EL EFECTO PRÁCTICA
EL EFECTO PRÁCTICA David Brin
Título original: The Practice Effect
Año de publicación: 1984
Editorial: Ediciones B
Colección: Nova Ciencia-Ficción nº 92
Traducción: Rafael Marín Trechera
Edición: ---
Páginas: 377
ISBN:
Precio: 15 EUR

He terminado EL EFECTO PRÁCTICA de Brin. Mi principal impresión es que se trata ni más ni menos que de un pulp al más puro estilo años 30, con todas sus virtudes y todos sus defectos.

Es increíble que se publicara en 1984. Así pues, me ha producido exactamente la misma impresión que esos relatos de Amazing Stories y demás que Martínez-Roca publicó con el título de LA EDAD DE ORO. Ni demasiado aburridos, ni demasiado entretenidos.

La chica se enamora del héroe, por supuesto.

Tras esto, sigo manteniendo que Brin puede ser un físico brillante pero no tiene ni puñetera idea de escribir.

© Alvaro G. Vicario,
(105 palabras) Créditos Créditos

EL EFECTO PRÁCTICA parte de una premisa de las que hacen levantar una ceja y sonreír al mismo tiempo: en un mundo alternativo, los objetos no se degradan con el uso, sino que ¡¡¡mejoran!!! Una espada se afila cuanto más se blande; una tela se vuelve más refinada cuanto más se viste; una herramienta alcanza su verdadero esplendor solo después de muchas horas de trabajo. Es una inversión simple en apariencia, pero de una potencia extraordinaria, porque altera de raíz algo tan básico como nuestra relación con la materia, el tiempo y el desgaste.

David Brin aprovecha aquí esa idea con inteligencia y bastante elegancia. No se limita a exhibir lo asombroso del concepto; lo desarrolla minuciosamente, observando qué ocurriría si esa ley física reorganizara la economía, el prestigio social, la tecnología y hasta el sentido común de una civilización. En lugar de un mero truco narrativo, la práctica se convierte en una forma completa de entender el mundo.

El protagonista, Dennis Nuel, es un físico terrestre que cae en ese universo y debe apañárselas con unas reglas que contradicen todo lo que sabe. Su mirada de científico funciona con agudeza: compara, formula hipótesis, se equivoca, corrige y sigue adelante. Gracias a él, la novela también se convierte en una pequeña lección de ciencia aplicada, porque muestra el valor de la curiosidad racional frente a la costumbre o la mera aceptación acrítica.

Uno de los grandes méritos del libro está en la coherencia con que Brin despliega las consecuencias de la práctica. Si los objetos mejoran con el uso, entonces lo viejo puede valer más que lo nuevo; la conservación pesa más que la producción; la artesanía cobra un prestigio casi sagrado; y una sociedad así tiende a organizarse de manera muy distinta a la nuestra. De pronto, conceptos que damos por sentados como la propiedad, el progreso, la eficiencia, o la riqueza, empiezan a verse raros, casi como piezas de museo. Y ahí Brin acierta mucho: hace que el lector mire lo cotidiano con ojos nuevos.

La novela tiene además un aire aventurero, casi de fantasía de capa y espada, que no desentona con el experimento intelectual. Hay intrigas, viajes por territorios extraños, conflictos de poder y personajes que funcionan dentro de la narrativa. Puede que no aspire a la profundidad filosófica de otras de sus obras, pero tampoco pretende eso. Su ambición es otra: ser una novela de ideas que también se deje leer con gusto, sin pedir al lector que se ponga el casco de la solemnidad.

El tono contribuye mucho a ese equilibrio. Brin escribe con claridad, sin barroquismo, y eso le permite dejar respirar el concepto central. No hay una exhibición verbal innecesaria, sino una prosa funcional al servicio de la imaginación. En cierto modo, esa sobriedad le sienta bien al libro, porque evita que la idea se diluya en adornos y mantiene el foco donde debe estar: en la lógica interna del mundo y en las reacciones humanas que provoca.

No todo es perfecto. Algunos tramos se apoyan en estructuras narrativas familiares, y ciertos personajes secundarios cumplen un papel funcional sin verdadera personalidad, aunque esto no empaña demasiado el conjunto.

Leída hoy, la novela conserva un encanto muy particular. Tiene algo de la ciencia-ficción clásica, esa que confiaba en una sola idea poderosa para levantar un universo entero, pero también una vivacidad moderna que la vuelve accesible y cercana. Es, en suma, una obra que combina el placer de la aventura con el placer de pensar. Y cuando una novela consigue eso sin excesos, merece bastante respeto.

© Adan Expósito H.,
(594 palabras) Créditos