Entre la producción de Jack Vance hay de todo; novelas magníficas, novelas mediocres y, sobre todo, series excepcionales. Parece como si el potencial de Vance sólo fuera capaz de desarrollarse completamente cuando podía trabajar sin preocuparse de la duración de las aventuras de sus héroes y embarcaba a estos en una peripecia tras otra. Desde Los Príncipes Demonio hasta El Ciclo de Tschai pasando por las aventuras de Cugel, estas miniseries son sin duda lo mejor de Vance.
Esto es una simple especulación, pero quizá tenga que ver en ello la visión que el propio autor tenía de la primera novela una vez terminada, si el potencial de esta le parecía adecuado la continuaba, de no ser así, finalizaba bruscamente y se embarcaba en otros proyectos más atractivos.
Esto se puede comprobar en esta novela, EL PRINCIPE GRIS, e incluso alguna de sus series; como La Trilogía de Durdane; cuando la Aventura ha finalizado Vance remata la novela atando cabos apresuradamente e incluso culminando líneas narrativas en pocas palabras.
Como ya digo, esto es algo tremendamente evidente en EL PRINCIPE GRIS, donde los personajes principales son típicamente vancianos, (hieráticos, dueños de su destino, inasequibles al desaliento, de voluntad férrea e inmensa autoconfianza) los secundarios también (jóvenes, en este caso no tanto, atolondrados en su viaje inicático hacia el pleno conocimiento y la madurez adulta) la sociedad en la que se desenvuelven compleja hasta el exotismo, los extraterrestres muy extraterrestres y los malos muy malos, aunque con esa ambigüedad moral tan típica de los personajes de Vance, los buenos no son precisamente un dechado de virtudes morales, de lo contrario, difícilmente sobrevivirían al último elemento fundamental de la obra de Vance; la pura aventura.
En esencia, EL PRINCIPE GRIS, trata de la difícil convivencia en el planeta Koryfon de las dos razas indígenas, los semiinteligentes erjines y los absolutamente alienígenas morfotas, y las sucesivas y dispares oleadas de colonizadores (o invasores, que hasta ahí llega el matiz) humanos. La novela gira alrededor de las historias de amor y odio entre miembros de las distintas razas humanas, las querellas entre los orgullosos barones rurales y los refinados e idealistas burócratas urbanos, y los enigmáticos comportamientos de los alienígenas.
Sin embargo, este fascinante marco, del que Vance podría haber sacado otra de sus excelentes series, no pareció atraerle lo suficiente, y no sé si por aburrimiento, incomodidad u otras razones, desarrolla la novela con desgana, de forma que apenas despierta interés y la culmina con lo que parecen los resúmenes de una segunda y tercera parte.
No es el Vance más decepcionante que he leído, pero sí el menos emocionante.