EL AÑO 2000, UNA VISIÓN RETROSPECTIVA
EL AÑO 2000, UNA VISIÓN RETROSPECTIVA Edward Bellamy
Título original: Life in the year 2000 A. D.
Año de publicación: 1887
Editorial: Ediciones Abraxas
Colección: Utopías y distopías nº 4
Traducción: Jorge A. Sánchez
Edición: 2000
ISBN:
Precio: ---

EL AÑO 2000, UNA VISIÓN RETROSPECTIVA es un libro notablemente curioso por lo contradictorio de sus planteamientos, por un lado se trata de una utopía socialista que en su momento tuvo una notable resonancia (llegó a superar el millón de ejemplares) pero por otro no deja de ser un claro retrato de su época.

Si bien Bellamy se esfuerza en describir su ideal de organización económica, en la que si bien no existen desigualdades ni carencias, tampoco es menos cierto que nada ni nadie se escapa de un férreo control estatal, desde la cantidad y calidad de los productos hasta la formación y futuro de los ciudadanos, es incapaz de superar sus prejuicios y convenciones más allá de la lucha de clases para ampliarlo a todos los individuos de la sociedad. De una forma más que sorprendente, ni se plantea la posibilidad de que las mujeres puedan llegar a alcanzar los más altos estadios del poder y se limita a organizarlas de una forma muy similar a los hombres, pero de una forma un tanto extraña por cuanto en vez de integrarlas en el ejército industrial que preconiza, las estructura en instituciones paralelas cuya cúspide, ni por asomo, tiene el mismo poder decisorio que su homólogo masculino.

No hay forma de saber si realmente Bellamy consideraba esto como natural o era consciente de tanta incongruencia y consideró que el libro ya era de por si lo bastante rompedor como para añadir además más ideas turbadoras para sus contemporáneos, como podía ser que una mujer pudiera llegar a lo más alto en una jerarquía por méritos propios, porque, recordemos, en aquella época la Reina Victoria gobernaba el mayor imperio que quizá haya visto la humanidad, pero claro, lo suyo era cuestión de herencia.

Tampoco se complica Bellamy a la hora de enviar a Julian West, su protagonista, al año 2000, aunque como buena obra racionalista, pierde algo más de tiempo que Burroughs en hacerlo viajar; lo duerme en el caótico Bostón de 1887, en un bunker bien aislado, mediante un tratamiento hipnótico contra el insomnio, y lo despierta en ese año 2000 gracias a unas oportunas obras de reforma. El panorama que se presenta ante nuestro asombrado bostoniano es idílico, la ciudad sucia y desordenada que conocía se ha convertido en una esmerada urbanización de amplios espacios y aire limpio. Ya no hay pobres ni ricos, ya no hay sobreproducción ni especulación y todos los productos y servicios se dan y prestan dentro de un plan bien estudiado y mejor organizado, que incluso deja un notable margen a ciertas iniciativas privadas.

El doctor Leete, amable anfitrión de West, y su familia (la cosa acabará en romance con la hija del doctor Leete) tratan con exquisito cuidado al viajero del tiempo, guiándole por los logros de aquella avanzada sociedad y colmando su curiosidad, incluso adelantándole cual será su trabajo una vez recuperado y aclimatado, puesto que Bellamy propugna un sistema de trueque, en el que el trabajo es la moneda de cambio. Sin embargo, pasa muy de puntillas, cuando no obvia, los seguros adelantos tecnológicos, el único que se detalla con más cuidado es un a modo de hilo musical. Claramente no era eso lo que le importaba a Bellamy, más interesado en dar su visión de su sociedad ideal.

Un libro interesante que, pese al sustrato teórico, y gracias a su carácter divulgativo, se deja leer con facilidad y resulta una buena forma de comprender que provocó y cuales fueron los orígenes del movimiento socialista.

© Francisco José Súñer Iglesias, (584 palabras) Créditos

EL AÑO 2000, es un pequeño clásico de la ciencia-ficción, mejor dicho, de la proto ciencia-ficción. Cuando se escribió este libro, no existía el término ciencia-ficción. La obra es una utopía, muy acorde con la época en que fue gestada y en ella Bellamy imagina una Boston del año 2000, donde se ha alcanzado una cierta plenitud y estabilidad social.

Dos características principales diferencia a la obra de Bellamy de las utopías y distopías muy en boga en la época. Primera: mientras las obras utópicas de este período utilizan el espacio para construir un lugar en algún rincón apartado del planeta, Bellamy utiliza el tiempo, y así vemos a protagonista transportado al mismo sitio, pero en diferente época; segunda: si la mayoría de las utopías del siglo XIX son tremendamente pesimistas en sus planteamientos, EL AÑO 2000 es una de las pocas obras cuya conclusión y planteamientos son optimistas. En efecto, Bellamy parte de un presente en que las desigualdades e injusticia social son moneda común, para crear un lugar y una época en las que estas problemáticas se han zanjado, y el orden, la paz y el bienestar social son lo corriente.

Es posible que a muchos, esta obra les parezca anticuada y trasnochada. No les voy a quitar la razón, pero también creo que es necesario conocer algo de lo que realizaron los padres del género. Con todo, para leer la obra, hay que desprenderse de nuestros condicionamientos modernos y transportarnos mentalmente al siglo XIX. Es decir, tendremos que hacer como Julian West, el protagonista de la obra, solo que a la inversa.

EL AÑO 2000 es una obra muy recomendable para todo buen aficionado que quiera ahondar en las raíces del género.

© José Enrique León Alcalde, (288 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Los archivos del espacio el 16 de enero de 2003