LA IMAGEN DE LA BESTIA
LA IMAGEN DE LA BESTIA Philip Jose Farmer
Título original: The Image of the Beast. An Exorcism: Ritual One
Año de publicación: 1968
Editorial: Anagrama
Colección: Contraseñas nº 38
Traducción: Antonio Resines
Edición: Diciembre de 1981
ISBN:
Precio: ---
Comentarios de: Iván Olmedo

Cogí el libro entre mis manos con expectación (también me lo había comprado con expectación, tiempo ha, por cierto), no en vano Farmer es quizás el que puedo considerar mi autor favorito; ese autor que, no objetivamente superior a otros, ni por encima de todos los demás, nos hace un tilín especial. Y aún teniendo ciertas razones, no sabiendo exactamente por qué. Abrí fuego y comencé a leer; al terminar el primer capítulo me he dicho: O, esto es brutal, esto es excesivo... así que en vez de continuar con el capítulo número dos... empecé a leer inmediatamente otra vez desde el principio... Como para convencerme de que no era una pesadilla aquello sobre lo que había posado la vista, como para recrearme en la violencia casi gráfica de la introducción y volver a abrir los ojos como platos, asustado y magnetizado a un tiempo.

Se me va a hacer difícil intentar dilucidar mínimamente qué clase de novela es LA IMAGEN DE LA BESTIA. Como en los casos de algunos otros trabajos de Farmer los primeros adjetivos que se me vienen a la mente son del jaez de: alucinante, salvaje, desmesurado, grotesco o bizarro. Y no es para menos; el que ya la haya leído, entenderá mis calificativos; el que no, debe saber que nada de exageración hay en ellos.

En todo caso, la propia novela es un cúmulo de exageraciones masturbatorias (en un sentido de la palabra muy amplio) que Farmer no duda en desencadenar. Corren por estas páginas personajes de textura correosa y una sudorosa inmediatez física: vampiros calientes y mentalmente inestables, licántropos usados como máquinas de sexo, fantasmas que se materializan para follar, fenómenos de circo, sin circo, dignos de una Troma Movie; además de un protagonista detective aficionado a las novelas de detectives, y un trasunto del único e incomparable megafreak Forry Ackerman (al que está dedicado el libro). Todo ello en un escenario de esencia cienciaficcionera, quizás como mero reclamo, o puede que solamente para ambientar la trama (la idea del smog cuasi apocalíptico que cubre las calles y no deja de ser un personaje más de la historia, es sencilla, pero efectiva) y empapado en un tono inicial de novela negra que deja paso a un cóctel macabro y alucinante, incluyendo referencias variadas a iconos y presencias literarias: Sam Spade, Mike Hammer, Drácula (referencia quince millones trescientas veinticinco mil ochocientas treinta y dos, por ejemplo), Weird Tales, etc... y por si fuera poco, todo ello puntuado por unas cuantas de las descabelladas y salvajes ocurrencias de Farmer, que hay que leer para creer. De hecho, un post scriptum de Theodore Sturgeon abunda, sorprendido y regocijado, en las alabanzas hacia la privilegiada imaginación del autor.

Hay otra palabra a mencionar en el repaso a la obra que me ocupa, y esa palabra es pulp. Auténtico y genuino pulp: escenarios, personajes, sensación de que todo cabe en la consecución de la obra, imaginación desatada y dejada ir a sus anchas, sin prejuicios, sin molestarse en buscar fórmulas discretas o manoseadas. Decir esto no es decir que cualquier paja mental es válida (aunque estoy seguro de que muchos tacharían a Farmer de pajero mental), sino que los límites del buen gusto, de lo establecido y de lo permitido, entre comillas, no existen para el autor. No sólo posee una fecunda imaginación, sino que deja que ésta vaya por donde le apetezca. Y ese camino suele ser el de lo sexualmente grotesco, o lo alucinantemente lujurioso. En palabras más llanas: Farmer es un cachondo al que le hierve el cerebro de tanto imaginar marranadas.

Y dejando lo venéreo para volver a lo pulp, ¡qué regocijantes nombres típicamente pulp para algunos de sus personajes! tales como Hamlet Jeremiah, Woolston Q. Heepish, u O´Riley O´Faithair. No me negaréis que tienen su encanto, a pesar de que la novela no es, precisamente, encantadora.

¿Debo sacar alguna conclusión acerca de LA IMAGEN DE LA BESTIA, subtitulada UN EXORCISMO: RITUAL UNO? ¿Algún resumen de cuatro o cinco palabras que emparente esta obra con otras ya conocidas, o que prepare al incauto lector y lo guíe sin posibilidad de error hacia lo que se puede encontrar? Pues me siento incapaz; las novelas sorprendentes hay que leerlas y sopesarlas internamente, intentando que lo inesperado no desequilibre nuestros, muchas veces, atrofiados parámetros de lectura. He intentado comentar lo que se comenta sólo, una vez conocida la obra. Es decir, que, en este caso, casi sobran las palabras. Por mucho que yo diga, me voy a quedar corto.

Así que a leer al Maestro de la Desmesura, en vez de estar leyéndome a mí.

© Iván Olmedo, (769 palabras) Créditos