FRANKENSTEIN, OTROS RELATOS INEDITOS
FRANKENSTEIN, OTROS RELATOS INEDITOS Varios
Título original: ---
Año de publicación: 2000
Editorial: Celeste
Colección: Infernaliana nº 4
Traducción: María José Antón
Edición: 2000
Páginas: 135
ISBN:
Precio: 7,82 EUR
Comentarios de: Ivan Olmedo

No quisiera parecer pesado con el tema, pero mi admiración por esa obra fundamental de nuestro género fantástico (así, en general), titulada FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO, me hace llegar una y otra vez a ella en cuanto se me presenta la mínima oportunidad. Llamadlo una fijación, o un deleite privado... o la intención de seguir recordando a través del tiempo la importancia de este título. Si bien por su condición gótica y la gracia (o desgracia, a veces) que le ha concedido el deslumbrante arte cinematográfico, tanto novela como protagonistas principales acuden a nuestras mentes como estampas señeras del Terror, incido otra vez en los rasgos que pueden hacernos aproximarnos a ellos desde el concreto punto de vista cienciaficciónero. Incido, pero con trampa, porque supongo que las desventuras frankensteinianas son suficientemente conocidas por todos los presentes, y las excusas para arrimar su argumento al ascua del género de especulación científica, de sobra recordadas. Así que prefiero no extenderme en ello, dando por sentado el conocimiento general.

La excusa se presenta esta vez con el machacón título: FRANKENSTEIN, OTROS RELATOS INÉDITOS SOBRE EL MITO DE MARY SHELLEY. Por si no quedaba claro. La idea de los editores consiste en recuperar una serie de historias que, a pesar de su antigüedad, habían permanecido sin traducir al idioma de Cervantes hasta el momento. Baste decir que la más cercana a nosotros en el tiempo data de 1901, ni más ni menos, con lo que la condición clásica y decimonónica de la antología queda patente. Tras la lectura, uno piensa que quizás hubiera razones sobradas para que alguno de estos títulos siguiera en el limbo de lo no traducido, pero bueno... considerando individualmente:

FRANKENSTEIN, O EL HOMBRE Y EL MONSTRUO, de H. M. Milner (1826) Puede decirse que estamos ante un texto de valor casi exclusivamente histórico, ya que se trata de una exitosa adaptación teatral de la obra, estrenada en vida de la propia Mary. Sin embargo, como texto resulta mediocre e insípido, demasiado anquilosado por los convencionalismos de la escena y con poca chicha, aunque habría que verlo representado para apreciar alguna virtud que pudiese mantener oculta, todo hay que decirlo. En cuanto a su fidelidad: nula; la acción se traslada a Sicilia, el argumento poco o nada tiene que ver con el original, y sólo parece mantener el nombre del doctor Frankenstein (aquí muy poco interesante como personaje) y la idea de la inocencia rota del monstruo. Curioso, sin más.

EL EXPERIMENTO DEL CIRUJANO, de William Chambers Morrow (1887), es un cuento bastante inane, protagonizado por el típico y huraño científico aficionado a la cirugía experimental, habitante de un caserón oscuro de ladrillos gordos y macizos. Puede que para la fecha en que fue publicado el tema argumental todavía resultase impactante y capaz de atraer al público, pero no hoy... se ha quedado irremediablemente anticuado, máxime cuando el ingenio del autor brilla por su ausencia y las cualidades literarias no se ven, sólo pudiendo calificarse de rutinario y mil veces leído.

EXPERIMENTOS CON UNA CABEZA, de Dick Donovan (1889) sube algo el listón al tratarse de una pequeña historia maliciosa y macabra en la que un par de cirujanos realizan sus experimentos con la cabeza de un recién guillotinado, con el fin de comprobar hasta qué punto sobrevive la consciencia en éste tras la decapitación. No tiene absolutamente nada que ver con el Mito del moderno Prometeo, pero es una pieza interesante para degustadores de historias para no dormir.

EL NUEVO FRANKENSTEIN, de E. E. Kellet (1899), es el relato más conseguido y redondo del conjunto. Tomando un punto de partida inusual, más desde la visión de un avispado inventor que desde la de un prepotente aprendiz de Dios, Kellet narra las peripecias de un hombre inquieto que pretende crear a una mujer artificial y poco menos que perfecta. Sin tintes sombríos o sangrientos, con un tratamiento de personajes bueno y eficaz, estamos ante el menos gótico y el más especulador (desde un punto de vista fantacientífico) de los textos incluidos en esta antología.

EL VIVISECTOR, de Sir Ronald Ross (¿¿??) Escrito ni más ni menos que por todo un premio Nobel de Medicina (año 1902) se trata de una historia de tono grotesco, y por algunos momentos rozando lo incomprensible, en la que se aprecian pinceladas que sólo soy capaz de definir como influencias de Ambrose Bierce, el genio amargo de Ohio. Sin llegar a las excelencias de éste, EL VIVISECTOR se queda en un plano muy secundario, un relato inofensivo sobre el que cae rápidamente una cortina de olvido.

EL HOMBRE QUE FABRICÓ UN HOMBRE, de Harle Oren Cummins (1901), nos deja, para terminar, una sensación de vacío. El relato es flojo, malo... apenas un apunte de cuatro páginas sobre una idea, más que un verdadero relato. El científico protagonista alude a sistemas nada claros ni suficientemente ilustrados como método de crear vida; no hay un mínimo de profundidad ni cuerpo argumental. Las ideas no se desarrollan... un cuentecillo sin interés alguno, en suma.

Resultado del análisis: poco genio auténtico y escasa calidad en la mayoría de estas derivaciones del tema que, como digo, estaban inéditas hasta el año de aparición de esta obra, el 2000. Lo más atractivo, de hecho, es la elegante y cuidada presentación de Celeste Ediciones, con entradillas informativas para cada relato y un texto previo, LA PESADILLA DE LA RAZÓN, escrito por Roberto Cueto, en el que se trata, una vez más, acerca de las influencias, génesis y posterior carrera de esta obra universal, de un modo lo bastante sesudo y lo mínimamente ameno como para ser un complemento que el lector agradecerá.

Un título, por todo ello, indicado para lectores poco avezados aún en el género gótico, al que poder hincarle el diente de modo un tanto ligero o, por el contrario, para los amantes del Mito que tengan vocación completista y no quieran dejar pasar ni una sola referencia, como es el caso del que esto escribe.

Decepcionante, sí, aunque se agradece, por lo menos, la intención...

© Iván Olmedo, (1.005 palabras) Créditos