TRILOGÍA DE DURDANE
Jack Vance
EL HOMBRE SIN ROSTRO LOS VALEROSOS HOMBRES LIBRES LOS ASUTRA
Título original: The Faceless Man Then Brave Free Man Asutra
Año de publicación: 1971 1972 1973
Editorial: Ediciones B
Colección: Libro Amigo nº 25 Libro Amigo nº 42 Libro Amigo nº 59
Traducción: M. Gimenez-Sales José María Pomares
Edición: septiembre de 1987 noviembre de 1987 febrero de 1988
Páginas: 218 268 255
ISBN: 978-84-7735-
Precio: ---

El hombre sin rostro

Gastel Etzwane es hijo de una de las mujeres que trabajan en el Camino de los Rododendros, un poblado junto a la tenería donde los Padres-alma inician a los varones en su simple y estricta condición. A determinada edad, los niños pasan por un cruel ritual para purificarse y limpiar el pecado original. Etzwane escapa para tocar el khitan cerca del camino de los Rododendros y es obligado a repurificarse. Logra escapar de la tenería, pero los sacerdotes envían contra él a los temibles ahulpos, homínidos semiinteligentes que actuan como fieros sabuesos; en su huida, Etzwane conocerá a Ifness, un misterioso personaje con un extraño interés por los terribles e inhumanos roguskhoi, y adoptará el torco de músico (un collar con un código de colores con el que el Ánomo, el máximo juez y dirigente de Durdane, vuela la cabeza a los delincuentes), uniéndose a una compañía ambulante. No obstante, Etzwane volverá a encontrarse con Ifness, y esta vez para descubrir que algunas cosas con el Anomo y con los roguskhoi marchan hacia un misterioso rumbo.

EL HOMBRE SIN ROSTRO es una historia fascinante, inspirada firmemente en la épica y el entorno juglaresco de la europa provenzal, la occitánia del siglo XII con sus trovadores de mitos y gestas y la misma Suiza cantonal. Los personajes tienen un perfil capaz de hechizar al lector, cada uno a su propia manera, y V a nce se atreve (con éxito) a realizar temerarias apuestas literarias (léase si no cómo se despide Ifness al final del libro, o cómo cae de repente el peso de toda Shant sobre los hombros de Etzwane). Vance logra describir toda la esencia del sentido de la maravilla, con ligereza, frescura, y consiguiendo una novela inusualmente equilibrada, cuidando al mismo tiempo el lenguaje y dotándolo de una sensualidad exuberante. EL HOMBRE SIN ROSTRO se convierte en seguida en una lectura cómoda y que fluye sin obstáculo de página en página, reivindicando de algún modo este formato frente al tomazo, tan de moda en la actualidad.

Se puede hacer en esta novela un recuento de las figuras más notables que caracterizan a Jack Vance en su producción de literatura fantástica: protagonista infantil (aunque solo inicialmente), un segundo protagonista misterioso y autosuficiente, una ágil descripción costumbrista, el mal siempre en una forma escurridiza y siniestra acechando desde las sombras, y una sensualidad implícita y al mismo tiempo genial (Sé que llegó a reprender duramente a un Joven Puro por haber aspirado la fragancia de una flor. La flor es un órgano engendrador femenino -exclamó el Gran Varón Osso-, y tú estabas con la nariz metida en él.). En este caso, Vance añade interesantes elementos, en forma de tecnología (los torcos es una idea que más adelante sería aprovechada para el cine), de extraños seres al más puro estilo Jim Henson, creíbles y bien descritos, además de la clásica recreación de costumbres y gentes peculiares y exóticas.

En pocas palabras, EL HOMBRE SIN ROSTRO es una extraordinaria novela de género, divertida, saludable y equilibrada, perfecta para desintoxicarse del conceptismo que se ha instalado recientemente en el género, para ahuyentar algunos de los fantasmas que sobrevuelan a la ciencia-ficción, y tan entretenida que es imposible cansarse de leerla una y otra vez.

Calificación:

Narrativa: 6, Argumento: 5, Originalidad: 7, Global: 6

© Francisco Ontanaya, (551 palabras) Créditos

En esta trilogía podemos encontrar de nuevo a Jack Vance en estado puro; aventuras sin fin, pícaros medrando aquí y allá, personajes de ideas claras, actitudes firmes y calculada ambigüedad, exotismo fascinante, diálogos de una precisión casi quirúrgica, y todo envuelto en una ambientación en la que las armas energéticas se mezclan con las espadas y la tecnología va desde el carro de bueyes hasta las naves espaciales.

Hace mucho que leí por primera vez esta trilogía, que más bien habría de llamarse libro publicado en tres entregas, y creo que en aquella ocasión no lo disfruté tanto como ahora. A estas alturas tengo muy claro que es lo que me interesa y que no, y decididamente los experimentos narrativos y las composiciones alambicadas me resultan tan aburridas como pretenciosas. Enfrentado pues a una obra de una claridad narrativa del grado de esta me he encontrado pues quitándome horas de sueño y leyéndola en circunstancias sorprendentes. Y por el puro placer de la lectura.

Esto no quiere decir que con estas novelas Vance alcance el grado sumo de la perfección. En ocasiones la acción resulta estar tan simplificada que más que la propia narración parece el resumen de la misma, o la explicación final a todos los misterios y problemas planteados, que se resuelve en apenas tres páginas de apresuradas explicaciones al final de LOS ASUTRA, es muy poco satisfactoria.

Por lo demás son tres novelas que resultan muy recomendables. El esquema es muy similar a otras novelas de Vance, como LAMPARA DE NOCHE, el Ciclo de Tschai o Los Príncipes Demonio; el protagonista, (aunque en el caso del Ciclo de Tschai habríamos de hablar de Traz Onmale) generalmente un niño o adolescente, se ve obligado por las circunstancias a dejar su plácida existencia y embarcarse en empresas que, en apariencia, superan con mucho no sólo la capacidad deL elegido, sino incluso la de cualquier ser humano. Sin embargo, a los personajes de Vance no les detienen esas consideraciones del todo ociosas, muy al contrario de otros héroes-niños nunca dudan, son de inteligencia despierta y voluntad férrea y tienen muy claro que quieren ser los dueños de su destino, y con la inconsciencia propia de la juventud se embarcan en aventuras asombrosas. Será más tarde, cuando hayan conseguido sus objetivos y en cierto modo su vida haya dejado de tener sentido, cuando se derrumben empiecen las dudas y los estados depresivos. A veces se acusa a los personajes de Vance de ser demasiado planos y sin una personalidad rica, en realidad de lo único que carecen es de esa ñoñería tan querida por otros autores, como O. S. Card. Un personaje como Ender no duraría mucho en los universos de Vance.

En cuanto al argumento de La Trilogía de Durdane poco hay que contar. Y digo poco porque hacer un breve resumen de todas las peripecias de Gastel Etzwane me llevaría una buena cantidad de espacio, baste decir que unos extraños bárbaros, los Roguskhoi asolan el país de procedencia de nuestro héroe; Shant, en el planeta Durdane, colonizado por humanos nueve mil años atrás. Antes la pasividad del Hombre sin Rostro, máxima autoridad del país, Gastel Etzwane decide intervenir, resuelve el problema, y esto le lleva a descubrir que los Roguskhoi son el aparente producto de unos alienígenas más extraños aún; los asutra, especie parasitaria que necesita de otras para desplazarse eficientemente y potenciar sus habilidades mecánicas. Etzwane es capturado por los asutra y llevado a su planeta del que escapa para volver a Durdane tras asombrosas y emocionantes peripecias. Aunque como finalmente se descubre, no todo es como parecía ser.

La gran objeción que se puede poner a esta edición es que se puso en manos de dos traductores; M. Gimenez-Sales, tradujo EL HOMBRE SIN ROSTRO y José María Pomares LOS VALEROSOS HOMBRES LIBRES y LOS ASUTRA. No se si por desconocimiento del trabajo de Gimenez-Sales o por desacuerdo con él, José María Pomares siguió una línea de traducción completamente distinta, lo que hace desconcertante acabar EL HOMBRE SIN ROSTRO y empezar LOS VALEROSOS HOMBRES LIBRES. Habrá que suponer que en posteriores reediciones se solucionará este problema, porque en esta edición da la sensación de gran chapuza editorial.

© Francisco José Súñer Iglesias, (702 palabras) Créditos