CHOCKY
CHOCKY John Wyndham
Título original: Chocky
Año de publicación: ---
Editorial: Felmar
Colección: La Fontana Literaria nº 73
Traducción: José Real Gutiérrez
Edición: 1978
Páginas: 225
ISBN:
Precio: ---
Comentarios de: Jordi García

CHOCKY parte de una premisa que fácilmente podría haberse prestado a un desarrollo que condujera el relato a inscribirse en el género de terror: un niño de 11 años empieza a demostrar habilidades más allá de lo propio en niños de su edad, y a hablar con un personaje imaginario al que denomina Chocky. La lógica inquietud que provoca en sus padres hace que lo lleven a ser examinado por diferentes médicos, en busca de la razón que puede haberlo llevado a elaborar esa fantasía.

El inquietante planteamiento de la novela podía haber llevado al autor a elaborar un relato de indagación psicológica de los terrores más innombrables que anidan en la mente humana, llevado por la sutilidad a la que la premisa se prestaba con facilidad. Pues si uno de los miedos más ancestrales del hombre es el de todo aquello desconocido y diferente, todo lo que choca de frente con las muchas veces convencional concepción de lo real que tiene el ser humano, una violentación instalada en la cotidianeidad más apacible como la que plantea la novela era campo abonado para la mencionada exploración de la psique y la sociedad humanas. No era necesario, tampoco, recurrir a efectos sanguinolentos, a echar mano de entes diabólicos de uno u otro pelaje (alienígenas, espíritus malignos o vengativos), para provocar inquietud en el lector. Por desgracia, Wyndham recurre al extremo más alejado de esta última opción, con resultados igualmente deficitarios. Si el exceso de hemoglobina tan característico de los autores de terror literario contemporáneos habría provocado un efecto distanciador, por hiperbolizado, en el lector, el uso del almíbar y el azúcar por parte de Wyndham tiene la negativa virtud de despojar al relato de toda mordiente psicológica, dicho literalmente en el sentido de atacar las zonas oscuras de nuestro psiquismo.

El relato, no obstante, parece empezar en esa dirección, puesto que a la lógica preocupación de los padres del niño protagonista, siguen las indagaciones psicológicas a las que el padre quiere someter al niño, en contra de la opinión de la madre. Pero el primer signo del cariz que tomará el resto del relato sobreviene cuando el niño rescata a una niña de morir ahogada en un río. Se empiezan a desvanecer entonces las posibilidades de la existencia de un ser maligno instalado en la conciencia del niño. Con ello, la inquietud que hasta ese momento parecía sobrevolar por el relato empieza a desaparecer en las nubes de un desarrollo posterior escasamente tormentoso. Aunque existe un comentario sobre la rapacidad de los medios de comunicación, y hasta llega a hacer acto de presencia un secuestro, todo se resuelve con una amabilidad más propia de película Hollywoodiense con final feliz. Whyndham desaprovecha la posibilidad que ofrecía el episodio del secuestro para rescatar al relato, ni que hubiera sido haciendo uso de otra posibilidad comercial sin garra, como hubiera sido la de una lucha angustiosa para liberar al niño de sus secuestradores, de la mansedumbre con la que se había desarrollado hasta el momento; y hecha por la borda el episodio de los dibujos del niño, ya que, a pesar de unos momentos en que la inquietud parece haber vuelto a hacer acto de presencia, lo resuelve de manera harto confortable. En la resolución del relato descubrimos que Chocky es un alienígena, que viaja por los confines del Universo en forma de pensamiento, buscando un planeta que albergue las condiciones para que su raza pueda vivir.

La Tierra no tiene las condiciones climatológicas para ello, pero alberga vida inteligente, y los alienígenas, mucho más avanzados que los terrestres, creen su obligación ayudarlos a desarrollar esa inteligencia para la consecución de un objetivo beneficioso para la raza. Chocky pretendía inspirar y ayudar al niño para que, a su debido tiempo, descubriera una forma de energía infinita que permitiera desarrollarse a la raza humana sin que consumiera los recursos finitos del planeta, y lo hiciera de manera ecológica. Por desgracia, el alienígena desató unos acontecimientos que hicieron focalizar la atención del mundo en el niño, haciendo imposible su objetivo, ya que dirigió los ojos de los poderosos que poseen los recursos energéticos del planeta hacia el muchacho, y de entonces en adelante estos harían lo imposible para hacerse con el secreto de la nueva fuente de energía o evitar su desarrollo.

La mención a estas previsibles luchas, al uso insensato de las formas de energía por parte de los humanos, a su escasamente sensata inteligencia, la visión de los medios de comunicación, y un párrafo en el que se habla de las desilusiones que hacen acto de presencia al crecer y darnos cuenta de que uno vivía en un mundo que podía otorgar honor donde no lo había y en el que no había integridad en ningún sitio, son los únicos apuntes, meras notas a pie de página en cuanto a su intensidad, de un relato complaciente y escasamente molesto, que se diluye en unas opciones narrativas que parecen dirigirse a un público lector para el que la literatura es un mero entretenimiento. Aunque permanece la duda de si Wyndham lo escribió así por voluntad propia o por complacer a sus lectores.

© Jordi García,
(857 palabras) Créditos Créditos