LOS SEÑORES DE LA INSTRUMENTALIDAD
Cordwainer Smith
PIENSA AZUL, CUENTA HASTA DOS LA DAMA MUERTA DE CLOWN TOWN NOSTRILIA EN BUSCA DE TRES MUNDOS
Título original: Think Blue, Count Two The Dead Lady of Clown Town Nostrilia Quest of the Three Worlds
Año de publicación: 1963 1964 1965 1966
Editorial: Ediciones B
Colección: Nova nº 37 Nova nº 38 Nova nº 59 Nova nº 70
Traducción: Carlos Gardini
Edición: 1991 1993 1995
ISBN:
Precio: 9,92 EUR 11,08 EUR 14,01 EUR 12,71 EUR

Si no has visto Futurama, no sé a qué estás esperando. Sus capítulos están repletos de guiños a obras clásicas de la ciencia-ficción, y otras no tanto, e incluso a series y películas del género, como son los personajes de Star Trek. Coincidió que cuando estaba leyendo esta novela de Cordwainer Smith me dio por ver algunos episodios de Futurama. En uno de ellos, Fry, el protagonista, estaba enganchado a una bebida llamada Slurm, cuya fórmula secreta era que salía del culo de un enorme gusano. Y digo que coincidió porque Norstrilia es un planeta cuyos habitantes han hecho una fortuna gracias a una sustancia llamada Stroon, reclamada por todo el mundo porque confiere la inmortalidad, y que es un virus que producen ovejas enormes, gigantescas y deformes.

La novela se encuadra en la serie de Los Señores de la Instrumentalidad. Norstrilia es la Vieja Australia del Norte, un planeta de la Commonwealth. Sus habitantes proceden de la Tierra, que fue arrasada por la guerra hace 15.000 años. La peculiaridad que tienen es que pueden audiar y linguar sin abrir la boca; es decir, son telépatas. ¿Todos? No. Los subhombres no pueden porque son animales modificados para que puedan hablar, entender y trabajar. Menos aún los cerebrocentrados, que son robots construidos en torno a un cerebro animal. Y tampoco puede Rod McBan, nuestro protagonista. Además, los norstrilianos son inmortales. La única pega es que para controlar la población deben pasar por la Sala de la Muerte, que decide quién debe seguir viviendo.

A partir de aquí, Cordwainer Smith trenza una historia de maduración (Rod es un adolescente), con amor y venganza (lo que mueve el mundo), economía globalizada (nunca mejor dicho) y el trasfondo de la cuestión racial. Es una novela repleta de ideas interesantes. La familia de Rod, que se dedica a cuidar ovejas, como todo el mundo, guarda un viejo ordenador militar que para evitar la muerte de su dueño hace unas cuantas operaciones financieras, y convierte al muchacho en el individuo más rico del Universo. Y claro, Rod compra la Vieja Tierra. Pero para pasar desapercibido, un médico convierte a Rod en una subpersona. Aquí la novela podría haber derivado, si se tratara de un producto de la new wave hacia una moraleja sobre la tolerancia y la conciliación racial, pero no. A Cordwainer Smith le trae sin cuidado.

Aparece entonces G´mell, una gata voluptuosa, una subpersona —hay que recordar la obsesión de Smith por los gatos, de ahí que G´mell aparezca en otros—, que le enseña la Vieja Tierra. G´mell es una especie de esclava sexual al servicio del comisionado llamado Bebedor de Té —suena un poco ridículo, pero el tipo se llama así—, con la misión de cuidar de Rod. Pero el cuidado más va allá de que no le maten —los policías son robots, como en Futurama, que no preguntan—. G´mell le dice que se busque a sí mismo, para que aprenda quién es y que sepa qué quiere en la vida.

Los subhombres viven en el subsuelo, en el mundo de Abajo Abajo, y allí conoce al Maestro Gatuno, que dice cosas como «Cada nueva experiencia es una recompensa antes de morir» y «Nuestra vida es moldeada por las personas que conocemos, los lugares que visitamos, los trabajos o aficiones a que nos dedicamos». Cordwainer Smith, como es sabido, tuvo siempre muy presente la cultura china, como es notorio en este caso.

Los Señores de la Instrumentalidad, un consejo de hombres poderosos, que gobiernan los mundos habitados por encima de la ley, y que tienen el poder de la premoción, además de la telepatía, no saben qué hacer con él, o eso parece. A uno de ellos, como ejemplo disparatado, se le ocurre que «quizá confisquen la propiedad del muchacho, lo manden a un hospital y lo hagan salir hablando VASCO y tocando música FLAMENCA». A Cordwainer le debió parecer lo suficientemente exótico y loco como para citarnos así.

La maduración de Rod llega al conocer el significado del amor, de la entrega y del poder. El Maestro Gatuno le dice que el Hombre llegó a tener una vida de 400 años, una lengua común y un condicionamiento estándar. Todo el trabajo lo hacían las subpersonas y los robots. Así llegó la Decadencia del Hombre. Alice More, una especie de filósofa o antropóloga, elaboró la teoría del Redescubrimiento del Hombre, consistente en organizar las antiguas naciones, ofrecer, una cultura adicional a todos y fomentar las peleas, las enfermedades y los accidentes. El Hombre se tenía que despertar y reanudar la civilización. Mientras tanto, decía el Maestro Gatuno, existirían los Amos Secretos; es decir, el mundo gobernado por sus servidores, por las subpersonas.

Rod vuelve a Norstrilia como un hombre maduro y ajusta su vida y la de su entorno. Así, sin contar más detalles de una historia repleta de ellos, termina una novela preciosa y rica en ideas y planteamientos. Aquí, en Roma, desde donde escribo este comentario, es fácil comprender a Rod.

© Jorge Vilches, (1.041 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Imperio Futura el 4 de abril de 2009
CC by-nc-nd 3.0

Acabo de terminar la tetralogía de La Instrumentalidad, de Cordwainer Smith, y todavía no se me ha cerrado la boca.

A despecho de que Paul Marion Lynerbarger fuera fachoso (eso dicen), consejero militar de Kennedy, y oficial de inteligencia durante la guerra de Corea, me parece alguien admirable.

La Instrumentalidad que construye Smith es una civilización absolutamente fuera de lo común; aún rozando tímidamente al concepto de Space Opera por el envoltorio con que ata todo (un inmenso imperio/tecnogracia que engloba varios sistemas regidos por la Instrumentalidad), y tangenciando lo fantástico (con animales inteligentes, paradojas temporales, caballeros y damas), el autor crea un mundo propio jamás tocado anteriormente.

Desde el absurdo anticomunista de la invasión/colonización de un planeta por el sencillo método de bombardearlo con personas de EL DÍA QUE LLOVIERON PERSONAS (perdón si el título es erróneo, pero escribo de memoria), hasta el más puro estilo de Hans Christian Andersen en el cuento de ALPHA RALPHA BOULEVARD, en el que unos nuevos Hansel y Gretel toman un camino de inciación en el que, en este caso, la casa de chocolate se convierte en los restos de un antiquísimo parque de atracciones, toda la obra de Smith rezuma sentido de lo fantástico, haciendo avanzar un paso más allá la ciencia ficción sin entrar en la grotesca boutade en que se convirtió aquel otro intento llamado New Thing.

El autor, en un alarde estilístico (inmensamente acompañado por la magistral traducción), nos lleva de la mano a visitar nuevas civilizaciones y sociedades sin agobiarnos con retorcidas descripciones o apabullantes conceptos. En definitiva, un auténtico maestro del género, absolutamente imprescindible para quienes no lo conocen.

© Román Goicoechea Luna, (274 palabras) Créditos