NUNCA SUBESTIMES EL PODER DEL LADO OSCURO

Darth Vader: el rostro detrás de la máscara
El particular itinerario de Anakin Skywalker: de niño héroe a oscuro villano

por Giancarlo Stagnaro

El primer momento (1977)

Detrás de soldados con níveas armaduras, que incursionan a sangre y fuego dentro de una pequeña nave consular, aparece una entidad oscura como el corazón del espacio. Posee una máscara que asemeja un cráneo, capa extensa y más de dos metros de altura. Sus actos siniestros se manifiestan cuando le parte el cuello a un soldado sin contemplación alguna. Es determinado y, al parecer, nada lo puede detener. El ominoso siseo de su respiración se repite una y otra vez. Es el oscuro señor del Sith, el maléfico Darth Vader.

El segundo momento (1999)

En un planeta distante del centro de la galaxia, Tatooine, de paraje desértico, un niño atiende en el mostrador de una tienda de repuestos. Su propietario es un hábil negociante de maquinaria usada y refacciones. Al parecer, la vida del pequeño está confinada a la monotonía. Súbitamente ingresa un grupo de forasteros: un hombre mayor de rostro afable, una torpe criatura de orejas largas, una joven llamada Padmé y un robot astromecánico en forma de barril. La belleza de la chica se asemeja a una revelación que no encaja entre la chatarra amontonada a su alrededor. ¿Eres un ángel? le pregunta el niño con interés. Ella lo observa intrigada: ¿De dónde sacas eso? Los viajeros espaciales dicen que ven ángeles en el espacio, replica el pequeño. Eres un chico muy listo, responde ella. El niño se limita a responder orgullosamente que es una persona y, para refrendar su afirmación, les da su nombre: Anakin Skywalker.

Cuesta asimilar que un inofensivo infante de tan sólo 9 o 10 años se vuelva aquella figura imponente y desalmada que acecha la Galaxia con toda su maldad. Cuesta creer que, en algún momento de su vida, el pequeño Anakin, convertido en héroe Jedi por su valentía y arrojo, en medio de una tensión terrible, tome la decisión de unirse a las fuerzas oscuras y de ese modo ser heraldo de destrucción y muerte. Quisiéramos saber por qué y cómo estas fuerzas oscuras operaron en su interior para transformarse en alguien infinitamente opuesto a como era en un comienzo. ¿Quién, a final de cuentas, es Anakin Skywalker? ¿Jedi o Sith? ¿Enviado divino o entidad demoníaca?

Para los seguidores de la saga fílmica más famosa de todos los tiempos, Anakin Skywalker significa mucho más que un personaje cinematográfico cualquiera. Es el nombre primigenio de quien es considerado uno de los iconos culturales más importantes de los últimos treinta años. El Anakin adulto encarnará al enmascarado oscuro señor del Sith, Darth Vader.

Todos sabemos de alguna u otra forma lo que ello implica. Durante más de 22 años (el tiempo que va desde el primer al segundo momento), recién comenzamos a entender que este enigmático y subyugante personaje es el verdadero protagonista de la serie de películas más famosa de la historia del sétimo arte. La saga entera de Star Wars está elaborada bajo su sombra. Darth Vader seduce no sólo por su espectral presencia, sino porque refleja, entre tantos otros, uno de los síntomas culturales de la actualidad: la deshumanización del hombre, su ausencia total de afectividad, sus contradicciones entre la iluminación y la perdición total.

Recordemos tan sólo algunos de sus grandes momentos: ahorca a distancia a altos oficiales imperiales; inocula el suero de la verdad a su hija (la princesa Leia); tortura al contrabandista Han Solo y estuvo a punto de matar a su propio hijo Luke Skywalker en dos ocasiones (en la primera Estrella de la Muerte y en el duelo de sables de luz de Bespin). Pero también fue capaz de deshacerse del malvado vínculo que lo unía con el Emperador Palpatine cuando éste estaba a punto de aniquilar a Luke, convertido ya en Jedi, como lo fue su padre.

Cuando se termina de ver la ronda de películas compuesta por los Episodios IV, V y VI, uno logra entender que el director George Lucas nos cuenta la historia de una redención muy especial. Es un relato mítico, situado en una galaxia muy lejana, que trata acerca de un caballero Jedi sumamente poderoso, el cual sucumbe a la maldad y se redime a causa de una intensa confrontación con sus sentimientos paternales, y probablemente con su pasado. En el preciso momento en que esto sucede, cuando se libera finalmente de este lastre maligno, muere ante los ojos de su hijo, que aún creía en él. Sus últimas palabras se refieren a la hermana gemela de Luke, oculta durante mucho tiempo, y por fin reunidos: Dile que tenías razón sobre mí. Necesitaba la mirada de su hijo para reconocerse como tal y así volver al comienzo. La bondad del pequeño y soñador Anakin no había muerto del todo en el cuerpo metálico y de prótesis electrónicas de Darth Vader.

Trágico, en verdad. Sobre todo si tenemos en cuenta que el creador de la saga se decidiera a contarnos lo que pasó antes de que existieran Darth Vader, Luke, Leia, la Alianza Rebelde y el Imperio Galáctico. Treinta años antes de los sucesos arriba descritos, se desarrollan los Episodios I, II y III de Star Wars, cuando la República aún regía sabiamente la Galaxia con la ayuda de los caballeros Jedi y un grave conflicto está a punto de cambiar el destino de estos nobles protectores de la paz y la justicia para siempre.

Midiclorianos

Volvamos a nuestro segundo momento. Siendo aún esclavo en Tatooine, el niño Anakin despierta la curiosidad de un acucioso caballero Jedi, Qui-Gon Jinn, quien detecta ciertas cualidades que le llaman la atención. El niño puede ver las cosas antes de que éstas ocurran. El grado de Fuerza (la energía que emana de los seres vivos y que le da al Jedi su poder) es superior al del sabio maestro Yoda incluso. Y lo que es más extraño aún: su madre asegura que fue concebido sin padre. Como muchos héroes de los mitos, se podría decir que Anakin Skywalker nació milagrosamente. Pero ese no es el término que se usaría en el complejo universo creado por el señor Lucas; aquí se dice que fue engendrado por la voluntad de la Fuerza.

¿Qué fue lo primero que piensa Qui-Gon Jinn acerca de este niño misterioso? Que será aquel que, en tiempo de gran tribulación, vendrá quien le dará balance a la Fuerza, y será conocido como hijo de los soles . Así se lo confía a Obi-Wan Kenobi: el elegido es el pequeño Anakin, que no tiene padre y que fue concebido en un planeta cuyo sistema estelar es binario, es decir, rota alrededor de un par de estrellas.

Todos sabemos que este simpático niño sería, en su adultez, la persona más temida de toda la Galaxia. Todos sabemos que este niño algún día se aliará con el Emperador y aniquilará sin piedad a la Orden Jedi. Pero todos sabemos que este niño también fue un gran guerrero, destacó como piloto y también se enamoró perdidamente. Entonces, la pregunta a plantearse es dónde acaba el héroe y comienza el villano. ¿En qué momento se produce el viraje al lado oscuro? Y a pesar de ello, ¿qué le permitió cumplir esta profecía?

La respuesta de la primera interrogante se halla en la alusión que hace Qui-Gon Jinn a los midiclorianos (término probablemente derivado de mitocondria, corpúsculos de nivel microcelular presentes en todos los seres orgánicos y que garantizan el importante proceso de metabolismo). Qui-Gon explica que los midiclorianos son simbiontes con los seres de toda la galaxia y que gracias a ellos se puede percibir la Fuerza. Si recordamos la trilogía original, se dice que la Fuerza es un campo de energía generado por todos los seres vivos. Pertenece en un plano metafísico, místico si se quiere, y quien obviamente llega a manejarla no es parte del común. Esa es la explicación de la existencia de los Jedi, seres que saben usar y aprovechar la energía creada por la vida en aras del bienestar general. Recordemos cómo define la Fuerza Ben Kenobi a Luke en el Episodio IV: La Fuerza es lo que da a un Jedi su poder. Es un campo de energía creado por todas las cosas vivas. Nos rodea, nos penetra, y mantiene unida a la Galaxia. Esta lectura no se contradice con la acción de los midiclorianos en la formación de este campo de energía creado por la vida.

Si la Fuerza, entonces, es producida por los seres vivos, éstos deben manifestar en todos sus niveles (biológico, somático y psicológico) su presencia. Los midiclorianos serían el último nivel en que se puede verificar la Fuerza. Por deducción, quien mayor cantidad de midiclorianos registra en su cuerpo mayor cantidad de Fuerza posee.

Muchos fanáticos le han objetado a Lucas esta vulgarización científica de la Fuerza. Pero como explica el estudioso Joseph Campbell en su libro EL HÉROE DE LAS MIL CARAS. PSICOANÁLISIS DEL MITO, la tendencia ha sido siempre dotar al héroe de fuerzas extraordinarias desde el momento de su nacimiento, o aun desde el momento de su concepción. Toda la vida del héroe se muestra como un conjunto de maravillas con la gran aventura central como culminación . En otras palabras, este conjunto de prodigios innatos (que se hallan en el nivel más básico y se expanden al psicológico) determina el sino del héroe, esto es, el camino hacia su ascenso o su perdición.

Al respecto, recorriendo Internet, uno puede dar con varías teorías acerca de la relación entre este destino del mal de Darth Vader y los midiclorianos. Una muy interesante refiere que Anakin es manipulado genéticamente. No es como los clones del Episodio II que son duplicados a partir de un original, sino más bien que es como un bebé probeta e insertado en un recipiente, en este caso, Shmi Skywalker, su madre en el Episodio I. La hipótesis desliza que Darth Sidious sería el causante de esto. Ciertos indicios, según el autor de la teoría, confirmarían dicha suposición: Shmi no recuerda con exactitud cuándo ni dónde fue concebido Anakin; se trató de un acontecimiento traumático para ella, porque no puede asimilarlo todavía; Shmi teme por su hijo y por eso deja que se vaya con los Jedi, porque ella no es capaz de controlarlo y quizás los Jedi sí lo puedan hacer.

Otro indicador de que Sidious estaría detrás de esto se debería a que los Jedi sólo pueden detectar a seres sensitivos a la Fuerza sólo en los linderos republicanos. Shmi es también esclava en Tatooine y éste no pertenece a los mundos que integran la República. De ahí la extrañeza de Qui-Gon de encontrar a Anakin en el rincón más ínfimo de la galaxia. Si el plan de Sidious es correcto, los Jedi no podían descubrirlo porque éste se encontraba fuera de sus estándares conocidos.

Todos estos factores explicarían la permisividad de Shmi y también el temor de Anakin de alejarse de su madre. Sus emociones, como lo demostró en la carrera de pods que le dio la libertad y ante el Concilio Jedi, son demasiado intensas para ser dominadas plenamente. Es mucho poder para un ser vivo: los midiclorianos rebalsan todo condicionamiento cultural, educativo e incluso racional. Y si un Jedi no puede controlar sus emociones, obviamente no serviría como tal: sería ineluctablemente un Sith. En todo caso, la relación entre Anakin y Shmi se resolverá, así como el misterio de los midiclorianos, en el inminente Episodio II de la saga.

Maestro y aprendiz

Obi-Wan te enseñó bien, le espeta Vader a su hijo en la confrontación final de EL REGRESO DEL JEDI. Esta sería la última frase del Oscuro Señor acerca de su mentor y amigo de juventud, Obi-Wan Kenobi. La relación entre ambos tuvo muchos altibajos, incluso desde el comienzo. Al final del Episodio I, el Concilio Jedi designa a Obi-Wan como maestro de Anakin Skywalker, quien se convierte en su padawan (aprendiz de caballero Jedi) y, por lo tanto, será entrenado de acuerdo con los preceptos de la venerable Orden. Pero Obi-Wan aún se lamenta por la pérdida de Qui-Gon y porque éste, además, al momento de morir, le pide que cuide a Skywalker. Es decir, doble mandato, el de sus superiores y la última voluntad de un moribundo, lo cual no es fácil de asimilar. Obi-Wan trata de entrenarlo bien y en cierta manera lo logra, porque Anakin se convierte en héroe durante las Guerras Clónicas (así lo recuerda el viejo Ben en el Episodio IV). Pero fracasa en algo esencial: no pudo alejar del todo el miedo en su padawan.

Pensé que podía entrenarlo tan bien como Yoda. Me equivoqué, le confiesa el espíritu de Ben a Luke en Dagobah. Muchas veces, cuando se posee el designio simbólico, uno quiere hacer las cosas de acuerdo con él, pero salen diferentes porque deseamos cumplir el mandato en sí. Por tal motivo, erramos el objeto de nuestro deseo. Obi-Wan falla porque subestima a Anakin, es decir, lo entrena con cierta soberbia, para a su vez acercarse al mandato de Qui-Gon Jinn. Al querer asemejarse a su modelo (ser como Qui-Gon o Yoda), más se aleja de su alumno.

Anakin, por su parte, encuentra en Obi-Wan la figura paternal que no tuvo de pequeño. La relación entre los dos es muy intensa y, por tanto, muy tirante. Anakin demuestra sus poderes de manera muy arrogante, pero a la vez quiere ser reconocido por Obi-Wan. Éste carga con el designio de convertirlo en caballero Jedi. Darth Vader lo menciona durante la saga entera; a pesar de que su espada lo hace desvanecer, lo menciona constantemente, hasta el final, como si fuera un fantasma del cual no quiere deshacerse del todo.

Mucho se especula acerca del verdadero motivo sobre la ruptura entre ambos. Al parecer había una cuenta pendiente entre los dos. En la escena de Episodio IV, en el duelo de sables de luz, Vader lo saluda: Te estaba esperando, Obi-Wan. Lo cual sugiere que Vader sabía que no había eliminado a todos los Jedi, como se conoce.

Me atrevo a sugerir que quizás Anakin siente que Obi-Wan lo traicionó. Entre sus motivos debe estar presente Padmé, la joven reina de Naboo y futura esposa de Anakin. En Dagobah, Ben relata que éste, al irse, dejó embarazada a su mujer de dos gemelos. La hija (Leia) se fue a Alderaan, siendo adoptada por el senador de ese planeta, Bail Organa, uno de los primeros opositores a la escalada de poder de Palpatine y Vader; mientras que Obi-Wan se ocupó de Luke en Tatooine. Cuando ocurrió la caída de Anakin, es muy probable que para ser protegida del acoso de los agentes imperiales y luego de la purga total de los Jedi, Padmé se refugiara a la sombra de Organa, cabecilla de la incipiente Alianza Rebelde (así se deduce de los recuerdos de Leia sobre su madre). Hasta sería convincente creer que llegaran a tener lazos más que solidarios. Palpatine, como siempre, conocedor de estos afanes, manipularía a su angustiado pupilo para hacerle creer que ella no merece otra cosa que desaparecer.

Pero hay otros indicios acerca de la hipótesis de la traición. En el Episodio IV, Owen Lars, tío de Luke, hace mención a la locura del viejo Ben, el ermitaño que vive aislado en Tatooine. Lars relata que por culpa de Obi-Wan y sus cruzadas idealistas, el padre de Luke, quien hasta entonces vivía tranquilamente con ellos, muere.

Ben completa la fantasía de Luke acerca de Anakin escindiéndolo: el padre fue asesinado por su discípulo, Vader. Esto ocurrió supuestamente durante las Guerras Clónicas. Lo que sí suena convincente es que, en el Episodio III, Obi-Wan Kenobi convence a su padawan Anakin de luchar otra vez a su lado y se reintegre a la orden Jedi (de la cual, según los indicios, fue expulsado por casarse, como veremos más adelante). Los sucesos se catapultan uno tras otro: Anakin se convierte en héroe, el mejor piloto de la Galaxia y un gran amigo. Pero finalmente, de forma simbólica, efectivamente muere: deja de ser quien era y aflora su ira interior, su oscuridad.

Esto ocurrirá durante el duelo final que veremos en el Episodio III entre ambos. Anakin se ha pasado al lado oscuro, seducido por Palpatine, quien se proclamó Emperador y que se revela como el verdadero causante de la caída de la República. Los Jedi, sabedores de que deben luchar contra quien los estuvo engañando durante mucho tiempo, se muestran desorientados; definitivamente el lado oscuro es más poderoso. Palpatine es superior: tiene al ejército de clones (los soldados imperiales, stormtroopers) a su disposición, dinero y una maquinaria bélica impresionante. Ya no necesita a sus antiguos aliados: por fin Darth Sidious se muestra abiertamente, porque no tiene nada que ocultar. Las instituciones republicanas no sirven más; es un momento definitivamente caótico. Los opositores se esperanzan en que Anakin Skywalker, el más poderoso Jedi que haya existido jamás, lo venza. Pero éste cae irremediablemente y su odio hacia la orden (mayor que la lealtad a Kenobi) lo convierten en discípulo del mal. Obi-Wan intenta rescatarlo del oscuro entorno que se desataba a su alrededor; quizás incluso le haga mención de su pasado, de sus antiguos ideales, del amor que siente por Padmé. Pero poco de ello queda para Anakin, quien desciende al infierno del olvido y la desesperación. Todo en lo que él solía creer ha finalmente desaparecido. Los sables láser se encienden y tanto mentor como aprendiz se enfrentan en un duelo titánico. Anakin es muy poderoso, pero Obi-Wan tiene experiencia en enfrentarse con los Sith. Intercambian no sólo mortíferos mandobles, sino también verdades y angustias. Nadie sabe aún (a excepción de Lucas) de qué proporciones será este duelo (quizás con igual o mayor intensidad que el de Episodio V), pero sin duda será tremendo por las emociones en juego. Cuando Anakin cae al crisol de fundición, vencido por Obi-Wan, éste siente que ha fracasado rotundamente como maestro Jedi y que no queda mucho por hacer, sólo estar preparado para lo inevitable.

De este modo, Obi-Wan permite indirectamente que el Emperador se apodere de Anakin y lo despoje de la poca humanidad que aún poseía.

Amor prohibido

El lema del Episodio II dice: Ningún Jedi puede conocer el enojo. Ni el odio. Ni el amor. Cuando los elegidos de la Fuerza se someten a la voluntad de la orden y del Concilio Jedi, deben dejar de lado cualquier tipo de enlace afectivo que los una con el mundo exterior. Los Jedi son como los samurái japoneses, cuyas reglas son estrictas y, si no se cumplen, son inmediatamente desterrados de sus fueros.

Una de estas reglas implica el no mantener relaciones afectivas ni carnales de cualquier género con cualquier especie galáctica. La energía del Jedi debe estar concentrada a servir a la orden y la República. Pervertir esta ley sería como violar un tabú o una prescripción profundamente arraigada para la supervivencia de la orden.

Anakin Skywalker conoce estas reglas al dedillo; como sabemos, es el más aventajado de entre todos los padawan. Pero como hemos visto en los avances del Episodio II, su enamoramiento con la ex reina del planeta Naboo, la senadora Padmé Naberrie, será componente inevitable del argumento.

Diez años después de la batalla de Naboo, Padmé deja el cargo de reina de ese planeta. El título real era meramente decorativo, pero simboliza la unión de ese pueblo. Ella se decide suceder al canciller Palpatine en el curul de senador representativo de Naboo que éste dejó vacante cuando alcanzó tan alta investidura. Ella debe viajar a Coruscant, capital de la República, y se encontrará otra vez con Anakin. Pero él ha dejado de ser el niño que corría carreras de pods en Tatooine, que simpatizó con la joven sirviente de la reina Amidala (ella misma), que voló en mil pedazos el centro de mandos de la Federación de Comercio; Anakin había crecido, al igual que ella, pero, aunque la senadora le llevaba por lo menos unos seis años, el chispazo de atracción y pasión no tardó en surgir entre los dos.

¿Qué pretendía Lucas al crear a un Anakin niño y su futura esposa y madre de los gemelos Luke y Leia seis o siete años mayor que él? La historia de ambos se asemeja a la de Dante con Beatriz, que se conocieron de pequeños y se volvieron a ver diez años después. Anakin es un Jedi en todo el sentido de la palabra, pero también es un muchacho inestable, que necesita de control y seguridad. Hay una escena de Episodio I en que el pequeño Anakin le obsequia a Padmé un prendedor tallado por él. Intercambian palabras acerca de Shmi; en ese momento le obsequia el prendedor. Anakin le proyecta, de ese modo, sus afectos maternales al ser más hermoso que haya conocido; y ella, de igual manera, lo cubre con un manto para que no tenga frío. La transferencia está hecha. Al pasar el tiempo y reencontrarse, era de esperar que se sintiera atraído por ese Jedi apuesto y altanero que la perturba desde el primer momento.

Lo demás es historia conocida, sólo en la superficie. Padmé y Anakin viven un romance a escondidas de la camarilla política y, sobre todo, contraviniendo los preceptos de la orden Jedi. El suceso (un miembro de la orden comprometido con una senadora de la República) alcanzaría ribetes de escándalo en una sociedad marcada por la decadencia. El pecado de Anakin sería sancionado con la expulsión de los rangos de la orden. Y sobre todo, sería aprovechado por Palpatine (o Sidious) para desacreditar a sus más peligrosos enemigos, los Jedi, y para acumular resentimiento en Anakin con respecto a la orden.

Lo cierto es que este último se va a vivir con la familia Lars en Tatooine. Ello se deduce de las palabras de Owen Lars a Luke Skywalker. Anakin estaba atado a ese planeta a causa de su madre y también por Padmé: ahí se conocieron y ahí conviven juntos. Todo era tranquilidad hasta que Obi-Wan Kenobi le pide que luche a su lado en la última ofensiva de las Guerras Clónicas.

Hay un detalle interesante que vale la pena mencionar. En la trilogía original, hay apenas dos referencias indirectas a Padmé Naberrie: una de Ben y otra de Leia. Como hemos mencionado, en el Episodio VI, Ben relata a Luke por qué la identidad de su hermana melliza se guardaba con tanto celo. Luego de la destrucción de la noble orden Jedi, Palpatine (consciente de que el poder de Anakin era transmisible mediante los midiclorianos) temía la posibilidad de que los descendientes de Skywalker hagan cumplir la profecía de aquel que dará balance a la Fuerza. Tanto Yoda como Obi-Wan, los únicos sobrevivientes del exterminio de los Jedi, acordaron que la identidad de ambos fuera ocultada adrede a Anakin para impedir que el Emperador los destruyera. Obi-Wan se llevó a Luke a Tatooine para que Owen Lars lo criara con la condición de quedarse cerca de él y así protegerlo; por otro lado, Padmé se llevó a Leia a Alderaan, a quien la joven princesa recuerda como una mujer hermosa pero triste. Murió cuando (Leia) era muy joven. Es posible que Palpatine o sus agentes consumaran el asesinato de la senadora Naberrie , quizás incluso con el consentimiento de Darth Vader.

Por todo lo anterior, Anakin tendría razones más que suficientes para acabar con su pasado, con lo que su tránsito hacia el lado oscuro sería completo: Obi-Wan y los Jedi (que lo separaron de su madre y le impiden ser feliz con su mujer), Padmé (que supuestamente le es infiel), Palpatine (que lo conduce a un punto sin retorno, porque es su destino)... Es una suma de hechos terribles. El amor prohibido, la felicidad restauradora, se convierte en un peso insostenible. Anakin Skywalker es sólo la sombra de un sufrimiento prolongado, su bondad y heroísmo son las causas de su dolor. Elige el mal porque no tiene opción alguna que lo salve, ya lo había hecho desde el principio, por miedo; elige la amnesia porque sólo en ésta puede sobrevivir enfundado en un cuerpo y armadura mecánicos, en un ser sin alma incapaz de perdonarse a sí mismo y que no puede salvarse todavía.

Ese nombre no significa nada para mí, responde azorado Vader a Luke cuando éste le interpela, le menciona el nombre de su verdadero ser. En esta escena vemos al temible señor del Sith a la defensiva, en una aterradora lucha interior, como si un resorte hubiera abierto un enlace hacia el pasado, a esos momentos que Darth Vader ya no quiere recordar, que lo remontan a una época y a una persona que considera enterradas en la oscuridad del espacio. Entonces, mi padre está verdaderamente muerto, contesta Luke, como si también le diera la razón a Ben.

Los Sith

Para utilizar la Fuerza, uno debe estar en armonía con ella; sólo estando tranquilo, en paz, puede actuarse con control. La voluntad y la Fuerza son uno: el actor y el agente. Esta es la vía de la luz.

Pero hay otra: la vía de la oscuridad.

El Universo rebosa poder. Para desencadenarlo es preciso aprovechar las emociones más básicas: odio, ira, miedo, agresión... Cuando uno libera su furia, libera la furia del Universo; cuando se está lleno de odio, puede realizar los actos más odiosos. La voluntad y la Fuerza, de nuevo, son uno.

Los Sith son conocedores del reverso oscuro de la Fuerza. Poseen el ansia de dominio, a diferencia del Jedi, que sólo cree en el servicio. Fueron unos Jedi renegados que salieron de la orden por este afán de poder. Cuando creyeron alcanzarlo, se lanzaron a conquistar la República. Los Jedi la defendieron heroicamente. Según la cronología de Star Wars, eso ocurrió miles de años atrás. Pero la codicia también se apoderó de ellos y comenzaron a eliminarse mutuamente. Los Jedi aprovecharon el desbande para acabar con el resto de los Sith, hasta supuestamente exterminarlos. El último de los seguidores del lado oscuro fue visto mil años antes de los sucesos del Episodio I.

Pero como hemos visto en las películas de la saga, no fue del todo así.

En medio de la disputa sobre las rutas comerciales en la Galaxia, hace su aparición Darth Sidious, un ser siniestro envuelto en una capucha oscura (parecida a la de los Jedi) que está detrás del complot para aniquilar a la reina de Naboo. Sidious aprendió la lección de las luchas intestinas de los Sith y por tal razón adopta virtudes Jedi que éstos despreciaban, como la paciencia, el sigilo y la astucia. Se mueve entre las sombras, a través de la manipulación. Al final del Episodio I, Yoda sospecha que no se ha eliminado del todo a los Sith; las últimas tomas de esta película sugieren la semejanza entre Sidious y Palpatine (incluso por la música incidental). Está claro que ambos son el mismo personaje.

A diferencia de antaño, cuando había numerosos Sith, ahora sólo existen dos, un maestro y un aprendiz, a semejanza de la polaridad mentor- padawan en los Jedi. Sería sumamente difícil seducir a un maestro Jedi, por lo que los padawan están más expuestos a los influjos del lado oscuro, hasta que están listos para las pruebas. Para convertirse en maestro Jedi, Obi-Wan Kenobi no siguió esta línea: tuvo que derrotar a Darth Maul y así vengar la muerte de su mentor.

En el Episodio II, los Sith reaparecen, esta vez ocasionando la inestabilidad total de la República con las Guerras Clónicas y haciendo patente la poca maniobrabilidad política de instituciones consideradas hasta entonces como imperecederas como el Senado y la orden Jedi. En medio de una insondable crisis de valores, los innumerables pueblos de toda la Galaxia sienten angustia y temor. Los Sith aprovechan este momento de debilidad y toman por control la República. Y uno de los que formaba parte de la Orden se convierte en instrumento medular de esta transición. Gracias a él surge el Imperio.

En la lógica maestro-aprendiz, una vez que el maestro es eliminado, el aprendiz toma su lugar y éste a su vez toma uno a cargo. Darth Sidious en el Episodio II tendrá otro aprendiz, pero éste a su vez será sustituido por Anakin Skywalker, ya convertido en el funesto aniquilador de la orden Jedi.

Darth Vader es el símbolo de la opresión, eje sintomático de una era en la que el miedo y la oscuridad forman parte de un poder vasto y alimentado sólo para ejecutarlo sin vacilaciones. Vader está al servicio del Emperador porque éste le proporciona la cualidad de ser más que humano, de ocupar una posición a la expectativa en caso de que el Imperio Galáctico necesite de una continuidad.

Pero, de otro lado, la malignidad de Palpatine ha esclavizado a Vader, arrebatándole sus creencias y sentimientos. Lo ha manipulado para cumplir sus fines: dominar la Galaxia. Vader es poderoso, indudablemente, es aquel elegido que dará balance a la Fuerza. Palpatine sabe de esto y lo usa en su provecho. Pero también quiere deshacerse de él, es un peligro, porque sabe que dentro de él hay un pequeño, ínfimo germen de bondad y nobleza. Vader también quiere deshacerse del Emperador, porque es el responsable directo de su caída, de la pérdida de su pasado: Juntos podemos acabar con el conflicto que desgarra la Galaxia, le dice a Luke Skywalker en la Ciudad de las Nubes. Palpatine, manipulador de deseos y emociones, sabe que sólo controlando este impulso subversivo puede maniatar definitivamente a Vader.

Es curioso cómo nos presenta Lucas a su personaje capital, un esclavo en el desierto de Tatooine o arrodillado frente a un holograma de su oscuro maestro. Vader es una pieza clave en el esquema del Nuevo Orden impuesto por Palpatine. Pero Vader no ha dejado de ser humano: retuvo esa consciencia cuando descubrió que había tenido un hijo de la persona que más amó, que existe una respuesta, que el pasado vuelve a hacerse presente, encarnarse, como una posibilidad remota de encontrarse a sí mismo nuevamente en los ojos del otro.

Dile a tu hermana que tenías razón sobre mí es su frase final, antes de morir, que significa: todos sabían que podía salvarse, pero sólo alguien cercano como su hijo, este otro que Vader reclama y busca imperativa, obsesamente, le abría las puertas a esa posibilidad. Al abrirse estas compuertas hacia el pasado perdido, Darth Vader, el padre oscuro, despierta a una época en que había soñado ser libre, cuando era apenas un niño.

De este modo, Anakin Skywalker acaba con su miedo primordial y con la figura tenebrosa que lo encarnaba. Se trata de un gesto ético: por eso es el Jedi que verdaderamente regresa en el Episodio VI, como mi padre antes que yo, tal como afirma categóricamente Luke. Y con esto completa su destino final, aquel que más certeramente se cumple. La reunión con Yoda y su maestro y amigo Obi-Wan Kenobi (así como la reunión de los hermanos Luke y Leia) nos recuerda la comunión que une a todos los seres en todos los tiempos, pertenecientes a una misma familia espiritual, contentos por reencontrarse y por recuperar la unidad perdida.

Darth Vader no ha muerto, en realidad, ni ha sido incinerado en la luna de Endor. Su fuerza, su encanto y su tragedia habitan en todos los que creemos en su infatigable recorrido estelar. Su itinerario de caída y redención es la búsqueda en medio de la soledad y la infinitud del espacio de alguna respuesta a todos los enigmas, a todas las cuestiones, al libre albedrío o al destino. Reconocernos en nuestra humanidad es la mayor lección que nos puede dar: nuestros grados oscilantes de luz y oscuridad avizoran el camino que debemos tomar. La decisión final es sólo nuestra.

Rostros y máscaras

El traje de Darth Vader se diseñó a partir del guión original de Star Wars, en que una escena aludía a una caminata espacial (como los astronautas) que éste realizaba. El diseño de la armadura de Vader gustó tanto a Lucas que eliminó esa escena y lo consideró como parte de la apariencia del personaje. El peculiar sonido de su respiración se debía al paso que producía el oxígeno de un sifón de agua.

Así como el personaje de las películas, los actores que hicieron de Darth Vader son múltiples. Si descartamos los videojuegos y los filmes ajenos al universo des Star Wars, el actor principal que se enfundó el traje del señor del Sith fue David Prowse, actualmente de 67 años. La voz característica de Vader, modulada electrónicamente, estuvo a cargo del actor James Earl Jones. El actor que encarna a Anakin Skywalker en las escenas finales de EL REGRESO DEL JEDI es el escocés Sebastian Shaw, quien fallecería en 1994.

La expectativa, entonces, estaba puesta en quién interpretaría al joven Anakin. La trascendencia del papel a raíz del éxito de la saga volvía el trabajo de Lucas objeto de especulaciones. Pero como es su estilo, escogería a actores desconocidos, no muy famosos y con poca experiencia cinematográfica.

Para el Episodio I, se realizó un casting impresionante a fin de encontrar al pequeño Anakin Skywalker. El escogido fue Jake Lloyd, quien antes había trabajado con Arnold Schwarzenegger en EL REGALO DE NAVIDAD (1994). Aunque se desempeña con propiedad, en Episodio I hay ciertos excesos del guión, como aquel en que cuando recibe el permiso de Shmi para ir con los Jedi, grita emocionado: ¡Yupi! O aquel en que, al momento de salir de la nave central de la Federación de Comercio, exclama: Esto es carrera de pods . Este Anakin no nos deja satisfechos, no hay atisbo de oscuridad, sólo muestra un conflicto en relación con su madre que cualquier niño de su edad sentiría si se aleja de su progenitora.

Quizás con la actuación de Hayden Christiansen (20), canadiense, las dudas sobre su rol como Anakin Skywalker se disipen. Christiansen ha participado en algunas series de TV y en películas como LIFE IS A HOUSE. En cuanto a si estará a la altura de las circunstancias, intuimos que en buena medida. Los avances del Episodio II han sido espectaculares y el sonido inconfundible de la respiración de Vader se anuncia. Habrá que esperar al Episodio III, cuando el oscuro señor del Sith renazca, y podamos volver a escuchar la voz de James Earl Jones susurrar: Nunca subestimes el poder del lado oscuro.


Notas

Del Jornal de los Whills 3:27. Las referencias al hijo de los soles (son of the suns) se produce al final del Regreso del Jedi en su edición especial. Esta cita de un supuesto diario que contiene toda la saga de Star Wars fue citada

CAMPBELL, Joseph. El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. México, FCE, 1948, p. 285.

El nombre de Palpatine, el gran insidioso, antes de proclamarse Emperador.

Regreso del Jedi.

El planeta que fue destruido por la Estrella de la Muerte en el Episodio IV.

Referencia extraída de la novelización del Regreso del Jedi. En realidad, no existe en toda la trilogía original una mención a cómo acaba la lucha entre ambos; convencionalmente está aceptado que Anakin cayó a un crisol de lava o crisol de fundición (según la traducción) y que su cuerpo fue reconstruido posteriormente.

Es probable que se casaran antes.

No sería del todo errado suponer que Palpatine mandara borrar todas las referencias a su planeta natal en los archivos republicanos, por lo que tampoco sería descabellado inducir que este planeta fuera destruido por las fuerzas imperiales.

No en vano su nombre viene de la voz in Sidious, esto es, insidioso, pérfido, traidor.

El miedo es el sendero del lado oscuro. El miedo conduce a la ira, la ira al odio y el odio al sufrimiento, dice Yoda al pequeño Skywalker en el Episodio I.

Vader, luego de arrojar al Emperador en el foso de la Estrella de la Muerte, trata de seguirlo, pero Luke se lo impide.

Mark Hamill (Luke Skywalker) no hubiera dicho lo mismo.

© Giancarlo Stagnaro, 2002 Créditos (7.369 palabras)