TINIEBLAS Y AMANECER
TINIEBLAS Y AMANECER George Allan England
Título original: Darkness and Dawn
Año de publicación: 1912
Editorial: PulpEdiciones
Colección: Aelita nº 10
Traducción: Román Goicoechea Luna
Edición: 2003
Páginas: 415
ISBN:
Precio: 16,50 EUR

Racista, machista, etnocentrista, violenta, desaforada, rebasando sin sonrojo el límite de lo inverosímil, y también ñoña, cursi, empalagosa, timorata, descerebrada pero, fundamentalmente, pura aventura.

Por simple pereza no voy a buscar en el diccionario de sinónimos unos cuantos adjetivos más para delinear con más precisión las extraña mezcla de virtudes y defectos que es TINIEBLAS Y AMANECER, porque esta es una novela dura que puede herir sensibilidades de todo signo, social, literario, y hasta político. El total desprecio que se vierte página a página por todo aquello que no sea la pura raza blanca puede dejar encogido el corazón a más de uno, y a más de dos la posición subordinada, entre faldera, sumisa y servil de la mujer... siempre y cuando, y por exigencias del guión, la frágil y tierna mujercita no tenga que luchar a brazo partido con fieras indescriptibles o liarse a tiros con todo bicho viviente para, eso si, permitirse un lánguido vahído una vez exterminados los enemigos.

También resulta muy duro, o hilarante, si el talante del lector es festivo, comprobar como al cabo de los meses dos treinteañeros sanos, atractivos, en pelota picada y con todo el mundo mundial sólo para ellos, rehuyen el sexo hasta no estar, digámoslo así, casados. ¿Pero no estaban solos? ¿quién los casará pues? Fácil; un gramófono, pero no adelantemos acontecimientos, el grado de cursilería que se destila en las escenas en las que ambos se hacen fuertes en su castidad, y prácticamente en todos los diálogos que sostienen, es casi mareante.

También se hace dura la supina estupidez de su protagonista, un supuesto ingeniero, con más músculo que cerebro y la asombrosa capacidad para meterse en todos los líos posibles cuando un par de segundos de ligera reflexión le habría librado de, al menos, las nueve décimas partes de ellos. Pero claro, entonces no hubiéramos tenido libro... ni diversión, porque pese a todo la novela es divertida, entretenida y las más de las veces de lectura absorbente.

Todo empieza cuando Beatrice Kendrik se despierta en el antedespacho donde trabajaba como secretaria de Allan Stern, el ingeniero espabilao del que ya he hablado. Pudiera pensarse que se trataba de un inquieto despertar tras una siestecita intempestiva, pero no, Beatrice se encuentra a sí misma desnuda, con el pelo crecido más allá de la cintura, el despacho en un estado lamentable y con la sensación de haber dormido mucho más de la cuenta. En el despacho contiguo encuentra al mentado ingeniero, aún dormido pero también desnudo y con barba de... ¡¡mil años!!

Porque eso parece ser que ha ocurrido, los vapores venenosos, producto de una catástrofe de calibre planetario que habían matado al resto de la humanidad, a ellos simplemente les dejaron en un estado de animación suspendida, o algo así, hasta este repentino despertar. Pero todas estas explicaciones no son más que molestias, porque el señor England no ha venido aquí a hablarnos de detalles nimios, a él lo que le interesa verdaderamente es describir como el gran hombre blanco, más listo, fuerte y tenaz que ningún otro, va a repoblar sólo la Tierra devolviendo la prestancia y el dominio a la raza blanca, con alguna ayudita, todo hay que decirlo, de Beta y unos cuantos descendientes degenerados de antiguos yanquis que encontrará por ahí.

Nada le detendrá; ni hordas de antropoides, ni catástrofes naturales, ni simas ni montañas, nada podrá con él, sin embargo, y aunque no me consta que se publicara como serial si que tiene su misma estructura, en realidad todas estas calamidades siempre están a punto de doblegar o sencillamente despachar a nuestros protagonista, al final de cada capítulo su situación es ciertamente desesperada, pero en un hábil golpe de mano, o de suerte, que de todo hay, en los tres primeros párrafos del siguiente capítulo se resuelve con bien la situación... para enfrentarse a otra peor, por supuesto.

Se podría justificar todos los excesos de la novela diciendo que es una obra de su tiempo y todas otras muchas disculpas relativizantes, pero es más bien la obra de un fascista tremebundo, reprimido y bastante hortera, que se despachó bien a gusto durante su escritura, con todo, y teniendo bien claro estos antecedentes, no es menos cierto que esta novela puede deparar muchas horas de entretenimiento y emoción.

© Francisco José Súñer Iglesias, (713 palabras) Créditos