¿QUÉ SON LA FANTASÍA Y LA CIENCIA-FICCIÓN?
por Lázaro Betán
LA CANCIÓN DE LAS ESTRELLAS

No conozco a nadie, relacionado de un modo u otro con el género, a quien no le hayan preguntado alguna vez: ¿Qué es la Ciencia-Ficción?

En respuesta a esta pregunta barata y recurrente, recuerdo un buen número de respuestas, generalmente en forma de forzadas definiciones, de esas que ni tan siquiera dejan satisfecho al que las pronuncia.

Pero he escuchado tantas veces esa pregunta y tantas definiciones encajadas con calzador, preparadas de acuerdo con las circunstancias para cubrir el expediente, que he llegado a mis propias conclusiones.

Mis propias conclusiones, insisto.

También a mí me han planteado en muchas ocasiones cuestiones relacionadas con la definición del género, pero jamás he intentado resolverlas con una o dos frases palmarias.

Resulta que yo amo, profundamente, el género fantástico, en todas y cada una de sus manifestaciones, y es imposible definir ese sentimiento con una, dos, con un centenar de frases más o menos inspiradas. Es absolutamente imposible.

Ahora bien, ¿cuantas personas relacionadas con el género aman verdaderamente el género, y cuantas sencillamente intentan alcanzar determinados fines mediante su manejo? Evidentemente, voy a decir que no lo sé, es lo más correcto, pero, ¿a qué es una pregunta interesante e incómoda, de esas que todos escuchan pero nadie quiere responder?

Yo siempre escribo Ciencia-Ficción y Fantasía con mayúsculas. En cierto modo, es una forma indirecta de expresar lo que esas palabras significan para mí, un modo casi inconsciente de dejar patente lo que siento por el género. Soy amigo del género, le entrego mi amistad y no espero demasiado a cambio. Llevo un buen montón de años demostrándolo día a día, incluso a mí mismo, que es a la persona a quien más me interesa demostrárselo.

Producir con dignidad que, evidentemente, no significa regalar nuestro esfuerzo, sí implica el compromiso de establecer conexión, de compartir a sabiendas de que lo que pretendemos compartir no es un muestrario de nuestras manías.

Así pues, como me considero un buen conocedor del género en sus diversas manifestaciones, no dejo de observar como evoluciona con una mezcla de optimismo y preocupación.

Últimamente, como no podía ser de otro modo, estoy muy interesado por la Fantasía y la Ciencia-Ficción cuando se asoman a la gran pantalla.

En el año 2002, sobre el que estamos sentados, todo lo podemos representar virtualmente sobre las pantallas de un ordenador y por ende de una sala de proyecciones. Y digo TODO. Eso es, en primera instancia, bueno, en segunda instancia también bueno, bueno en tercera y cuarta y quizás, si hay una quinta instancia, pues algo problemático.

Este último rincón para el desasosiego queda reservado para los guionistas y realizadores que no tienen absolutamente nada que contar, pero disponen de un buen presupuesto. Entras al cine, permaneces en la sala alrededor de dos horas, y te marchas tras haber disfrutado de una buena sesión de fuegos de artificio. ¡Menos da una piedra, se dice en estos casos!

Este hecho, producto de la borrachera informática, es digno de mención, es lamentable. y punto. Todo empieza y finaliza en la misma obra, dejándonos el consuelo de que, si la técnica sigue permitiéndoselo, quizás en otra ocasión tengan algo que contarnos. A fin de cuentas, los castillos de fuegos artificiales no precisan demasiado guión.

Hay un caso que me preocupa mucho más. Un caso que se da mucho más a menudo, que se castiga en la taquilla, pero que influye negativa y contundentemente en la percepción que del género tienen, por un lado los que han de apoyarlo económicamente, y por otro los que han de rubricar con el pago de sus entradas la viabilidad de futuros proyectos.

Y volvemos a la definición de Fantasía y Ciencia-Ficción. Y volvemos a lo que representa amar el género fantástico o solo dejarse fotografiar junto a él, con vistas a proyectos de otra naturaleza.

La cuestión tiene que ver, directamente, con determinados autores, guionistas y realizadores que se cobijan bajo los estandartes del género pero, el realidad, lo consideran un género de paso, una manifestación literaria o cinematográfica de segunda categoría, con despachos en el subsuelo pero unida mediante una tortuosa escalera de caracol con instancias superiores, para ellos más dignas. Instancias para las que sueñan estar capacitados cuando, en realidad, nunca lo estarán.

¿Dónde hoy hay un tebeo, mañana habrá un libro?

Este despreciable proceder, se agrava cuando el arquetipo de quienes lo detentan coincide con el de los que deben su poca o mucha notoriedad a la plataforma que íntimamente desprecian. Y aún es más lamentable percatarse de casos en que, algunos de estos personajes, son simples tuertos encumbrados en el país de los ciegos.

Estas obras, porque obras son tanto las que se realizan como las que simplemente se perpetran, son una muestra de la personalidad de sus autores: vacías, autocomplacientes y egocéntricas, grandilocuentes y esperpénticas, desenfocadas y pomposamente reñidas con el interés de los lectores, de los espectadores y de cualquiera que no sea el propio autor.

No es el aspecto y tamaño de nuestros ombligos lo que interesa al lector/espectador, sino la grandeza imaginativa del género en todo su esplendor, es la posibilidad de potenciar al máximo el sentido de la maravilla, ese sentido que nos distingue y adorna, que muchos escritores o realizadores (estos términos son, lo sé, muy ambiguos) dicen poseer cuando en realidad no tienen ni la más remota idea de lo que es o significa.

EL QUINTO ELEMENTO

Para que la Fantasía y la Ciencia-Ficción se engrandezcan, para que los espectadores que abarrotan las taquillas de las salas cinematográficas, en las que se proyecta EL QUINTO ELEMENTO, LA AMENAZA FANTASMA o EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, se aficionen de verdad al género, no podemos convertir nuestras invendibles neuras literarias en guiones que únicamente nuestros más allegados fingen digerir. Porque si bien un editor puede malvivir vendiendo menos de un millar de ejemplares del acomplejado de turno, un productor, por miope y obnubilado que pueda llegar a ser o estar en un momento dado, no financiará dos veces el mismo despropósito o, más explícitamente, no podrá.

Un género poco tratado es un sendero al país de las maravillas, pero un género mal tratado es un pestilente callejón sin salida, que nadie desea transitar. Lamentablemente esto no es Hollywood, aquí no hay posibilidad de hacer pruebas hasta conseguir un acierto (en realidad, en Hollywood tampoco), y solo es posible acertar cuando se narra literaria o visualmente algo que interese a la mayoría. Las posibilidades se reducen cuando se narra para unos pocos, y cuando alguien narra para sí mismo las posibilidades son nulas.

El problema de este tipo de escritor/realizador (muy común en los círculos excesivamente cerrados) es que no supone un riesgo excesivo dentro del mercado editorial, donde sus neuras pasan, afortunadamente para el género, desapercibidas, pero cuando los diablillos enemigos de la Fantasía y la Ciencia-Ficción, o algún mecenas de tres al cuarto, les permiten acceder a instancias superiores de difusión pueden causar daños irreparables. Aunque a ellos eso les trae sin cuidado. A fin de cuentas, el género fantástico les importa un bledo.

Hay novelas que jamás debieron escapar del cuaderno de gusanillo, y películas que nunca debieron escapar del ámbito del vídeo doméstico, pues mientras que allá pudieron resultar incluso simpáticas, aquí no son más que esperpentos vergonzantes.

El género fantástico en España tiene muchos caminos que abrir (la mayoría) y otros que ensanchar. Es un futuro esperanzador el que se muestra ante nuestros ojos, pero es preciso generar anticuerpos a toda prisa pues, con la ayuda de cualquier minúsculo puente de cartón-piedra, los virus del narcisismo y la vacuidad pueden echarlo todo por tierra.

Ahora, haced el sano ejercicio de repasar, interiormente, en profundidad, pensando en el futuro de la Fantasía y la Ciencia-Ficción de una forma objetiva y generosa, dejando a un lado vuestras manías íntimamente localizadas e identificadas, el concepto que tenéis del género. Y notad como se multiplican los anticuerpos y se despeja el horizonte.

En caso de que no experimentéis nada, dedicaos a lo que de verdad os guste, no os sintáis obligados a permanecer por más tiempo acogidos en esta casa del género fantástico, que no podrá satisfacer vuestras verdaderas ambiciones. Levantad el vuelo.

Ignoro si alguna vez me agradeceréis el consejo, pero estoy seguro de que la Fantasía y la Ciencia-Ficción agradecerán vuestra marcha instantáneamente.

¡Salud y sensata subjetividad, amigos!

© Lázaro Betán, (1.398 palabras) Créditos