LA LIGA DE LOS HOMBRES EXTRAORDINARIOS
LA LIGA DE LOS HOMBRES EXTRAORDINARIOS EE.UU., 2003
Título original: League of Extraordinary Gentlemen
Dirección: Stephen Norrington
Guión: Alan Moore, Kevin O´Neill
Producción: Trevor Albert, Don Murphy
Música: Trevor Jones
Fotografía: Dan Laustsen
Duración: 110 min.
IMDb:
Intépretes: Sean Connery (Allan Quartermain); Naseeruddin Shah (Capitán Nemo); Peta Wilson (Mina Harker); Tony Curran (Rodney Skinner, el hombre invisible); Stuart Townsend (Dorian Gray); Shane West (Tom Sawyer); Jason Flemyng (Dr. Henry Jekyll o Mr. Edward Hyde); Richard Roxburgh (Mycroft Holmes); Max Ryan (Dante); Tom Goodman-Hill (Sanderson Reed); David Hemmings (Nigel); Terry O´Neill (Ishmael); Rudolf Pellar (Draper); Winter Ave Zoli (Eva)
Comentarios de: Javier Iglesias Plaza

Un servidor tuvo suficiente con contemplar el trailer promocional de esta película para barruntar que ésta sería rematadamente mala, y como no pude asistir al estreno, aún tuve tiempo de que amigos de contrastado juicio fílmico confirmasen mis sospechas. De todos modos decidí ir a verla pensando que si era tan horrible como predecía, podría al menos despacharme a gusto poniéndola a parir con conocimiento de causa, que es más o menos lo que me dispongo a hacer a continuación.

Antes incluso de que la película llegara a las pantallas, cuando supe por vez primera de la adaptación cinematográfica del cómic de Alan Moore y Kevin O´Neill, existían indicios que me conducían a tales sospechas, como, por ejemplo, la propia calidad de la historieta (difícilmente superable), el más que discutible talento del director a cargo del proyecto, Stephen Norrington, o la certeza misma, harto refrendada lo largo y ancho de los últimos años y estrenos, de que cómic y cine son medios que raramente terminan por hacer buenas migas (lo más preocupante de todo al fin y al cabo)

No son pocas ni insignificantes las cosas que se pueden decir en contra de esta película, a cambio de no ocurrírseme ni tan siquiera una a aducir en su favor. Para empezar, no posee el más mínimo ritmo ni tensión narrativa, tratándose, simple y llanamente, de una sucesión de explosiones, tiroteos y coreografías made in Matrix sin orden ni concierto; y a este respecto, si algo se le puede achacar a la ineptitud de Norrington es, quizá, el haber sido el creador de lo que podríamos dar en llamar el estilo videoclip steampunk. Y que conste que el adjetivo steampunk es todo un regalo, pues no en vano la magnífica atmósfera, el estupendo marco de una época victoriana fantástica retratado por Moore está totalmente desaprovechado; los decorados que no son infográficos son de cartón-piedra y los que sí lo son definitivamente no dan el pego (como es costumbre); las nuevas máquinas en lugar de ser informes y fantásticas estructuras de hierro y engranajes movidas a vapor (algo en lo que sí acertaba por ejemplo la horrible WILD WILD WEST), son tan semejantes a las maquinarias que vendrán mediado el siglo XX que su inclusión en el decorado victoriano provoca auténtico estupor, mereciendo en este apartado especial mención, por aberrantes, el coche y el Nautilus de Nemo (¿por qué no aprovecharon el magnífico diseño en forma de calamar gigante de O´Neill para el cómic?) Uno no puede sino preguntarse qué habrían podido conseguir con esta historia y su presupuesto talentos e imaginerías tan personales como los de, sin ir demasiado lejos, Burton o Raimi.

La historia en sí, el argumento en suma, es lo que acaba por hundir definitivamente la película en la más absoluta mediocridad. Para empezar, la mayoría de diálogos son ciertamente vergonzantes y algunas referencias al universo literario-ficcional victoriano puestas en boca de los personajes se antojan tan metidas con calzador que dan pena (la mención a la vuelta al mundo en 80 días de Fogg, la patética aseveración en relación con los crímenes de la calle Morgue o incluso el ominoso incidente en Reichenbach) Asimismo, brillan por su ausencia multitud de referencias más relevantes que sí estaban en el cómic; Fu-Manchú, Mycroft Holmes, Arsenio Dupin , el MI5 británico , etc.

Pero más grave que todo esto es el error en el enfoque mismo de los personajes. En esta película se trata a los componentes de la Liga como los típicos superhéroes del comic-book norteamericano, lo cual es, en mi opinión, todo lo contrario de lo que Moore pretendía, y no era otra cosa que rendir un sentido e inteligente homenaje a la literatura y los personajes victorianos, burlándose de paso, solapadamente si se quiere, pero burlándose al fin y al cabo, del modelo se superhéroe yanki; en el film no quisieron aceptar esa tremenda diferencia, y lo que con ello acabaron por conseguir es que esos maravillosos personajes que en el plano literario y en el del cómic nos llenaban la mente de magia y fantasía y aventura, han recibido semejante proceso de lobotomizacion caracterial en su traslación a la pantalla que han terminado por parecer auténticos fantoches de circo sin un ápice de cerebro y, sobre todo, de estilo.

Por otro lado, la trama del film es descaradamente simplista y adolece de una linealidad alarmante, consistiendo en una larga y farragosa presentación de personajes y un desenlace pirotécnico atropellado e hipermusculado; del nudo de la historia nadie sabe qué se hizo.

Todo en la película acaba por producir tanta pena, provocar tanta risa triste, como el comprobar que en las presentaciones de personajes y durante el resto del metraje, cada vez que uno de los miembros de la liga saca a relucir un poder nuevo y espectacular el resto lo asume con apenas un vago gesto de fingida sorpresa; son tantas las cosas gratuitas, porque sí y punto, los deus ex machina e incluso los flagrantes errores de lógica argumental (¡¿el hombre invisible muere achicharrado al final o es que su piel, además de transparente, se regenera como la de las víboras?¡), que uno acaba teniendo que escoger entre huir de la sala a media proyección o abandonarse a la hilaridad más alienada.

A mi juicio, adaptar la historia del propio Moore hubiese sido una opción mucho más interesante pero reconozco al mismo tiempo que los inconvenientes que eso hubiese reportado no los puede aceptar la actual estructura de cine fast food estadounidense que, para más inri, tiene sus garras tan fuertemente hincadas en nuestro querido género fantástico. Porque adaptar fielmente el cómic hubiese supuesto mostrar en la pantalla lo políticamente incorrecto; a Quatermain, opiómano y acabado, al hombre invisible, sádico, libertino y pederasta, a Mina, la única mujer del grupo, inactiva, insolente, más una carga que un alivio, amén de sangre, mucha roja sangre, y escenas gore a montones, así como un largo etcétera de situaciones incómodas para los grandes estudios y los tiempos de corrección que nos ha tocado vivir. Porque adaptar fielmente el cómic hubiese supuesto también el mostrar al gran público, al que mayormente no lee libros, ni disfruta tebeos, ni mucho menos cuenta entre sus gustos culturales a Verne, Doyle, Stevenson, Rhomer, Wells, Stoker, Haggard, ni por supuesto al mismo Moore, una historia complicada, con matices, sutilezas, muy inteligente, y, sobre todo, repleta de una ingente cantidad de personajes y referencias multiculturales que el espectador norteamericano medio -y el resto por extensión- en su gran mayoría no habría podido digerir debido a su incultura... Así de duro... Así de claro... Y eso se hubiese traducido en una baja taquilla, un mal negocio, y por supuesto, la total negación de una potencial secuela más espuria todavía que su precedente... Vale más destrozar una obra de arte, un cómic estupendo, un envidiable homenaje a la ficción, a la literatura, a la fantasía, orquestado y estructurado para que funcione con precisión maestra, y sacar a cambio rendimiento económico, risas fáciles, palomitas dulces y saladas...

Vale más todo eso que hacer honor a eso cada vez más perdido, hundido en la ignominia, que algunos llamaron ha un largo tiempo Séptimo Arte.

© Javier Iglesias Plaza,
(1.201 palabras) Créditos Créditos