DUNE
DUNE Frank Herbert
Título original: Dune
Año de publicación: 1965
Editorial: Plaza & Janés
Colección: Jet nº 261/1
Traducción: Domingo Santos
Edición: 1995
ISBN:
Precio: 6,91 EUR
Comentarios de: Manuel Nicolás Cuadrado

Esta novela de ciencia ficción es una de las más celebradas del siglo XX. Más que sus connotaciones científicas (que son nulas), su estilo (muchas veces demasiado filosófico-pedante) o sus interminables secuelas, lo más atrayente de DUNE es el universo (realmente fascinante) que nos propone y las extrañas mutaciones sociales del ser humano a lo largo de muchos miles de años.

El escenario es tan complejo como fascinante; en el año 10191, las máquinas pensantes han sido prohibidas por un conflicto universal en el que los humanos han triunfado por un escaso margen. Esta civilización futura es una mezcla histórica de la edad media, los reinos de taifas y las polis griegas, la población está dispersa en muchos planetas, regidos por casas feudales que a su vez están gobernados por el emperador Padishah, de la casa Corrino, aunque con un poder cada vez más testimonial, disminuido por el continuo enfrentamiento entre los diversos nobles y la influencia de las Bene Gesserit y la Cofradía Espacial.

La especia geriátrica melange es el producto esencial de este universo. Sólo se encuentra en el planeta Arrakis (alias Dune). Sus propiedades son muchas, pero las principales son permitir el transporte interestelar instantáneo, monopolizado por la Cofradía, provocar las visiones religiosas y los poderes telépatas de las Bene Gesserit y por último prolongar notablemente la vida humana. Los contratos de extracción, de los que se obtienen suculentos beneficios, son cedidos por la CHOAM a las grandes Casas.

La casa Atreides es originaria del planeta Caladan, un mundo verde de mares embravecidos y lluvias copiosas. El actual jefe de la casa es el duque Leto I. Su concubina es la Bene Gesserit, Jessica, y el hijo de ambos, Paul, su único heredero. Personajes importanes, afectos a la casa Atreides, son el doctor Yueh, médico de la casa, el mentat y maestro de asesinos Thufir Hawat, consejero del Duque y mentor de Paul, además de Duncan Idaho y Gurney Halleck, fieles soldados del Duque.

El Emperador ha concedido a la casa Atreides la licencia de explotación de la especia en Arrakis, anteriormente controlada por sus enemigos, los Harkonnen, con sede en el planeta Geidi Prime, un mundo destrozado por la industria y cuyos habitantes se encuentran esclavizados por el Barón Vladimir Harkonnen y sus dos pérfidos sobrinos, Feyd-Rautha y Raban. La pérdida inicial de la concesión no les preocupa demasiado, ya que todo forma parte de un plan urdido por el emperador, pero. mientras que la razón imperial es política, la del barón es el odio ancestral que siente por Leto y su casa.

La Cofradía Espacial posee el monopolio del transporte espacial. Los Navegantes son el escalafón más elevado de su jerarquía y son los únicos que pueden hacer posible que una nave se desplace a años luz de distancia de forma instantánea plegando el espacio. Pero el trabajo tiene sus inconvenientes. Los navegantes sufren transformaciones físicas terribles por saturación de especia y se ven obligados a vivir en tanques de alimentación. Nadie ha visto a un navegante salvo otro navegante. La especia para ellos es vital y desean controlar su producción, que monopoliza el emperador a través de una compañía fantasma (la CHOAM).

La orden Bene Gesserit, formada solo por mujeres, tiene el control religioso del imperio. Son un poder independiente de los poderes establecidos, imbricándose sin embargo en ellos; son las concubinas y consejeras de la nobleza, y mediante una planificación familiar escrupulosamente calculada, esperan conseguir el Kwisatz Haderach, una especie de mesías masculino que controlará el universo. Por supuesto las Bene Gesseirt desean controlar a su vez a este elegido.

Los Fremen son la población autóctona del planeta Arrakis. Están muy dispersos y viajan constantemente por el desierto. Viven al margen de las intrigas imperiales pero odian la explotación de los Harkonnen. En realidad son la clave para comprender el planeta y también esperan un líder que les libere de su opresión. El ecólogo imperial Keynes lleva muchos años con este pueblo y planea el progresivo acondicionamiento de Dune para que deje de ser un desierto, aunque para ello necesitan lo que no hay: agua.

En Dune solo existe un modo de vida originario del planeta: Los gusanos. Son criaturas gigantescas que atacan cuanto se mueve en las arenas del desierto. Aunque nadie les ha prestado la atención que merecen (salvo los Fremen) parece que están íntimamente relacionados con la especia.

Con estas premisas, Herbert teje una compleja trama política y económica en la que las conspiraciones palaciegas tienen un papel tan fundamental como, en más ocasiones de la cuenta, insufrible, pero la novela está muy bien escrita y excepto pedantes anotaciones al inicio de cada capítulo, realmente es entretenida y en ocasiones magistral.

Sugerencias: En mi modesta opinión, el fenómeno DUNE debió acabar en DUNE. Me explico. Las interminables secuelas de este libro (MESÍAS DE DUNE, HIJOS DE DUNE, HEREJES DE DUNE y CASA CAPITULAR) son novelas en las que me pierdo argumentalmente y que desarrollan una línea pseudo-folosófica que no comprendo en absoluto, amén de eternizar personajes (el caso de Duncan Idaho mueve a compasión), repetir explicaciones (la intervención de las Bene Gesserit es un tanto insufrible) y en definitiva confundir y aburrir al lector. Los dos únicos casos que se salvan son la repulsiva pero interesante raza Tleilaxu con sus metamorfos Danzarines Rostro y el no menos repulsivo y monstruoso Leto II.

En mi tabla mágica de los cinco elementos: Inteligencia (I), Curiosidad (C), Lenguaje (L), Imaginación (II) y trato de lo desconocido (D), la puntuación es:

DUNE: I (8), C (7), L (6), II (8), D(9).

© Manuel Nicolás Cuadrado, (931 palabras) Créditos