LA MÁQUINA DEL TIEMPO
LA MÁQUINA DEL TIEMPO H. G. Wells
Título original: The Time Machine
Año de publicación: 1895
Editorial: Grupo Anaya
Colección: ---
Traducción: Nellie del Manso de Zúñiga
Edición: 1999
ISBN:
Precio: 8,80 EUR
Comentarios de: Jordi García

Sorprende al leer LA MÁQUINA DEL TIEMPO su voluntad de escapar a los patrones de la narración aventurera sin más, transmitidos desde la publicación de este relato en tantos y tantos relatos y películas que tienen como razón de ser los viajes en el tiempo. Más interesado en la especulación filosófica, Wells apenas hace uso de los estilemas que dominarán las aventuras de los crononautas posteriores. Si bien es cierto que el viajero de su novela afronta peligros, al enfrentarse a los Morlocks, no lo es menos que su carácter heroico no se supedita al del típico salvador de la humanidad, que consigue todo lo que se propone y, de paso, seduce a la chica, permaneciendo a su lado de una u otra forma e imponiendo su visión de talante imperialista como correspondería a un súbdito de los tiempos de la reina Victoria. Sabido es el talante socialista de Wells, pero ni siquiera el final abierto de la novela nos puede llevar a firmar que el viajero ha regresado para hacer abrir los ojos a la sociedad de los Eloi.

A pesar de ello, Wells no deja de exponer las ventajas y las desventajas de la existencia de una sociedad como la de los Eloi, tan fría y deshumanizada, tan desprovista de pasiones que ni siquiera el instinto sexual es vivido en toda su esplendorosa dimensión. Si a primera vista la sociedad del futuro es un paraíso en la Tierra, este paraíso, esta sociedad casi aparentemente perfecta, sólo empañada por la existencia de los Morlocks, es una Utopía indeseable, aburrida y negadora de las pasiones que nos convierten en verdaderos seres humanos. Como en la UTOPÍA de Thomas More, la perfección es sólo una percepción del observador llegado por primera vez a unas tierras idílicas, y que, a poco que se rasque en la superficie, revela su engañosa condición de ideal al que dirigir los esfuerzos de la sociedad. Pues, en efecto, con todos sus conflictos de toda clase, es mucho más deseable una sociedad que ve constantemente puestas a prueba sus nociones de humanidad, que es capaz de proteger esta humanidad de los ataques que ella misma se autoinflinge, y que, sobretodo, valora los productos surgidos del intelecto de la propia especie, que una sociedad como la de los Eloi, donde la vida de sus semejantes no vale nada y es incapaz de despertar ni el más mínimo asomo de piedad y solidaridad, y donde la lucha contra el agente destructor externo consiste en una pasiva aglomeración en los templos derruidos al caer la oscuridad. La cultura, todo aquello surgido del alma del hombre, es despreciado, abandonado para pudrirse bajo los efectos del tiempo, olvidado por unos seres que solo viven para satisfacer sus necesidades más primarias. La evolución de la especie se ha trocado en una involución tristísima, que nos recuerda cual es el precio de la desidia y del autocontentamiento.

El otro aspecto sorprendente de la novela es que Wells elude el elemento que más a menudo se ha repetido en las narraciones de viajes en el tiempo, y que es parte de su permanente atractivo para los creadores y lectores/espectadores de todas las épocas: la paradoja. La novela fundadora del género elude por completo la inclusión de una paradoja temporal, quizás porque probablemente hubiera conducido la atención del lector a un aspecto puramente mecánico que hubiera ocultado el mensaje filosófico que fue la mayor preocupación de Wells al escribir un relato que se convertiría en el clásico que es hoy.

© Jordi García, (651 palabras) Créditos