LA EXHIBICIÓN DE ATROCIDADES
LA EXHIBICIÓN DE ATROCIDADES J. G. Ballard
Título original: ---
Año de publicación: 1969
Editorial: Minotauro
Colección: ---
Traducción: Franciso Abelenda, Marcelo Cohen
Edición: 2002
ISBN:
Precio: 5,95 EUR
Comentarios de: Javier Iglesias Plaza

LA EXHIBICIÓN DE ATROCIDADES es un libro extremadamente personal y atípico, en el cual J. G. Ballard parece haber vertido, no sólo el contenido de su mente y sus entrañas, sino también toda una sobredosis de odio, rabia y mala leche concentradas.

LA EXHIBICIÓN DE ATROCIDADES es un libro obsesivo y enfermizo, confeccionado a partir de pequeñas micronovelas que no son novelas, porque son como los pedazos desprendidos de una mente que observara el mundo cargada de LSD y todo tipo de alucinógenos.

LA EXHIBICIÓN DE ATROCIDADES es un libro difícil, nada complaciente. Un libro para minorías pacientes que, armadas de un estómago duro y el ánimo suficiente, deben querer acercarse al texto con voluntad, no de comprensión, sino de pura aprehensión, porque LA EXHIBICIÓN DE ATROCIDADES no puede digerirse ni racionalizarse, sino que debe asimilarse tal cual, como se encaja una patada en la barriga, con los ojos y los dientes apretados.

A decir verdad, LA EXHIBICIÓN DE ATROCIDADES es un libro que es muchas cosas a la vez sin acabar conformando ninguna en concreto, y su análisis no puede ser sino un análisis subjetivo de las propias interioridades mentales y los propios demonios psíquicos del lector, sin dejar de ser al tiempo fiel reflejo de los de su autor. Ballard confecciona en este libro un gran collage de pequeñas piezas multireferenciales que, empero, no cobran su sentido completo más que estando rodeadas de todo el resto. La voz omnisciente que nos acompaña a través de las microhistorias que componen el libro parece talmente la de un forense que practicase la autopsia a un cerebro psicótico y esquizoide del que, sin embargo, dentro de su psicosis, rezuma una lucidez desbordante y casi, diría yo, reveladora. Este cerebro enfermo y mesiánico sería el del propio Ballard, pero su caso bien podría ser universalizable a todo ciudadano de la segunda mitad del siglo XX.

Porque LA EXHIBICIÓN DE ATROCIDADES es precisamente lo que su título indica; la exhibición, el show, la exposición, el museo itinerante de las atrocidades orgánico-físicas y psíquico-mentales de las que el hombre ha sido capaz en dicho período. Concretamente, este período de barbarie abarcaría desde 1969, fecha final de publicación del texto como libro, a 1945, año en que las bombas de Hiroshima y Nagasaki finiquitaban la Segunda Guerra Mundial y daban paso a la Era y el Miedo nucleares. Curiosamente, los años posteriores a esta datación y sobre todo los actuales momentos que vive el mundo, no sólo confirman las atrocidades de la exhibición ballardiana sino que se ven aumentadas y potenciadas, afirmando así la vigencia de las ideas del autor.

En resumidas cuentas Ballard nos propone un viaje iniciático por la mente global del ser humano, nuestra civilización y nuestro modo de vida. A partir de la profunda crisis que supone la Segunda Guerra Mundial, acompañada del estigma nuclear y su terrible carga de muerte, destrucción, fantasmagoría y amenaza, Ballard establece una suerte de análisis macroconceptual de la mente humana que ha podido sobrevivir a estos desastres, y lo que observamos en el ínterin de esta hipotética mente no es más que un furioso huracán de imágenes, retales, instantáneas que nos hablan de un mundo que nada tiene que ver con el anterior a la guerra y a la bomba atómica, cuya única salida a la supervivencia consiste en crear un nuevo concepto de humanidad basado en la atrocidad.

En efecto, esta nueva humanidad, esta nueva forma de entender el existir, se vehicularía a través de atrocidades y obsesiones. Así, por ejemplo, hallaríamos la obsesión por las máquinas en general y por los coches en particular, sus velocidades de vértigo, sus líneas aerodinámicas, sus vivos y brillantes colores, sus interiores de cuero y cromo... y subyacente a todo ello sobrevendría toda una nueva forma de interrelación con el automóvil; desde una nueva sexualidad que provendría directamente del factor altamente erotizador de la máquina tragakilómetros, hasta una nueva manera de concebir el arte, entendiendo el accidente automovilístico como un fenómeno catártico y sexualmente orgásmico, y la escultura que compondrían los hierros retorcidos y desvencijados del coche, los miembros cercenados y la sangre derramada del conductor, como un todo artístico, singular e inigualable; el verdadero cúlmen estético de la nueva humanidad.

Así también, por ejemplo, otro elemento recurrente sería el de utilizar personajes que, simplemente existen y actúan dentro de las pequeñas microhistorias. Sólo poseen presente y no tienen ni pasado ni futuro ni nombre, pues Ballard parece querer desprenderles todo elemento identificatorio. Para nosotros es difícil entenderlos porque son tan solo un apellido, y a ellos van unidos actos incomprensibles y atrocidades censurables a nuestro juicio en tanto somos humanos del antiguo mundo a nivel conciente. Ellos, en cambio, parecen ser el rostro y los modos de la nueva humanidad que reside en nuestro subconsciente postnuclear y que nos resistimos a aprehender.

Otro elemento vital en este nuevo modelo de existencia que parece proponer Ballard sería el también nuevo concepto de sexualidad ligado a aquélla. Una sexualidad desviada y retorcida que parte de la ya mencionada fijación por el automóvil y que se articula y conforma en torno a conceptos como la pornografía explícita, al enfermedad venérea, la violación, el accidente seminal, la corrupción y depravación de las relaciones sexuales, así como la violencia, cuya máxima expresión es la guerra -la Segunda Guerra Mundial, Vietnam, el Congo… o cualesquiera otras que han venido después- y que supone la culminación de una sexualidad viciada cuyo objeto no es ni la reproducción ni el placer, sino, antes bien, el allanar el camino de catarsis que debería conducir a nuevos estados de percepción y conciencia. El sexo atroz sería, pues, algo así como la vía mística, la oración mediante la cual nuestro subconsciente postnuclear, nuestro nuevo yo, alcanzaría plena conciencia de sí mismo y de sus potenciales facultades.

Finalmente, incluso la estructura semántica del texto parece conducir a una nueva forma de ser, pensar y sentir. El autor nos pinta sus historias sobre un lienzo decididamente gris en el que predominan los cromados, las pinturas metalizadas, el cemento, los aceros y los cielos emplomados. No hay vestigios de color ni de naturaleza, y las personas, los seres humanos, nos son presentados siempre bajo vivisección; sabemos de sus genitales, de sus entrañas, de sus mentes, de sus psicosis y neurosis, de sus enfermedades y heridas… pero jamás se nos deja contemplar al hombre completo y al natural… como si el nuevo concepto de humanidad fuera única y exclusivamente una suma de deseo sexual y ninfomaníacas neurosis sobre envoltorio de carne.

Definitivamente, LA EXHIBICIÓN DE ATROCIDADES se presenta al tiempo como la corrosiva radiografía de la sociedad postnuclear, y como el ensayo en el que Ballard experimenta con las obsesiones que más tarde serán piedra angular de novelas como CRASH, LA ISLA DE CEMENTO o RASCACIELOS. En este sentido no es de extrañar que David Cronenberg, un autor cuyo particular mundo creativo observa tantas concomitancias con el de Ballard en estos libros, fuera capaz de realizar una adaptación cinematográfica tan brillante y turbadora como CRASH, película en la que hay mucho de LA EXHIBICIÓN DE ATROCIDADES.

Para terminar, cabría el cuestionarse si este libro es o no ciencia ficción. Aunque en apariencia bien podría dudarse de esta filiación, no cabe duda de que Ballard nos presenta su particular visión de una sociedad y un hombre distintos, totalmente nuevos, en el que la moral ha dejado paso a la pasión por la máquina, la religión se ha cambiado por la sexualidad desviada, y el escenario urbano ha matado y ahogado la libertad y el vitalismo, convirtiendo al ser humano en un animal física y psicológicamente enfermo. Ballard lo retrata como un presente y tal vez exagera. Tal vez es solo la locura onírica fruto de una noche alucinógena… Tal vez es sólo ciencia ficción… Tal vez es sólo cuestión de tiempo…

Yo, en cualquier caso, no dudo de la calidad anticipativa, puede incluso que hasta premonitoria, de los argumentos de este genial libro.

© Javier Iglesias Plaza, (1.333 palabras) Créditos