Crónicas, 8
Impresiones sobre la Vigésimo primera Hispacon
por Alfonso Merelo

Comencé a escribir estas líneas el domingo día 20, en mi hotel de Getafe y con un güisqui en la mano o más bien en el vaso, una vez finalizada la HispaCon de 2003. En las dos anteriores crónicas que escribí, Zaragoza y Barcelona, di mis impresiones sobre las conferencias y actos que se desarrollaron en los sendos congresos. Este año he pensado cambiar el registro porque no se puede resumir actos y eventos como los que se han dado a través de dos días y medio de apretado programa de actividades. Máxime cundo esta tarde, día 20, Julián Díez me recordó que el año pasado escribí que él había dado una conferencia, taller literario creo, y realmente el pobre Julián había sufrido un patatús y no pudo ni desplazarse a Barcelona, pues se encontraba en el lecho del dolor doloroso. En mi descargo, y a pesar del bochorno que aún me causa, diré que es imposible acudir a todos los actos ya que el don de la ubicuidad (ni siquiera el de la bilocación) no se corresponde con ninguna de mis múltiples habilidades, y en esa crónica me limite a recoger lo que para ese caso figuraba en el programa.

Como sería absurdo redundar en pasados errores y por respeto a los posibles lectores de esta breve reflexión, he decido obviar todo lo que dio de si el programa ya que resultaría, si no falso, imperfecto.

Acudir a una HispaCon es evidentemente un acto voluntario, que puede resulta tremendamente complicado aunque, no nos engañemos, muy ilusionante al menos en mi caso. Esto viene a cuento porque el viernes día 17 estuve conversando con la novia de un conocido webmaster, desde aquí un abrazo a ambos, que me planteó una pregunta al conocer que había llegado desde Huelva. La pregunta de mi agradable interlocutora fue: ¿Y vienes desde tan lejos sólo para la convención? Ante esta pregunta ¿Qué se puede contestar? Porque la pregunta tiene miga e incluso corteza. Soy de verbo y excusa fácil y hábilmente le contesté que había venido porque me habían pedido que pronunciara una conferencia y, claro, no me había podido negar, cosa que es cierta pero no es totalmente verdad. Esa fue una respuesta de compromiso, porque la pregunta real es: ¿Qué demonios haces aquí a 600 kilómetros de tu casa, y lloviendo? Y en una segunda lectura de la pregunta nos podemos decir; ¿tan interesante resulta una HispaCon como para viajar cientos de kilómetros, por 3 días sólo, y gastar una pasta en hoteles, viajes y comidas? ¿Ofrecen los congresos los suficientes atractivos para acudir año sí y año también a los mismos? La respuesta ha de ser sí, pero no tanto. Y llegado aquí deberé explicarme mejor. Los alicientes de un congreso, y no olvidemos que, al menos en teoría las HispaCones son congresos, consisten principalmente en el intercambio de información intelectual entre los congresistas, unos la reciben y otros la trasmiten en forma de conferencias, ponencias o mesas redondas. Pero en las HipaCones se da otro componente que resulta muy agradecido es el humano, ya se conocen personas interesantes, algunas, y puedes volver a reencontrar amigos que sólo nos vemos de año en año. Para los mitómanos diré que tiene la ocasión de ver a sus ídolos en directo, acercarse a ellos, charlar, conseguir autógrafos e incluso fotografiarse con los mismos. Todo esto, con ser bastante, ¿justificaría estos viajes? Es posible que para muchos resultara suficiente pero para mí, y algunos otros, ya no lo sería. Por curioso que parezca en una convención improvisada se han dado una serie de sucesos que me han movido a cambiar de opinión. Los organizadores de Xatafi, con Julián Díez a la cabeza, han realizado varias cosas muy importantes en esta HispaCon, pese a la ya comentada premura de tiempo, que paso a resumir a continuación.

  • 1.Confiar y apostar fuerte porque un congreso es algo más que una reunión de amigotes. Para demostrar esto hemos podido comprobar como los conferenciantes y ponentes veían reconocido su trabajo, y sé lo que digo, de una manera quizás simbólica, pero cuando menos interesante. Es la primera vez, que yo recuerde, que se reconoce que elaborar un trabajo no es una cosa que sea de media horita, sino que los ponentes se esfuerzan durante mucho tiempo para poder dar un mínimo de coherencia y valor a sus conferencias. Este es un principio que ya no tiene retorno posible.
  • 2.Ofrecer la posibilidad de conocer las opiniones de escritores de fuera del fandom acerca de la narrativa fantástica. Una mesa redonda con José María Merino, Lorenzo Silva o José Carlos Somoza no es que sea sólo interesante en si misma, es que realmente es un salto cualitativo espectacular.
  • 3.Que de una vez por todas las editoriales, que no hay que olvidar también viven de nuestras compras, colaboren sufragando los gastos de algún invitado. Bien es cierto que sólo una de ellas lo ha hecho, y dos años consecutivos, pero es una posibilidad que se ha abierto para próximas convenciones y que han de tener muy en cuenta las mismas.
  • 4.Realizar por vez primera un convención semi-virtual con un programa de chat de lo más exitoso. En la era internet esto puede ser ya una referencia fundamental para las próximas convenciones.

Estas aportaciones novedosas de Xatafi han de suponer un punto de inflexión para futuros encuentros. Se ha entreabierto la puerta y, aunque suene cursi, el rayo de luz que se vislumbra ha de ser aprovechado por los sucesores (atentos los gaditanos) para que de de aquí en adelante se ofrezca a los congresistas el suficiente bagaje de información cultural para que este quede satisfecho.

Pero debo considerar también una frustración, y por qué no decirlo enfado, con respecto al mundo editorial: no se puede consentir que una HispaCon soporte el desprecio de ciertas editoriales hacia el mundo activo de la ciencia-ficción y fantasía. Es cierto que los congresos sólo suponen un pequeño mercado, no más de 300 potenciales compradores, pero también lo es que la seriedad debe presidir las relaciones entre editoriales y lectores. Pero también es verdad que el fandom es uno de los colectivos especializados que no conviene despreciar o apartar, su potencial numérico puede ser desdeñable pero desde luego no querría yo tenerlo enfrentado como enemigo, ya que entre estos 300 se encuentran probablemente los mejores entendidos en la materia, que si ahora permanecen a la espera y callados puede que no lo hagan en un futuro. Si la palabra dada no vale nada, es muy difícil que se pueda confiar en los responsables de esas editoriales de aquí en adelante, por no decir imposible. De todos modos el tiempo dará y quitará razones.

Estas han sido unas cuantas reflexiones a raíz de la excelente convención de 2003 y para concluir diré que si queremos revindicar el género que nos apasiona y salir del apartheid, nuestra única posibilidad es abrirnos al público en general como se ha intentado en Xatafi, y en parte conseguido, o como se hizo en la feria del Libro de Cádiz.

No somos una élite, y si nos lo consideramos no deberíamos hacerlo. Somos simplemente aficionados y estudiosos de un género muy interesante y nuestra misión, si es que la tenemos, es sencillamente mejorar día a día nuestra percepción y la de los demás sobre este genero literario.

Antes de finalizar quiero recoger algo que sucedió en la cena de la convención y que merece ser comentado: debo felicitar a la junta de la AEFCF al conceder los premios Gabriel a Pascual Enguídanos y a Domingo Santos. Ambos se lo merecían y el aplauso cerrado y prolongado a Domingo Santos por parte de los asistentes puestos en pie, vale casi toda la convención.

Espero que el año que viene Cádiz sea capaz de brillar a la altura de Xatafi.

La HispaCon ha muerto, viva la HispaCon.

© Alfonso Merelo, Getafe-Huelva, (1.318 palabras) Créditos