LA CIUDAD DE LAS ILUSIONES
LA CIUDAD DE LAS ILUSIONES Ursula K. LeGuin
Título original: City Of Illusions
Año de publicación: 1967
Editorial: EDHASA
Colección: Clásicos Nebulae nº 10
Traducción: Rubén Masera
Edición: 1989
ISBN:
Precio: ---

Nota: De cuando en cuando me da por coger al azar los libros más veteranos de mi biblioteca, en este caso estamos hablando de un libro que adquirí en 1989, y releerlos de nuevo. Si ya hay un comentario en el Sitio no vuelvo a escribir nada al respecto, pero a veces no recuerdo que ya estuvieran reseñados y algo escribo sobre ellos, bienvenida sea pues la nueva aportación. Lo peor de todo es, por supuesto, haberlos leído en su tiempo, haber escrito el comentario correspondiente, y volver a repetir el proceso años después. Este es el caso, ya en 2002 releí y comenté LA CIUDAD DE LAS ILUSIONES, y seis años después lo he vuelto repetir el proceso. Lo que me queda claro es que la novela me sigue sin gustar, de otro modo hubiera tenido el recuerdo más fresco, y por otro que las razones que me desagradan ahora son diferentes de lo que percibí hace seis años. En cualquier caso, resulta un experimento curioso.


Mi postura ante todo lo que tenga que ver con las paraciencias es clara y bien conocida: son simples tomaduras de pelo sin ningún fundamento y usadas, en demasiados casos, para estafar unos buenos dineros a gentes inocentes o simplemente necesitadas de creer.

Nunca, en ningún momento de la historia de la humanidad, se han aportado evidencias de que la telepatía, telekinesis, levitación o cualquiera de esos fenómenos psíquicos de barracón de feria sean más que anhelos inalcanzables. Si alguien todavía duda acerca de ello no tiene más que mirar a su alrededor y buscar a un telépata, o a un levitador habitual. Puede que alguien le hable de un conocido que tenía un familiar que en cierta ocasión tuvo una experiencia realmente sorprendente. Lo sorprendente es que siempre le ocurra al familiar del conocido de un amigo y todavía haya quien se siga aceptando como ciertos semejantes embustes.

Hace poco hablé de lo mismo respecto al libro EN LA CIMA DEL MUNDO de James Tiptree Jr. El uso de estos recursos en novelas que en un principio tratan una ciencia-ficción más reflexiva, alejada de los tópicos de la space-opera y centradas en dar una visión extrema del ser humano, no hacen más que desacreditarlas en gran medida.

A diferencia de otras obras en las que se especula con la materialización de las más abstrusas propuestas de la ciencia, no se juega con una posibilidad teórica, sino con afirmaciones categóricas, dando por ciertos tales fenómenos sin ningún punto crítico. Ciertamente habría que pensar entonces que se trata de obras de corte más fantástico, novelas en las que las cosas ocurren porque si, no porque haya detrás de ellas un esfuerzo, intelectual y físico, que las haya conformado.

En LA CIUDAD DE LAS ILUSIONES, Ursula LeGuin echa mano del recurso facilón de la telepatía y la adivinación para dificultar aún más, si cabe, el viaje iniciático en busca de su origen de Falk, el extraño extranjero encontrado en el bosque por los apacibles miembros de la Casa de Zove. Falk no recuerda nada, no sabe quien es, su estado mental es más el de un bebe que el del adulto. Y además tiene ojos de gato. Pese a todo, Metock, Parth, Thurro, el propio Zove y todos los demás le acogen, le enseñan, y le dan una nueva personalidad, la de Falk. Pero se sabe extraño, quiere conocer su origen, y se embarca entonces en un largo viaja hacia Es Toch, la ciudad de los Shing, el Enemigo, con la intención de averiguar quien es realmente. Así, es secuestrado por los hombres de la Casa de Argerd, adoptado por los salvajes nómadas Mzurra, acogido por el loco Príncipe de Kansas, y cuando llega finalmente a Es Toch, se ve envuelto en una gruesa telaraña de temor, mentira y traición.

El escenario que plantea Ursula LeGuin en LA CIUDAD DE LAS ILUSIONES se desarrolla miles de años en el futuro, con el Ecumen deshecho y derrotado por los Shing, y en un planeta Tierra reducido por sus invasores a unas condiciones primitivas y salvajes. Lo realmente interesante de LA CIUDAD DE LAS ILUSIONES es el retrato del miedo que se hace de cada uno de los grupos que pueblan esa Tierra futura, unos por temor a los Shing permanecen silenciosos y casi ocultos, otros se esconden en formidables fortalezas, otros se hacen notar a base de bravuconearía pero sin pasar de unos límites muy bien marcados, otros se esconden en un mundo casi onírico, hasta los Shing tienen miedo porque viven en la mentira y de la mentira y saben que la verdad les hará vulnerables. Todo esto conforma una historia a medio camino entre la crónica de viajes y la paranoia conspirativa... que particularmente no he podido disfrutar a causa de la manía casi obsesiva de todos los personajes por entrar en las mentes ajenas y mostrar u ocultar la suya propia dependiendo del humor del momento. Un recurso facilón, innecesario y pobremente efectista que no aporta nada a una historia que, a causa de ello, vira su percepción hacia una de fenómenos paranormales.

© Francisco José Súñer Iglesias, 30 de septiembre de 2008 (852 palabras) Créditos

Aburrida, pretenciosa, larga en exceso teniendo en cuenta lo limitado del argumento, esta debe ser la peor novela de Ursula LeGuin.

En un futuro indeterminado, la Liga de los Mundos ha sido destruida y la Tierra se ha visto invadida por los Shings, unos extraños extraterrestres que, aún ajustándose a un rígido código ético que les impide matar, no tienen ningún empacho en mantener a los restos de la humanidad en un estado de civilización cercano al salvajismo.

En este estado de cosas los habitantes de un poblado encuentran a un hombre sin memoria y de extraños ojos. Venciendo las reticencias iniciales es acogido, curado y enseñado, sin embargo Falk, como ha sido bautizado, siente la necesidad de conocer su verdadero origen y parte al cabo de los años hacia Es Toch, la mítica ciudad donde habitan los Shings y donde espera encontrar respuesta a todas sus preguntas.

Si LeGuin se hubiera limitado a aprovechar el accidentado viaje de Falk para asombrar al lector con todas las variantes de refinamiento y salvajismo de las que es capaz la humanidad éste se hubiera convertido en un interesante libro de viajes, pero no, tuvo que encajar grandes dosis de misticismo barato y mal desarrollado, literaturismo espeso y prosa casi sin sentido consiguiendo finalmente un libro del que no hay forma alguna de salvar su primera parte y que, siendo poco exigentes, se puede decir que tiene una segunda parte (la que transcurre en Es Toch) algo más interesante pero sin escapar de la mediocridad, con el añadido fatal de un final tan brusco como poco concluyente.

Como digo una mala y aburrida novela que, en conciencia, no podría recomendar a nadie.

© Francisco José Súñer Iglesias, (279 palabras) Créditos