PESADILLAS Y GEEZENSTACKS
PESADILLAS Y GEEZENSTACKS Fredric Brown
Título original: Nightmares and Geezenstacks
Año de publicación: 1961
Editorial: Miraguano Ediciones
Colección: Futurópolis nº 22
Traducción: Cecilia Pérez
Edición: 1990
Páginas: 206
ISBN:
Precio: ---
Comentarios de: Iván Olmedo

Uno de los placeres más íntimos del lector de ciencia-ficción, y que se prolonga a lo largo de toda su vida, es el de ir descubriendo por su cuenta y riesgo a diferentes autores, conocer distintas y variadas formas de encarar el género y, no enjaulándose en lo estrictamente genérico sino desde una óptica totalmente literaria, separar los nombres que le interesan realmente de los que le causan indiferencia y, por supuesto, de los que deberá evitar en el futuro. Mentalmente el lector se construye una pauta de la que va sacando conclusiones interesantes y que tendrá presente en todo momento al sopesar la compra o lectura de una obra. Y estas ideas, que se van madurando poco a poco con el paso del tiempo, y no dejan de tener un buen grado de instinto cuando ese lector ya posee alguna experiencia, forman un (podemos llamarlo) poso cultural que acompaña a la persona en su vida diaria. Tan interesante o más como simplemente marcar a los autores según nuestra valoración más básica, está el hecho de (como digo, reposadamente y a fuego lento) comprender las características personales de cada uno de esos autores, saber si se decantan por temas sociales, científicos o meramente lúdicos; si su estilo es directo, recargado, poético o torpe; si prefieren y cultivan el novelón interminable o el relato contundente; si es posible rastrear o palpar algún tipo de ideología concreta en sus escritos; si su fuerte son los diálogos, las descripciones o la ambientación; si sus personajes están conseguidos o solo parecen estereotipos. En una sola y mala palabra: etiquetar al autor. Como parece evidente, no es bueno poner etiquetas por la simple costumbre de ponerlas, pero casi siempre resulta inevitable.

Las etiquetas que le han pegado a Fredric Brown (1906-1972) nos informan de su maestría en el relato breve, y de su ingenio y su gusto por las ideas-sorpresa y los giros de tuerca. Una de las obras de Brown más fáciles de encontrar ahora mismo por estos pagos (si no directamente, la más asequible), es PESADILLAS Y GEEZENSTACKS, recopilación de más de cuarenta piezas breves en el exiguo espacio de apenas doscientas páginas. Sin duda, el dato nos informa de su capacidad para escribir historias muy cortas, aunque solo abriendo las páginas de este libro y degustándolas una a una llegaremos a hacernos una verdadera idea de ante qué clase de autor nos encontramos. Este libro es un ejemplo casi perfecto que confirma la etiqueta a la que me refería antes. Brown conjuga una buena habilidad como narrador con el reiterado uso de argumentos sorprendentes o inverosímiles, dando con ello idea de una de sus características más destacables. Y por otra parte, sabe dotar a este conjunto de historias de la variedad necesaria para no caer nunca en la repetición. Así, encontraremos desde dinosaurios a los socorridos invasores extraterrestres (y hay que ver qué extrañas invasiones imagina Brown); de máquinas del tiempo a bromas macabras; de asesinos a sueldo a sirenas; de magia a ciencia... La mayor parte de estas historias son breves, de página y media a lo sumo, aunque a medida que avanzamos en la lectura encontramos relatos de mayor extensión. Y no deja de ser curioso: los primeros cuentos parecen ser los más endebles y mediocres de la recopilación, mientras los últimos alcanzan las mayores cotas. Si algún lector impaciente comienza el libro, se desanima y abandona... habrá cometido un error.

Adoptando pose de reseñero profesional, podría incluso sugerir una mínima parcelación de los relatos por grupos más o menos afines. Excentricidades como DESAGRADABLE, EL LADRÓN DE GATOS, REBOTE, EL ANILLO DE HANS CARVEL o LA CUERDA TRUCADA, pequeñas anécdotas gamberras sin la menor trascendencia. Cuentos de miedo como PESADILLA AZUL, CARTA MORTAL o CIERTAS POSIBILIDADES, un miedo muy peculiar que Brown insinúa con motivos cotidianos. Relatos divagantes como LA CASA o MUERTE EN LA MONTAÑA, en los que el ambiente y la sugerencia lo acaparan todo. Relatos agradables y ligeros como LA PROCESIÓN, JOTACE o EXPEDICIÓN, en los que muestra discretamente su ingenio. Relatos de humor como EL DIBUJANTE. Y, por último, las que considero mejores historias del volumen: LA ENTIDAD TRAMPA y (sobre todo) LA PEQUEÑA LAMB, dos relatos absolutamente serios y crueles que parecen desmentir de alguna forma lo de la etiqueta aquella de escritor graciosillo.

Con todo, ¿qué impresión queda? Pues la de que Fredric Brown fue un escritor hábil y de oficio, capaz de alcanzar variados registros, con una gran tendencia a buscar soluciones nunca esperadas en sus historias. Un autor que deja traslucir su personalidad compleja detrás del parapeto de un despliegue multifacético de oscuridades varias, en las que el horror y la sonrisa nerviosa se dan la mano frecuentemente. Un autor con un toque distintivo, quizás...

PESADILLAS Y GEEZENSTACKS es un magnífico libro para llevarse debajo del brazo en cualquier ocasión insospechada, buscar un rinconcito algo alejado del ruido del bar o encerrarse en el cuarto de las escobas... y abrir la mente cada dos páginas a un nuevo universo.

© Iván Olmedo, (841 palabras) Créditos