LA ZONA ENVENENADA
LA ZONA ENVENENADA Arthur Conan Doyle
Título original: The Poison Belt
Año de publicación: 1913
Editorial: Anaya
Colección: Tus Libros Selección, nº 80
Traducción: Nuria Hernández de Lorenzo Aurelio Martínez Benito
Edición: 2015
Páginas: 208
ISBN:
Precio: 10 EUR
Comentarios de: Jordi García

Estira esta novela una situación única: la Tierra, en su rotación y traslación, se encuentra con un extraño gas que mata a todo ser viviente. El profesor Challenger y sus amigos se refugian en su casa aguardando el, al parecer, inevitable fin.

Es relativamente fácil ver la relevancia y el efecto que este relato pudo tener en la época en que fue escrito, en 1913, cuando la ciencia estaba aún muy lejos de los avances que experimentaría vertiginosamente a lo largo del resto del siglo. El miedo a lo desconocido, que hoy ha adoptado nuevas formas, forzado por estos avances científicos que excluyen posibilidades más maravillosas y aterradoras, era en aquella época un miedo que acechaba en cada esquina, en cada nueva enfermedad descubierta, en cualesquiera hechos inexplicables que hacían acto de presencia en las vidas de los humanos, sobretodo los occidentales. La magia y lo oculto al conocimiento de los hombres aún ocupaban el terreno que ocuparía la ciencia en años venideros, razón por la cual el relato de Doyle no podía ser menospreciado como una mera fantasía fruto de la imaginación del escritor.

El relato de Doyle, pues, debió parecerle a sus contemporáneos terriblemente plausible. La intención de Doyle queda resumida en las páginas finales del libro: ofrecer un relato que hiciera cuestionarse la primacía del hombre en el universo, que le hiciera aceptar humildemente cuanto de desconocido acechaba en la realidad en que vivía.

EL CINTURÓN VENENOSO

No obstante, el relato tiene, visto hoy, dos defectos enormes. Uno, el lector de ahora sabe sin lugar a dudas que la tragedia que se ha cernido sobre la humanidad pasará, de un modo u otro, por encima de los personajes, dado que hoy sabemos que existen más novelas con ellos como protagonistas. Razón por la cual uno está más pendiente del cómo se van a salvar que de si realmente se van a salvar o morir en el intento, como el resto de la humanidad. Y dos, Doyle no se atreve a llevar hasta sus últimas consecuencias el planteamiento del relato: tras mostrar como el resto de la humanidad ha perecido y algunas ciudades han quedado devastadas por incendios y catástrofes mil, fruto del desplome aparentemente final de sus habitantes, el escritor no se atreve a consumar el apocalipsis total y absoluto. Porque, para salvar a sus personajes, realiza una pirueta consistente en hacer que el gas no haya matado a nadie, sino que haya mantenido dormida a la humanidad durante 24 horas. Visto ahora y hoy, el desenlace resulta decepcionante y un tanto facilongo. Pero es muy relevante como espejo de una época y suscita cuestiones de índole filosófica que, aún hoy, siguen teniendo cierta relevancia, por más que lo desconocido haya adquirido otro carácter. Y es que la humanidad no ha perdido la arrogancia contra la que alerta Doyle con el relato, como atestiguan las condiciones climáticas y sociales en las que vivimos.

© Jordi García, (483 palabras) Créditos