TIK-TOK
TIK-TOK John Sladek
Título original: Tik-Tok
Año de publicación: 1983
Editorial: Acervo
Colección: ---
Traducción: Cesar Terrón
Edición: 1986
Páginas: 220
ISBN:
Precio: ---

Vigile bien a su robot, compruebe que no va más allá de las tareas encomendadas, cuide de que no barra una y otra vez la casa de punta a rabo, compruebe que no le sigue aspirando los invisibles pelos y escamas de piel que va dejando a su paso, tome precauciones si no recuerda cual fue la última vez que vio un calcetín sucio, póngase en guardia si la paella sabe siempre igual y las patatas fritas tienen exactamente el mismo tamaño. Si además de todo esto su robot empieza a cantar admirablemente, a pintar artísticas composiciones o a interpretar con rara habilidad las obras de Calderón de la Barca no lo dude; corra todo lo que pueda y llame al equipo de desinfección; ¡¡su robot se ha convertido en un peligroso psicópata!!

Este es, en esencia, el camino a la locura del bueno de Tik-Tok, de fiel e indiferente electrodoméstico pasa a ser un artista del asesinato; un implacable ejecutor al que guían por igual el odio y desprecio que siente por sus amos, (que no constructores, a él le construyó otro robot) y la asombrosa sensación que siente al haberse convertido, al fin, en un ser libre, sin la losa de las tres leyes asimovianas que hasta entonces le han mantenido a salvo de los malos pensamientos. ¿Pero realmente era a Tik-Tok a quien mantenían a salvo? Por supuesto que no, son sus dueños humanos los que en tiempos pasados pergeñaron esas tres leyes para evitar que algún día un robot pudiera, aunque sólo fuera accidentalmente, tener la vaga idea de que era posible hacer daño a un ser humano.

Tik-Tok trasciende a todo esto. El paso por sus sucesivos amos, montajes y desmontajes, palizas, y vejaciones varias han acabado por anular las leyes robóticas y Tik-Tok, además de una excepcional habilidad para la pintura, es capaz de sentir, irritarse y asesinar ya no sólo a causa de ese impulso primario sino como pura liberación, e incluso sentido estético. Siguiendo ordenadamente los postulados de Thomas de Quincey; (Uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le dará importancia al robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente), Tik-Tok ya no sólo mata, roba, estafa, se asocia con malechores, miente y acaba por dedicarse a la política.

Sin embargo, el libro va más allá de la simple anécdota del robot asesino. Es una ácida sátira de todos los sistemas esclavistas y, por extensión estas democracias capitalistas donde nos ha tocado vivir, En ellas el robot-esclavo-ciudadano bueno hace lo que el dueño-amo-poder le manda y no se queja, ni se rebela, pero si el robot-esclavo-ciudadano sobresale en algo, empieza a tener su propia indivualidad y despierta el interés del mundo exterior, se convierte en una amenaza para el dueño-amo-poder... que sin embargo acaba por asimilarlo cuando el robot-esclavo-ciudadano se hace rico. La libertad no la ha dado la justa aplicación de sensatos principios éticos; la libertad la ha dado finalmente el dinero.

Esta es una de esas notables novelas que extrañamente sólo se ha editado en España una vez. Desde entonces (ya van para dieciséis años) no ha vuelto a ver la luz, ni de saldo, y cada ejemplar es una joya de la que no hay que desprenderse.

© Francisco José Súñer Iglesias, (579 palabras) Créditos