CLARA Y LA PENUMBRA
CLARA Y LA PENUMBRA José Carlos Somoza Ortega
Título original: ---
Año de publicación: 2001
Editorial: Planeta
Colección: Autores españoles e iberoamericanos
Traducción: ---
Edición: Diciembre 2001
ISBN:
Precio: 17 EUR

CLARA Y LA PENUMBRA en el resbaloso sendero del slipstream

CLARA Y LA PENUMBRA de José Carlos Somoza funciona como ciencia-ficción no sólo porque asume sus premisas y asume sus características, sino porque se desenvuelve y discurre por sus ensueños y pesadillas, crea una realidad alternativa que no retrocede ante ningún evento y de paso inventa cualquier artilugio requerido para plasmar su singularidad, pero asimismo refleja también las cicatrices de nuestra percepción domesticada por el conformismo, ya que admitimos como premisa motorizadora la propuesta por el autor no exenta de cierta fascinación masoquista de la pintura hiperdramática, que se sintetiza en la utilización de modelos humanos como lienzos mediante la humillación permanente, la prolongación del dolor físico, la licuefacción de la intimidad y la impronta psicológica de la obediencia. Y como gozamos luego al correr de las paginas que se hacen cortas.

En simultánea ataca con furia al 1%, centrándose sobre todo en la codicia, la insensibilidad del bloque de poder, su absoluto naufragio conceptual, estético y emocional frente al arte, asimismo expone la docilidad con que los organismos sociales obedecen sus dictados y también arremete contra la continuidad de la impunidad ante los latrocinios que cometen y como se adaptan para que una vez conseguidos sus fines se emita la disculpa adecuada señalando que los latrocinios cometidos se corresponden con ciertas necesidades de la gente... como trabajo, pan en la mesa y cierta tranquilidad. Pero siempre y cuando les sea conveniente para la reproducción de la situación de sometimiento que requiere su sistema de exacción y el equilibrio entre los rebeldes y los obsecuentes que reciben la catarata de sus proclamas y mentiras. Algunos dirán que es un thriller pero solo han seguido el aroma de lo aparente, de la investigación policial que busca identificar al asesino serial (disculpadas las horrorosas mutilaciones que acomete por tratarse de propiedades despersonalizadas) cuando lo que importa es el gran tinglado que se monta la pesquisa para que suceda el descubrimiento del ejecutor.

Y es que la ficción —ni siquiera en la llamada novela histórica— ni logra ni debe parecerse a la verdad de la realidad, por lo cual hasta que se instale punto Jonbar que servirá de pivote para que cristalice a su sombra una dimensión novísima, atractiva y atrapante deviene en una falsedad a la que se le ven las nalgas, por eso desde el inicio del texto a medida que se van desplegando coherentes mecanismos sociales que funcionan sólo en esa sociedad alternativa creada por Somoza van extrayendo esquemas inéditos apoyados en una cascada de artilugios, aparatos, tecnologías y se rediseñan o se crean rutinas, costumbres, valores y gadgets, los cuales a medida que se desenrrollan e invaden los pliegues de lo cotidiano —mientras crean conocimiento sostenido, costumbres permanentes y apetencias asiduas en específicas premisas— se plasman en constructos inusitados que surgen bajo su influencia exclusiva y a su influjo se ramifican permeando la estructura social, que incorpora a quienes fracasan como lienzos a tareas rutinarias como adornos, muebles o platos, entonces sabemos que viajamos por una novela de ciencia ficción, mordaz y escalofriante, anclada firme en tendencias actuales de la trata de blancas, que así pude observarse el comercio de lienzos vivos por mas sofisticado que parezca el comercio articulado de los mismos por los grandes bancos.

Eso ocurre a lo largo de sus páginas convirtiéndola en una novela excepcional, de una bravura honesta que lleva a sus máximas consecuencias lo que sucedería si el body art se hubiera convertido en la corriente principal del arte, con un desmesurado incremento del tinglado omnipresente y viscoso que impregna cada rincón de la estructura sociocotidiana y sabemos que para que ocurra hay que resignificar a los conceptos y las personas que los encarnan, en cierta forma degradarlas en sesiones implacables para remoldearlas y puedan alquilarse o venderse en términos que aniquilan sus derechos, ya que hay soportar torturas y asistir voluntariamente a jornadas donde capacitan para lograrlo, es una especie de esclavitud a voluntad con recompensa monetaria, y de remate burlar a la ética convirtiendo la humillación en renacer y el dolor en parto por medio del cuerpo entregado al neoarte con todo lo que de esa afirmación se deriva.

Y todo eso servido mediante un fraseo brillante, en una espiral de sensualidad envolvente, deviniendo en un producto agradable (con lo cual te convierte en cómplice) sin alardes y sin embargo profundo, no esquiva la reflexión filosófica y siembra de interrogantes fecundos sus párrafos, construyendo un grupo de personajes que igual nos atraen y nos repelen al mismo segundo y las motivaciones que los impulsan brotan en consonancia con el particular universo que nos propone el autor logrando así conjugar intención literaria con mensaje implícito, con lo cual adquieren la categoría de seres vivos, de personas, aún en aquellos que más crueles y deshumanizados se presentan. Deslumbra pero no hipnotiza, fulgura pero no enceguece. Desea que seamos conscientes, que sentipensemos, llama a la reflexión sobre el inexistente bisturí capaz de separar pintura hiperdramático de persona demolida que posa en jornadas extenuantes, vejada, adolorida y doblegada.

Inteligente y plagada de resplandores compitiendo con oscuridades, avanza con una prontitud que nos obliga a contar las páginas porque queremos que dure más, es una trampa que nos convierte en adictos y esa fluidez que no puede confundirse con facilismo artificioso queda manifestada en las descripciones jugosas y atiborradas de guiños que igual desnudan a un personaje, que a una tecnología o una situación, Absolutamente recomendable.

© Luis Antonio Bolaños De La Cruz, (979 palabras) Créditos

En nuestro país, Spain is different, sesudos catedráticos y críticos de reconocido prestigio se esfuerzan con saña pertinaz en relegar la ciencia-ficción a la categoría de subliteratura. Ello demuestra su ignorancia real dado que ciencia-ficción, per se, carece de definición, perdón, quise decir que todos y cada uno de los fans consideramos la nuestra como única aceptable.

Con ello se generan muestras evidentes de lo que denomino ciencia-ficción vergonzante, me explico: El Premio Sant Jordi 2003 (el más prestigioso de las letras catalanas) se otorgó a Hèctor Bofill por L'ULTIM EVANGELI (EL ÚLTIMO EVANGELIO) al que el 99,99% de nosotros llamaríamos ciencia-ficción, en la novela que comento, Premio Fernando Lara 2001, quizás sea mayor la discrepancia pero yo la veo como tal y, sin más, procedo a comentarla (que no analizarla)

La acción transcurre en el año 2.006 en el ámbito del HD o hiperdrama. Ya nadie pinta sobre lienzo, los cuadros son personas de carne y hueso. Ser modelo (los llaman lienzos), una profesión muy dura, exige gran entrenamiento pues deben exhibirse inmóviles y pintarrajeados sobre una capa previa de imprimación en la pose, a veces antinatural, y con la expresión que marque el pintor.

La imprimación cubre TODO el cuerpo y sus cavidades y recovecos: esclerótica, reverso de los párpados, lengua, interior de la boca, orificios nasales, ano, vagina, etc. Toman fármacos inhibidores de saliva, lágrimas, sudor, micción y defecación. Pero pintar consiste en presionar psicológicamente al modelo hasta lograr, como respuesta, la expresión exigida por el creador, logro que se alcanza tras varias sesiones implacables. A considerar que José Carlos Somoza es psiquiatra y se recrea en la descripción de tales sesiones. El orgullo patrio surge con el personaje de una pintora famosa, Vicky Lledó, y la Clara del título, también española, apellidada Reyes.

Otrosí: Quienes no llegan a modelos sirven como adornos, mobiliario o servicio, pintaditos ellos, oiga usté, sirven como lámpara, silla (sí, se sientan sobre ellos), mesa (sujetando una tabla), sirviendo alimentos y otras lindezas. En reuniones de alto nivel se les tapa los oídos y, en ocasiones, los ojos. La última moda de un decorador sueco son Las Lenguas, que lamen los zapatos a los asistentes. Debo confesar que, para mí, tales accesorios no refuerzan el entorno sino que caen en la más grotesca de las auto-parodias. Tampoco encajo las cifras, ¿cientos de miles sirviendo como persona-objeto?

La trama gira sobre el brutal asesinato de una modelo en Viena para continuar en Amsterdam donde matan por idéntico sistema a los componentes de otro cuadro del mismo pintor, auténtico gurú del HD. Conclusión de rigor: psicópata habemus. Cada personaje importante está muy bien definido y posee entidad propia; queda muy claro el porqué de sus reacciones y comportamiento. Comentarios sobre el entorno como captación de ingresos millonarios, distintas corrientes artísticas, p.ej. interactiva, art-shock, humanismo, etc. y las ilegales, en especial arte manchado, dan cierta verosimilitud a la concepción del relato.

Dictamen subjetivo: No reniego de su lectura pero entre mis prioridades a corto y medio plazo no figura la de releerla.

© Hermes Macmalnat, (645 palabras) Créditos

Es curioso y alentador comprobar que la ciencia-ficción va ganando terreno fuera del círculo cerrado del fandom. Novelistas españoles generalistas, se acercan al genero fantástico sin ningún tipo de complejos ni problemas, llegando incluso a ganar premios literarios importantes con novelas de temática fantástica.

José Carlos Somoza, cuba 1959, es un novelista que ha ganado múltiples premios; La Sonrisa Vertical en 1996 con EL SILENCIO DE BLANCA o el Café Gijón con LA VENTANA PINTADA y con esta novela, CLARA Y LA PENUMBRA, se alzó ganador del Fernando Lara de Novela en 2001. La historia que nos cuenta Somoza es ciencia-ficción en estado puro y duro. No tenemos naves espaciales, ni astronautas, ni extraterrestres, pero si tenemos ficción, es una novela claro, y ciencia, una ciencia artística, el arte hiperdramático, que utiliza personas como lienzos. Aunque en toda la obra se habla de pinturas y cuadros, casi sería más acertado hablar de esculturas humanas.

El arte hiperdramático, que nos explica Somoza, esta basado en la consideración de que las personas durante su trabajo como obras artísticas son meros objetos. Todo se vende y todo, por tanto, se puede comprar. Los lienzos son tratados como objetcs d´arts, pero sólo como eso. Es decir su función y su utilidad es simplemente decorativa y como tales se les conserva y guarda. Su personalidad es anulada en función de un supuesto arte que expone a la persona como un objeto, al que se puede poner en posiciones extremas y que, generalmente, se muestra desnudo y pintado.

El personaje de Clara va a participar en una exposición creada por uno de los autores de mas éxito de este arte. Para ello deberá de pasar una serie de pruebas y modificaciones corporales que expresan un componente masoquista patológico.

Si recordamos la novela ¡HAGAN SITIO, HAGAN SITIO! o su trascripción fílmica SOYLENT GREEN, veremos que CLARA Y LA PENUMBRA es una vuelta de tuerca extrema de las premisas que exponía Harrison. Mientras que en la novela sólo vemos a las chicas muebles, que se alquilan junto al mobiliario de los apartamentos en clara connotación sexual, aquí son muebles de verdad humanos. Los menos favorecidos o viejos para la profesión de cuadros, pasan a ser objetos como lámparas, sillones, mesas y una amplia variedad de artefactos decorativos.

La novela, aparte de reflejar estos límites artísticos, se mueve en una trama de investigación policíaca y detectivesca respecto a la desaparición y mutilación y asesinato de obras artísticas de un autor en concreto. El autor nos da dos formas de ver estas investigaciones. Por una parte la policía busca al asesino porque ha matado a personas. Lo malo es que los investigadores privados de las fundaciones artísticas los buscan porque han destruido obras artísticas, que están al mismo nivel que la Mona Lissa. Una muy lucida reflexión sobre lo que representa el ser humano para estas multinacionales: solo y exclusivamente se implican en la investigación por el valor crematístico de estas obras, y su consecuente pérdida al ser destruidas.

Obra muy recomendable para el aficionado a la ciencia-ficción o para cualquier aficionado a las buenas novelas. Habrá que tener en cuenta a Somoza de aquí en adelante.

© Alfonso Merelo, (531 palabras) Créditos