NIÑOS PERDIDOS
NIÑOS PERDIDOS Orson Scott Card
Título original: Lost Boys
Año de publicación: 1992
Editorial: Ediciones B
Colección: Nova Scott Card nº 3
Traducción: Carlos Gardini
Edición: 1994
Páginas: 414
ISBN:
Precio: 16,23 EUR
Comentarios de: Ivan Olmedo

¡Atención! esta no es una novela de ciencia-ficción, sino más bien una que entraría directamente en la categoría de misterio-terror, al más puro estilo best seller y con casi todos sus paradigmas intactos. El hecho de estar publicada en Nova y con ese formato blanco ya tan claramente reconocible, puede llevarnos a engaño. Un engaño que no es tal, realmente, ya que esta es la Nova de Orson Scott Card, autor al que está dedicada exclusivamente la colección. Y, evidentemente, todo lo de Scott Card tiene, en principio, cabida aquí.

El señor (en adelante) Card parece santo de la devoción de miles de fieles lectores, que lo tienen en un altar al que acuden a persignarse frecuentemente. En este caso, las palabras santo, fieles, altar y persignarse casi no podían estar mejor escogidas, dadas las peculiares características del escritor estadounidense: el señor Card es mormón, algo digno de estudio por sí mismo. Y esta peculiar característica de Card está definitivamente incrustada (como no podría ser de otra manera) en sus escritos, máxime en este libro que tengo entre manos, NIÑOS PERDIDOS. Pero, como Jack el Destripador, vayamos por partes. Primero, el argumento:

Los protagonistas son la familia Fletcher, papá Step y mamá DeAnne, y sus tres pequeñuelos que, en busca de una oportunidad laboral y una mejora en sus vidas, viajan a la ciudad de Steuben, en la Carolina del Norte. Step es programador informático y DeAnne está embarazada (otra vez), y ambos son mormones practicantísimos. La novela nos relata, por un lado, parte de la aventura laboral de papá Fletcher y por otro, prolijamente, los usos y costumbres mormones en todo su esplendor. El tono misterioso del relato viene dado por las desapariciones de varios niños de la localidad, posiblemente asesinados, lo que NO es la parte central de la trama, sino prácticamente un añadido un tanto tramposín.

En general, parece que la idea de Card es relatarnos con pelos y señales la vida privada y pública de una típica familia mormona. Si pretendía mostrar las diferencias profundas que existen entre los miembros de su secta y, llamémoslo así para simplificar, el resto de la Humanidad, ha dado en el clavo. Si no era esa su intención, pues es lo que ha conseguido... Su matrimonio Fletcher deviene una pareja de personajes demasiado quisquillosos como para resultarnos simpáticos. A medida que avanzamos en la lectura nos asalta la terrible idea de que tanto él como ella son presentados como personas totalmente sensibles y muy responsables, dos seres humanos lúcidos rodeados además, por contraste, de personajes lamentables casi desde cualquier punto de vista: jefes sin escrúpulos, pederastas, esquizofrénicos, viejas arpías con el cerebro carcomido por la religión... mientras ellos mismos parecen representar una isla de cordura perdida en un mar proceloso de instintos humanos. Con sus momentos de dudas y bajones eso sí, de otro modo todo parecería demasiado artificial.

¿Y qué decir de los niños, sus hijos? Sobreprotegidos y, en el caso de Stevie, tercer protagonista importante (Card mediante) del relato, prácticamente al borde de la paranoia, parecen recursos evidentes para (con un tono aleccionador que se va diluyendo conforme pasamos páginas) endosarnos un auténtico catálogo de consejos morales y/o sociales. A no ser que el lector esté sobre aviso o le interesen mucho las características mormonas, se puede llegar a cansar de tanta regla cristiana metida forzosamente en la trama.

Así, Card disfraza de best seller seudo-terrorífico esta novelización de inquietudes personales. Un prólogo de apenas una página, al estilo del Stephen King de los buenos tiempos y obras, abre fuego. Después de esto, Card se enzarza en un tinglado catártico y muy personal (tal como reza la frase publicitaria) que solo muy tenuemente ofrece algunas dosis de suspense. Llegados a las penúltimas páginas el autor nos machaca con un giro, o recurso, sorprendente; muy en la línea, mismamente, de su famoso JUEGO DE ENDER, que anima un poco la función con uno de los hallazgos más felices del conjunto. Pero un acierto es solo UN acierto...

Obviando el marchamo de Card (porque sabemos que una gran parte de los lectores potenciales se han de guiar más por el renombre del autor que por la novela en sí) digo que NIÑOS PERDIDOS es una obra escrita con convicción, entendimiento y algún que otro toque de visceralidad. Un libro bien escrito; un libro que se lee y se digiere... pero no un estupendo libro. Es demasiado... no sé... personal, concreto... se le ha de atragantar al lector que huya habitualmente de ñoñerías y consejos pacatos. En una tópica y manida frase: solo para incondicionales de Orson Scott Card, esto es...

Y, por último, ni es realmente una novela de terror ni, mucho menos, de ciencia-ficción. Su destino podría haber sido aparecer en cualquier colección mainstream con ínfulas de retrato social. Solo el nombre de su autor obliga casi a mirarla desde otro punto de vista. Que el lector guiado puramente por géneros lo tenga en cuenta... de otro modo podría llevarse una sorpresa. Agradable o desagradable, he ahí el personal e intransferible quid de la cuestión.

© Iván Olmedo, (851 palabras) Créditos