PLANETA PROHIBÍDO
PLANETA PROHIBÍDO EE.UU., 1956
Título original: Forbidden Planet
Dirección: Fred McLeod Wilcox
Guión: Cyril Hume sobre una historia de Allen Adler & Irving Block
Producción: Nicholas Nayfack
Música: Louis y Bebe Barron
Fotografía: Jordan Cronenweth
IMDb:
Reparto: Leslie Nielsen (Comandante Adams); Walter Pidgeon (Dr. Edward Morbius); Anne Francis (Altaira Morbius); Warren Stevens (Teniente 'Doc' Ostrow); Jack Kelly (Teniente Farman); Earl Holliman (cocinero); Richard Anderson (Jefe Quinn); Marvin Miller (Voz de Robbie)

No recuerdo cual fue la primera película de ciencia-ficción que vi. Desde luego, si no fue PLANETA PROHÍBIDO poco le faltó. Esta es una de esas películas, junto a ULTIMATUM A LA TIERRA, LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS, CUANDO LOS MUNDOS CHOCAN, y otras tantas que se funden en la memoria, las que me incitaron, entre otras muchas cosas, a aficionarme al género.

Lo cierto es que hacía mucho tiempo que no la veía, tanto, que mis recuerdos de ella eran en aquel buen blanco y negro de la vieja televisión Vanguard de mis padres (con su asombroso filtro de tensión, el estabilizador, y una extravagancia tecnológica de la época ¡el sintonizador externo de UHF!)

Una televisión perfecta para ver este clásico indiscutible del género. En cualquier caso, aquel asombrado recuerdo de increíbles naves espaciales, astronautas intrépidos, bellas mujeres, científicos locos, robots sorprendentes y monstruos intergalácticos se ha visto ciertamente perjudicado por el visionado, muchos años más tarde, en mi televisión en color, gracias a uno de mis dos vídeos y con bastantes más resabios que en aquel entonces.

Como historia resulta interesante, y pese a que el argumento es ciertamente sólido, habría mucho que hablar respecto a ciertas propuestas, y su desarrollo no deja de ser ingenuo, o cuando menos, con demasiadas concesiones hacia el público adolescente al que parecían ir dirigidas este tipo de películas.

La rapidez con la que el capitán de los audaces expedicionarios seduce a la chica, lo esquemático, a excepción del Doctor Morbius, de los personajes, lo disparatado de algunos diálogos y, en definitiva, lo poco cuidada que está la parte artística de la película, contrasta con otros elementos que la han convertido en el clásico que es hoy.

En resumen, una nave es enviada desde la Tierra a uno de los planetas de Altair para investigar lo ocurrido con una expedición perdida algunos años atrás. Allí sólo encuentran como únicos supervivientes al Doctor Morbius y su hija Altaira. Al poco, empiezan a producirse extraños sucesos que culminarán con el ataque de Id, un terrible monstruo, invisible y de origen misterioso, de cuya amenaza ya había advertido el Doctor Morbius. Entre tanto los recién llegados son informados de la existencia de las ruinas de una antigua civilización, la de los krell, tecnológicamente muy refinados y de conocimientos extraordinariamente avanzados.

El monstruo es uno de los mayores aciertos de la película; nunca mostrado, sugerido siempre, entrevisto a veces, es una presencia inquietante de principio a fin, y más terrorífica aún cuando sólo se sabe de él en los momentos en los que se manifiesta con mayor violencia. Y no es que no se recreara el monstruo por falta de presupuesto, los efectos especiales y decorados son magníficos para la época en la que está realizada la película, las razones van más allá, buscando que el espectador se inquiete ante sus más íntimos miedos, que al cabo es lo que representa Id.

Otro gran acierto es el Doctor Morbius, fascinado por la cultura krill no sólo se ha sacrificado él mismo, también ha condenado a su hija a una reclusión de la que ella no es consciente hasta que llega el equipo de rescate, seducida por el exotismo de los miembros del mismo (naturalmente es la plana mayor quien acude a investigar) no tarda en caer bajo las artes amatorias de los astronautas, tan desarrolladas como su entrenamiento militar.

PLANETA PROHIBIDO es una película, muy de su tiempo, que se sigue viendo con agrado, aunque en ocasiones resulte demasiado ingenua para el cínico espectador del siglo XXI.

© Francisco José Súñer Iglesias, (594 palabras) Créditos