LOS CELOS DE DIOS
LOS CELOS DE DIOS Rodolfo Martínez
Título original: ---
Año de publicación: 1997
Editorial: UPC
Colección: Quaderns UPCF 5
Traducción: ---
Edición: 1997
ISBN:
Precio: ---
Comentarios de: Iván Olmedo

El mismo Dios llama a Su presencia a uno de Sus más fieles acólitos, Hamuel ibn Abdul al-Yusuf Efraim. Sin más dilación ni motivo (aparente) que Su Suprema Voluntad, lo somete a una prueba; lo obliga a comenzar una investigación a través de una terminal, un ordenador conectado a la Red. Algo blasfemo para el propio Hamuel y sus creencias. Enfrascado en su tarea, con su fe pendiendo de un hilo, rastrea mediante antiguas grabaciones y ficheros ocultos la historia de Bishop, un robot construido tres mil quinientos años atrás. Si sus descubrimientos iniciales parecen inocuos, con el paso de los días los datos obtenidos por Hamuel se demuestran envenenados y peligrosos, mientras se va desenrollando una trama increíble de consecuencias monstruosas...

Intrigante resumen... ¿no? Espero que sí, que os abra el apetito, porque esta novela es una muy buena novela.

Rodolfo Martínez agita su coctelera creativa con los ingredientes más tradicionales de su repertorio: su pasión por las aventuras de robots, una fijación muy saludable por utilizar elementos místico-religiosos, y el recurrente universo informático futurizado que encontramos en buen número de sus obras de más peso. Como él mismo dice, estoy condenado al cyberpunk desde el día en que se me ocurrió decir que no me gustaba...

LOS CELOS DE DIOS, sin embargo, no es ni mucho menos una novela cyberpunk, tal como podríamos calificar a su imprescindible LA SONRISA DEL GATO; aquí el autor se sumerge de nuevo en las redes de datos, en la utilización del ordenador como una figura importante de la trama, aunque esta vez de forma leve, práctica y nada virtual: el teclado y los archivos de imagen son casi tan primitivos como los nuestros, o al menos eso aparentan ser. Ni cables enchufados a la nuca, ni inmersiones traumáticas en las corrientes del ciberespacio. Esta novela es, en este sentido, mucho más tradicional y corrientita, lo que no significa para nada decepción ni, mucho menos, mediocridad.

No quiero continuar sin mencionar el exquisito y acertadísimo epílogo que Gabriel Bermúdez escribe para esta edición. En él disecciona y comenta para nuestro provecho los aspectos menos evidentes de la obra, idea que he de aceptar totalmente: LOS CELOS DE DIOS es una novela de una sencillez engañosa; ni sus escasas cuarenta páginas, ni una primera lectura apresurada deben hacernos creer que se trata de un texto ligero, fácil o sin chicha. Todo lo contrario; su estructura es resistente y su redacción envidiable. También es cierto que su hilo conductor más íntimo, la trama última que justifica la obra, es predecible desde las primeras páginas, sobre todo si está entre manos de un lector avezado. Pero, en fin, está tan bien escrita y es tan entretenida, que cualquier lector con seso (sobre todo los avezados) debería estar en disposición natural de perdonar esto.

Y es que (un dato importante) el autor no solo goza del don de la amenidad (de ahí que sus mejores novelas sean, además, fáciles de leer; y las peores, por lo menos, digeribles), sino que dota también a sus escritos de una cercanía casi cómplice que no solemos encontrar en otros autores. Es decir, que su forma de narrar es suelta, dinámica... directa. Incluso en novelas tan serias como ésta, y sin caer en humoradas que no vienen a cuento, las palabras fluyen con tal naturalidad que a veces incluso parece antinatural, aunque sea un contrasentido.

En cuanto a los personajes de la novela, podríamos decir que coexisten dos protagonistas absolutos: el fiel Hamuel y el escurridizo robot Bishop. La manera en que Martínez parcela sus sucesivas apariciones es notable, estableciendo un paralelismo claro entre las acciones del robot y el seguimiento de Hamuel, hasta que este, incluso, cae en la cuenta de que no está sino pisando sobre las huellas que el propio Bishop ha dejado ya en el camino mucho tiempo atrás, llegando a repetir en sus carnes el ansia que el robot (es una forma de hablar; los robots no sienten ansia... ¿o este sí...?) experimentó durante su propia investigación.

No está de más, tampoco, insinuar los muchos límites en común que uno de nuestros protagonistas tiene con su congénere Abdul Yasir ibn al-Murahi, una de las muchas piezas clave de esa fantástica (y muy amena, entretenida y burbujeante, en el estilo comentado del autor) novela LA SONRISA DEL GATO, hasta el punto de que ambos trabajos pueden considerarse casi complementarios, más cercanos incluso de lo que el hecho de compartir universo es capaz de otorgar. En este sentido, leerse las dos aventuras seguidas resultará un positivo aliciente más de disfrute. Pero, atención, mientras LA SONRISA DEL GATO es todavía bastante fácil de conseguir en su edición de Miraguano; no ocurre lo mismo con estos celos de Dios. Un pequeño escollo al que debemos de enfrentarnos los que busquemos obras de Rodolfo Martínez: muchas de ellas son difíciles de encontrar, al estar publicadas con tiradas muy cortas o en colecciones de difusión reducida.

Por eso; LOS CELOS DE DIOS; una obra estupenda e importante dentro del engranaje que es Drímar, merece reedición inminente de forma adecuada a su categoría. Y si nos atenemos a las palabras de su autor, podemos confiar en verla de nuevo rondando las librerías no tardando mucho.

El momento que vivimos, de bonanza creativa y comercial, no debe desaprovecharse en casos como éste.

Y así, pasito a pasito...

© Iván Olmedo, (896 palabras) Créditos