.

Y ya en último término me gustaría seguir dándoles la matraca con la tricotomía editorial-distribuidora-librería. El que a los libreros les moleste que la gente se compre los libros en la gran superficie de turno (al lado de la sección corsetería), puedo llegar a entenderlo, pero en mi humilde opinión, se tendría que hacer una reflexión más seria al respecto. Lo que no acabo de entender son las interminables trifulcas que se establecen entre las librerías y las editoriales. Recientemente y por ejemplo, una pequeña librería de Madrid especializada en libros de ciencia-ficción y fantasía ha dejado de vender los títulos de una importante firma editorial, aduciendo determinadas prácticas ilegales en relación a derechos de autor**. Sin meterme en este embolado y con independencia de que a esta editorial le importe o no vender en esta librería, ¿porqué ocurren estas cosas? ¿No debería de existir una relación cordial y de mutuo acuerdo para protegerse entre sí? ¿Es cierto que las editoriales aprietan demasiado las tuercas a los puntos de venta? ¿Prefieren las editoriales las grandes superficies? ¿Porqué son tan desconfiados los libreros? ¿Porqué se produce esa relación de amor odio entre los propios libreros y la protección del precio del libro?

En definitiva, creo que para ofrecer la lectura como beneficio al ciudadano hay que hacer muchas cosas y que la mayoría de las preguntas y los esfuerzos a realizar o no tienen cabida en esta sociedad mercantilizada o no se ven como beneficio real y práctico para esa persona que no lee porque no tiene tiempo, porque es demasiado caro, porque no le ofrecen lo que le gusta o porque simplemente, no le gusta leer.

* Me refiero a la compra por parte del Grupo Planeta de Antena 3 Televisión y a la búsqueda de comprador para La Casa del Libro (no sé si esto se puede publicar sin que me demanden por difamación)

** Me refiero a la Librería Miraguano en relación a dejar de vender los títulos de PulpEdiciones-Río Henares (aunque esto es un hecho, reconozco que desconozco a qué se refieren con las prácticas ilegales sobre los derechos de autor)

© Manuel Nicolás Cuadrado, (1.556 palabras) Créditos