Crónicas, 6
Cincuentenario de Luchadores del espacio
por José Carlos Canalda

Como es sabido, los días 6 y 7 de mayo se celebraron en Valencia los actos conmemorativos del cincuentenario de la aparición de la colección LUCHADORES DEL ESPACIO, a los cuales había sido invitado por ser el autor de un libro dedicado a esta colección.

Éramos varios los que viajamos desde Madrid (Mario Moreno, Pedro G. Bilbao, Agustín Jaureguízar, Carlos Saiz Cidoncha y yo), pero yo lo hice por separado en otro tren, más tarde que ellos, por ajustarse mejor a mis horarios laborales. Casualidades de la vida, durante el viaje pusieron una película de ciencia ficción, concretamente la nueva versión de LA MÁQUINA DEL TIEMPO, lo que me sirvió para entrar en calor. Llegué a Valencia una hora antes de la conferencia. En la estación me estaban esperando Pablo Herranz y Juan Miguel Aguilera, los cuales me llevaron al hotel para que me adecentara un poco y de allí fuimos derechos a la universidad, en cuya aula magna se celebraban los actos.

Lamentablemente llovía a mares (Valencia la soleada...), así que esto probablemente afectó negativamente a la asistencia de público ¡También es casualidad! Estaba allí don José Caballer, alias Larry Winters, con el cual había hablado por teléfono varias veces pero no conocía personalmente; un encanto. Dimos nuestras conferencias, primero yo y luego Pedro G. Bilbao, y creo que ambas quedaron bastante bien. Al terminar nos fuimos a cenar a un restaurante chino, en una agradabilísima velada en la que tuve ocasión de conocer personalmente a Maribel García y a su marido, dos significados sagueros, y a más gente valenciana, todos muy agradables y excelentes anfitriones. También nos acompañó Vicente, uno de los hijos de Enguídanos, más o menos de mi edad y asimismo muy agradable..

El día siguiente, por la mañana, me fui a dar una vuelta por Valencia. Mario y los demás madrileños se fueron visitar el Oceanográfico y la Ciudad de las Artes y las Ciencias, pero en esta ocasión preferí visitar el centro de Valencia, reservándolos para otra ocasión en la que pudiera viajar a Valencia con mi mujer, que por cuestiones de trabajo no pudo acompañarme. Hice mis consabidas visitas turísticas a la catedral, a otras iglesias, a la lonja o al mercado central y, cómo no, husmeé por las librerías de viejo.

Habíamos quedado todos nosotros, eso sí, con Toni Busquet, otro excelente anfitrión, para comer. Tras la consabida sobremesa, decidimos hacer una visita turística a la antigua sede de Valenciana, donde Pedro se hartó de hacer fotos... A pesar de que ya no queda absolutamente nada. De todos modos no era nada espectacular, un simple piso y un almacén (ahora una pizzería) en el local comercial. Parece mentira que algo tan prosaico fuera, durante tantos años, una auténtica fábrica de ilusiones.

Tras tomarnos un café volvimos hacia el centro, haciendo antes parada en una librería que conocía Toni... En realidad no se puede hablar de librería, sino de algo parecido (para quienes lo conozcan) a Hipercómic, ya que allí vendían básicamente novelas y cómics, junto con otras cosas como maquetas, soldaditos de plomo o trenes eléctricos. Una gozada de tienda, vamos. El dueño, muy simpático, se mostró sorprendidísimo de que cinco o seis pirados arrambláramos con todo lo que pillábamos. De paso, y tras enterarse del acto de esa tarde, prometió asistir a él, como así hizo.

De allí yo ya me fui derecho a la universidad, mientras algunos del grupo decidieron arañar algo de tiempo pasánse antes por la librería París-Valencia.

Allí llegaron José Caballer, Ramón Brotóns, Arturo Rojas de la Cámara y José Luis Macías. Encantadores los cuatro. Quien no fue finalmente, como es sabido, fue Pascual Enguídanos, aunque sí estuvo su hijo, quien tuvo unas palabras muy entrañables. Ya empezado el acto llegó Alfonso Arizmendi, que con sus 92 años es probablemente, junto con Luis García Lecha, el decano de la ciencia ficción y la literatura popular españolas. Iba acompañado de su hija, muy simpática, dado que su estado de salud es delicado.

A mí personalmente me gustó más la mesa redonda que las conferencias del día anterior, y no porque éstas estuvieran mal, creo que ambas estuvieron bastante bien, sino porque resultó conmovedor ver a esas personas que cincuenta años atrás habían escrito, o dibujado, esas novelas que tanto nos hicieron soñar de niños. Ellos estaban emocionados, y yo creo que a alguno le faltó poco para echar una lagrimita. Sus intervenciones no pudieron ser más jugosas, y la gente intervino de lo lindo haciéndoles preguntas de todo tipo. Fue realmente muy agradable.

Terminado el acto (se habría podido seguir tranquilamente, pero algunos de los participantes tenían prisa), nos fuimos a cenar a un restaurante al que nos llevó Pablo Herranz. Con nosotros vino José Luis Macías, y tuve la gran suerte de quedar sentado frente a él, con lo cual estuvimos toda la cena hablando de su obra y contándonos anécdotas de Valenciana. Según dijo, cuando empezó a dibujar las portadas de Luchadores no tenía la menor idea de ciencia ficción. Cabe imaginar lo que hubiera dibujado si la llega a tener...

La velada se prolongó hasta bastante tarde, así que una vez terminada me fui derecho al hotel. Al día siguiente, puesto que el tren no salía hasta primeras horas de la tarde, hice algo de turismo por la mañana, visitando el museo de cerámica del famoso palacio del Marqués de Dos Aguas, que tenía justo al lado del hotel, y me acerqué más tarde hasta la zona del oceanográfico, aunque sólo lo vi por fuera por las razones comentadas anteriormente. De paso, aproveché para viajar en el metro, que no conocía.

Y de vuelta en tren a Madrid, donde me reencontré con la rutina cotidiana.

No puedo terminar esta crónica sin mostrar públicamente mi agradecimiento a los anfitriones valencianos, todos ellos encantadores. Muchas gracias a Pablo Herranz, a Toni Busquets, a Alfons Cervera, a Juan Miguel Aguilera, a Javier Redal, a Maribel García y a su marido, a Álvaro Gregori, a Vicente Enguídanos y a todos los demás, a los que pido disculpas porque no consigo recordar sus nombres. Mejores anfitriones, imposible.

© José Carlos Canalda, (1.018 palabras) Créditos