EL HOMBRE IMPOSIBLE
EL HOMBRE IMPOSIBLE J. G. Ballard
Título original: The impossible man
Año de publicación: 1966
Editorial: Minotauro Argentina
Colección: ---
Traducción: Marcial Souto
Edición: 1972
ISBN:
Precio: ---
Comentarios de: Javier Iglesias Plaza

Ciertos rasgos comunes se repiten en prácticamente la mayoría de relatos que conforman esta antología; se trata de historias más o menos cotidianas, en apariencia normales en las que, antes o después, incide un elemento fantástico que la transforma definitivamente; el protagonista es casi siempre un solo individuo sobre el cual recaen acción y trama; el fin último del relato parecen ser siempre el poner de manifiesto cierto estado mental y emocional del protagonista o determinada crisis o conflicto interno… son, pues, historias en las que el alma y la psique del personaje está en directa relación con la realidad y los sucesos externos de la historia; y, finalmente, el inconfundible estilo ballardiano, de una belleza malvada y casi mefistofélica, repleto de geniales metáforas y crudo hermetismo, es ya en estos escritos ciertamente notable.

No obstante, EL HOMBRE IMPOSIBLE no es desde luego una de sus mejores antologías. Algunos de sus relatos son algo flojos, y, desde la óptica del lector de ciencia ficción, el elemento fantástico (más que fantacientífico o simplemente anticipativo) es las más de las veces un pretexto en sí mismo, insuficientemente contundente como para que dicho lector no pueda dejar de interpretar esta antología como una subrepticia escapada al mainstream.

Así, por ejemplo, en EL GIGANTE AHOGADO, uno de los mejores del libro, un gigantón aparece ahogado en la playa. Tras la primera sorpresa, la sociedad aprovecha la carne del cadáver como abono mientras algunos de sus miembros momificados terminan decorando tiendas, restaurantes, museos y ferias. En este magnífico cuento el elemento fantástico, el sentido de la maravilla y de lo extraño irrumpe en la vida ordinaria, en la realidad monótona de los hombres en forma de gigante ahogado, y éste no tarda en ser destruido y despedazado, obligado a integrarse en el modelo de vida preestablecido por la cotidianeidad; el sentido de la maravilla es devorado por la masa de los hombres que, como acertadamente parece establecer Ballard, podrían asemejarse a los insectos y microorganismos que devoran los cuerpos muertos… los hombres actúan con la fantasía como hormigas y gusanos, encaramándose al cuerpo, rodeándolo, devorándolo, desmembrándolo, para que al fin sólo resten los huesos mondos.

LA JAULA DE LOS REPTILES, siendo uno de los relatos más directamente entroncables en la ciencia ficción, es asimismo uno de los menos interesantes. En él, el lanzamiento de un satélite espacial y el reflejo de la luz infrarroja que produce empuja a los hombres a ahogarse en masa, pulsando mecanismos innatos y latentes en nuestro hondo subconsciente. Así, el homo sapiens termina por provocar a través del cúlmen de su evolución (la ciencia… la tecnología) su propia extinción como especie al activar los viejos instintos de su época animal. Con todo, algo aburrido.

En EL DELTA EN EL CREPÚSCULO, Charles Gifford, arqueólogo en una ciudad tolteca, agoniza física y mentalmente tras infectársele una herida. Cada tarde cuando principia a subirle la fiebre, observa a miles de culebras invadir el delta seco de su campamento… pero él es el único que en realidad ve las culebras…

La mente del protagonista, alienada e incapaz de resistir una realidad que se le antoja idiota y fútil, imbuida además en la especial atmósfera de las ruinas arcanas y el delta remitente al pleistoceno, parece despertar a los instintos reptiloides, abismándolo en un mundo de vitalismo salvaje donde la vida según los modelos cotidianos no tiene sentido… Como si el delta fuese el reflejo de su propia mente y las culebras simbolizasen los instintos primarios y salvajes de la bestia que otrora fuimos, pugnando por salir y dominar la conciencia domesticada por la evolución.

En PÁJARO DE TORMENTAS, SOÑADOR DE TORMENTAS la mutación de las aves en gigantescas bestias asesinas, así como la guerra abierta entre éstas y los hombres parece servir a Ballard para establecer un acertado paralelismo entre la atmósfera de apocalipsis selvático del exterior y el estado de creciente demencia y locura en que parecen caer los hombres, víctimas también de la mutación que, tal vez, acabe con la vida en la tierra. Angustioso.

EL DÍA ETERNO, conjuntamente con LA JAULA DE LOS REPTILES, es de los más débiles de la recopilación. La insufrible luminosidad de un verano austral significa el marco en el que insomnio, vigilia, sueños y muerte disfrazan un mistérico secreto.

TIEMPO DE PASAJE es un relato terriblemente bien escrito y estructurado. Ballard (como el Philip K. Dick de El mundo contra reloj), nos muestra el ciclo vital como un viaje inverso en el que se nace de la muerte y se muere al nacer, en el que los años inmediatos a la exhumación son los buenos mientras la infancia significa el arrabal de senectud.

En LA GIOCONDA DEL MEDIODÍA CREPUSCULAR la excusa del protagonista (que se apellida Maitland, como el héroe de LA ISLA DE CEMENTO) temporalmente ciego que tiene ensoñaciones de una realidad que físicamente no puede ver, sirve a Ballard para expresar los poderes ocultos y potenciales de la mente humana que frente a la adversidad parece crecerse y desarrollar nuevos órganos con los que saciar su sed.

Finalmente, EL HOMBRE IMPOSIBLE es otro de los relatos que más vinculación tiene con la ciencia-ficción. En un tiempo en que la medicina es capaz de alargar la vida casi indefinidamente mediante la cirugía, la sociedad, mayoritariamente vieja y cansada, decide empezar a morir. En este marco se inscribe la historia de Conrad que recibe el implante de la pierna de aquél que se la amputó en un accidente automovilístico (una futura constante ballardiana). En ningún momento siente el nuevo miembro como suyo y éste incluso parece afectar de algún modo alienante a su mente; su salida acaba siendo el suicidio. Ballard parece alertarnos acerca de los delgados límites de lo médicamente posible y lo humanamente soportable así como de las inconveniencias de jugar a las deidades.

En resumidas cuentas, EL HOMBRE IMPOSIBLE, aun siendo del principio de su carrera, conteniendo apenas tres relatos verdaderamente buenos, presenta ya un marcado carácter ballardiano. Seguramente no es de sus antologías más recomendables, pero teniendo en cuenta que Ballard es un autor duro y complicado, cuyo concepto de ciencia ficción encuentra difícil parangón dentro del acervo de temas y tópicos del género, así como que su estilo, aunque bello, es desacostumbrado y ciertamente minoritario, recomendar cualquier otro de sus libros más logrados y famosos sería igualmente arriesgado, mientras que explorar cualquiera de sus obras menos conocidas (incluida esta) supone un extraño placer que merece ser afrontado.

© Javier Iglesias Plaza, (1.077 palabras) Créditos