EL SIGLO DE LAS SIGLAS
por Dixon Acosta

A Patty, la abreviatura que amo.

El presente texto, no es del presente, es un producto del milenio pasado, comparte ese rasgo que puede en ocasiones afectarnos a nosotros mismos, cuando nos miramos al espejo sintiéndonos reflejo de una era lejana. Por eso en unas cuantas líneas, cuando aparezcan una serie de asteriscos, le propongo al amable y paciente lector que cambie de tiempo y lea el escrito con los pies sobre una tierra que giró hace varias vueltas, con la mente estacionada en 1999, cuando el cambio de milenio era una novedad que despertaba expectativas y miedos, y algunos cuantos aseguraban el final del mundo conocido, de la mano del anuncio de un Apocalipsis tecnológico que terminó con algo de desazón, y seguramente algunas robustecidas cuentas bancarias de programadores informáticos.

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Los factibles hijos que podamos engendrar a partir del año 2000 nos verán con una mezcla de curiosidad patética, por nuestra antigüedad, cobrando mayor sentido el llamado choque generacional. La moral, es decir, el conjunto de comportamientos y hábitos cotidianos de los hombres, seguirá siendo afectada por el cambio científico. Nuestro actual siglo, será un montón de datos acumulados en un libro o un disco compacto, que los historiadores futuros catalogarán con algún apelativo de fácil recordación. Por mi parte, propongo que este siglo veinte, cambalachero y próximo a ser un largo recuerdo, se conozca como el Siglo de las Siglas.

Así como al siglo dieciocho se le identifica como el Siglo de las Luces, por la profusión de ideas y acciones revolucionarias, y existe un Siglo de Oro de la literatura española, un buen apellido para el actual podría ser de las siglas, teniendo en cuenta que la abreviación es una característica que se ha venido multiplicando en lo corrido de estos años, a todo nivel. Si bien el abreviar no es algo nuevo, sobre todo en el trato entre personas de origen noble (DON), o en la correspondencia a Su Divina Majestad (S.D.M.), y otras aristocráticas presencias, se ha visto su popularización en las diversas esferas de la vida social. El hombre nunca antes necesitó de condensar expresiones y nombres, Adán se limitó a denominar objetos y animales, pero alguien empezó con una moda, que trascendió lo efímero para ser una constante de nuestra comunicación actual. La verdad, jamás se había avanzado tanto en un lapso tan corto, ni se había convivido de forma tan agitada y cambiante, es tal vez, sólo la premisa de lo que nos espera a la vuelta de la esquina milenaria. Conceptos como Estado, sociedad, gobierno, comunicación, moneda y religión pueden cambiar, modificarse o incluso desaparecer. Pero como no es posible anticiparse, lo único factible es hablar sobre lo actual, mientras se convierte en pasado.

Esta centuria, ha producido más información que la acumulada en todas las épocas de la humanidad, y cada día transcurrido significa un atraso intelectual constante y progresivo de las personas que habitamos este planeta. De allí la necesidad de simplificar, de abreviar los nombres y mensajes, es un síntoma y manifestación de nuestra complejidad, técnica y social, proyectada e interpretada en el lenguaje. Porque si algún curioso científico social desea entender este siglo, debe manejar esas pocas letras, que sin su soporte informativo, no tendrían ningún significado, pero que casi todos los ciudadanos del mundo entendemos, y por la importancia que le damos a su sentido, las signamos con mayúsculas como ADN, ONU, AA, USA, URSS, OLP, IBM, VHS, NASA, SIDA, CIA, FBI, CNN, COI, FIFA, NBA, GMT, BBC, UNICEF, IRA, RCA, ETA, TNT, DDT, FIAT, OTAN, MGM, ETC. Incluso situaciones no comprobadas, sólo supuestas tienen su propia sigla (OVNI), así como nuestra doble y dudosa moralidad ha calificado lo relacionado con el sexo con una letra repetida (XXX). En Colombia, existen siglas dolorosas como FARC, ELN, AUC.

Incluso los hombres, convertidos en nombres, pueden simplemente reducirse a palabras, sílabas o letras. No hay necesidad de recordar la definición bautismal, con nombres y apellidos completos, para saber de quienes se habla, cuando se escuchan fonemas como el CHE, JFK, MARILYN, LENIN, MALCOM X, GABO, JUAN PABLO II, CHACAL. Personajes que siendo ficticios, se convierten en seres reales con biografías, pero pueden ser reconocidos con una simple cifra, como el agente 007. Seudónimos, sobrenombres, alias, apodos, son otras manifestaciones de la sigla, el deseo de reducir la compleja realidad, para intentar entenderla en su extensión. Eso para no entrar en el terreno de los logotipos y lemas, que refuerzan nuestra sociedad consumista.

En inglés, aparece la Sci-Fi, para resumir en una frase partida, dos palabras: Ciencia y Ficción, que podrían ser una gran contradicción o una tremenda redundancia, dependiendo el lente con el cual se le observe, pues ciencia siempre tratará de ser sinónimo de verdad (así su historia esté plagada de plagios y falsedades), y la ficción intentará ser fábrica de mentiras maravillosas (que en ocasiones son verdades eternas). Ciencia Ficción, una compleja y sencilla frase, de pasado reciente y futuro ilimitado.

Todo esto para concluir, que estos cien años han sido tan pródigos, un período tan exuberante, voluptuoso y generoso en recursos y transformaciones, que ninguna abreviatura puede simplificarlo, ni siquiera la más conocida, S. XX.

© Dixon Acosta,
Ciudad Guayana, Venezuela, diciembre de 1999,
Bogotá, Colombia, (863 palabras) .
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