LA BICICLETA: CÁNDIDA MÁQUINA
por Luis Bolaños de la Cruz
LA CANCIÓN DE LAS ESTRELLAS

Símbolo de juventud, salud y vitalidad, de ahorro energético y nuevo modelo de desarrollo alternativo, la bicicleta es además, una excelente e ideal máquina para soportar una situación de perpetuo stress como la desplegada por la civilización actual, mediante su practica cotidiana. Convertida en compañera insustituible de las actividades humanas, parece destinada a acompañarnos por mucho tiempo más, porque se ajusta como anillo al dedo a los nuevos vientos ecológicos que están soplando en la comunidad internacional y porque el transporte urbano del siglo XXI se desplazará en un alto porcentaje a golpe de pedal o colectivamente, en ciudades con arquitectura más amable y humana expresada en abundantes puentes peatonales, aceras anchas, ciclovías, pistas zigzagueantes, islas para reducir el ancho de las avenidas y rompemuelles esquineros (reformas concebidas no como accesorias sino como elementos esenciales de un paisaje urbano que incluya peatones y ciclistas), una vez se decida desterrar a los indeseables vehículos a combustible fósil, las políticas de transporte y de crecimiento metropolitano destinados a privilegiarlos (recordar que un kilómetro de autopista se traga seis hectáreas de suelo) y se controle la voracidad de las transnacionales petroleras y de automotores.

En las exploraciones o colonizaciones de lejanos planetas presentadas por la ciencia-ficción, aparece aunque tímidamente la bicicleta: Por ejemplo, en la utopía anarquista y ecológica de Anarres descrita por Ursula Le Guin en LOS DESPOSEÍDOS que se basa en los kibbutzim y las colectividades chinas de la Revolución Cultural para la organización de la producción agrícola, en Kropotkin para la organización social, en Paul Goodman para la organización urbana y en Murray Bookchin para la política tecnológica (según el análisis que realiza Joan Martínez Alier en uno de los capítulos de su obra LA ECOLOGÍA Y LA ECONOMÍA), y sus medios de transporte por excelencia serán los trenes, las bicicletas y los dirigibles. Claro que contrapuesta estará la sociedad de Urras (su planeta gemelo en un doble sistema similar al Tierra-Luna), que funciona exactamente a la inversa, sin criterios de conservación ecológica y utilizando tecnologías contaminantes y destructivas.

Mientras que en Whileaway, el planeta de la sociedad anarcofeminista de Joanna Russ (EL HOMBRE HEMBRA), cuenta que tras una plaga que ha aniquilado sólo a los hombres, las mujeres se organizan en una sociedad donde las casas son autosuficientes con fuentes de energía descentralizadas (motores a alcohol o células solares), se utilizan aerodeslizadores para el transporte de carga y las bandas de chicas itinerantes que exploran el planeta antes de asentarse en alguna familia múltiple (clanes donde coexisten varias generaciones) se desplazan a pie, la bicicleta que sería conveniente para su bucólica sociedad, se encuentra ausente en la descripción.

Aunque la rueda se inventó hace aproximadamente unos cinco mil años, sólo surgen los antepasados primitivos de la bicicleta y empieza a concretarse la idea en el Renacimiento con Leonardo da Vinci (que dibuja el primer esquema), y en el siglo XVII, con precursores como Jean Tesón quien se desplaza en un armatoste impulsado con los pies (Fontainebleau, 1645); Jacques Ozanam que hacia 1680 diseña un triciclo con ruedas traseras a berbiquí; después el conde de Sivrac coloca la nota humorística cuando a horcajadas sobre un similar cacharro desciende por las colinas cercanas al palacio real en medio de las carcajadas de los cortesanos (1690).

En los prolegómenos de la Revolución Francesa (1779) rueda el velocipides descrito en el Journal de Paris y creado por el mecánico Blanchard y el físico Mesurier); a inicios del siglo XIX se multiplican los intentos con el celerífero y la draisina (con rueda anterior móvil patentada en París por el barón Karl von Drais en 1818), es el momento para afirmar que encontramos los primeros antecesores auténticos de la bicicleta. Como siempre lo nuevo genera el rechazo, el obrero Lallement, primero en circular por la calle, es desmontado a pedradas por la chiquillería y encarcelado por escándalo público.

Contrasta esta actitud con la relatada en LUZ VIRTUAL (William Gibson), cuya protagonista Chev e tte, mensajera en bicicleta a pesar de los artilugios informáticos, es una muy activa y requerida courier de la empresa Aliados que recorre un San Francisco devastada por un megaterremoto, entregando en mano los átomos (frecuentemente drogas de diseño o proporcionadas por los agentes de los carteles) que los ricos del sistema requieren para funcionar lubricadamente. La colonia anarquista que se refugia en las ruinas del Golden Gate, la organización Polis en Problemas con abogados, programas de TV y apoyo a los policías que han cometido equivocaciones letales, la presencia del Cartel de Medellín que se despliega soberbio sobre el planeta, mientras coexisten dos Californias: NorCal y SurCal en un USA profundamente transformado, contribuyen a colorear este calidoscopio postmoderno y cyberpunk, donde las bicicletas les gritan advertencias a quienes se acercan a ellas.

Los hermanos Michaux, carreteros e inventores, fijan pedales a la rueda anterior en 1860, eliminando la necesidad de empujar el velocípedo apoyando los pies en el suelo; no obstante, el impulso directo sobre la rueda limitaba la velocidad del aparato, motivo por el cual para aumentarla, se empieza a agrandar la rueda delantera motriz con diversos bocetos lanzados por Clément y Hillman, surgiendo la Gran Bi aún lenta, inestable y con problemas técnicos derivados de la confección de los radios de la enorme rueda. Observando la evolución que ha tenido en nuestro planeta, es probable, que en otros ambientes estelares, las formas plasmadas en los croquis y que adopten los constructores tendrían que acomodarse a las características propias de esos lugares, no existiría un modelo de bicicleta sino múltiples concreciones según las condiciones ambientales y ecológicas.

En rápida sucesión se acumulan las mejoras: en 1864 James Slater fabrica la cadena de transmisión; Starley en el período 1870-1874 dota a las ruedas de radios de alambre e inventa un vehículo con un solitario pedal que se maniobra de costado, especialmente para mujeres, ligado al rechazo que generaba en mentes puritanas la forma de montar y el enseñar las piernas en el pedaleo; en 1879/80 Lawson y Renold logran la transmisión por cadena, plato y piñón. Para 1885 los modelos de Rudge (apenas 10 kilos de peso) y Starley son ya bicicletas modernas; ese mismo año Daimler y Benz aportan el ciclomotor; en 1890 Dunlop agrega los neumáticos; en 1894 llegan los frenos de disco y en 1899 los tensores de cambio y la rueda libre. Los mínimos progresos posteriores están probablemente ligados a su sobresaliente eficiencia e inusitada sencillez, y a que su simplicidad permitió una racionalización de las técnicas de producción industrial masiva basadas en esas características. Sin embargo, mejoras como nuevos materiales para los cuadros, cascos protectores, llantas reflectantes que permiten reconocer a los ciclistas con mayor facilidad en la oscuridad, no son desdeñables. Habría que considerar el extraño modelo y combustible propulsor propuesto por Poul Anderson en A BICYCLE BUILT FOR BREW para ampliar nuestros criterios e incorporar otras tecnologías.

Cada segundo, más de 10.000 estímulos sensoriales nos asaltan incesantemente; cuando intentamos aprender a manejar (bastan tres días y un par de caídas) y conducir una bicicleta diestramente por las calles (montarla adecuadamente requiere un mínimo de dos años) su número se multiplica y debemos seleccionar deliberadamente algunos e intuitivamente otros para recrear en nuestro cerebro y sistema nervioso una imagen del mundo en movimiento que no corresponde a la del desplazamiento a pie (forma natural), cabalgar (relación con otro ser vivo mediada por su apetencia y volición) o viajar en automóvil (encerrado en una máquina), y que sin embargo se graba indeleblemente suceda lo que suceda (un amnésico no olvida como se utiliza una bicicleta) consiguiendo ser tan real como cualquiera de las otras acciones locomotrices, a pesar -o gracias- al especial papel que juega el equilibrio en su control. Debemos recordar que la característica más importante de la bicicleta es la forma como se adapta a quien la utiliza, desde el tamaño (5 milímetros pueden afectar drásticamente la comodidad y el rendimiento) hasta la altura del sillín y su ángulo respecto al cuadro pasando por el ancho del manillar, que de ser adecuados evitan desgarramientos musculares, dolores lumbares o daños en las articulaciones.

La bicicleta es un medio de transporte de gran beneficio energético (un estudio estadounidense estableció que para recorrer 1 kilómetro se queman 35 calorías, mientras que el motor de un automóvil consume 1860 calorías), además el rendimiento de los músculos de los muslos (la masa muscular más potente del cuerpo) en el pedaleo es alto, porque ajustamos permanente e intuitivamente la potencia y ritmo de nuestro esfuerzo con la fuerza del viento, la resistencia del aire, la pendiente que cruzamos y el efecto de la gravedad, el tipo de terreno que atravesamos y los rozamientos que se derivan. Si dejamos de lado las cuestas y las competencias, en las cuales cuenta el peso para vencer la gravedad e imprimir bruscas aceleraciones, en general el ciclista permanece siempre a la misma altura cuando transita por terrenos llanos a velocidad constante, por lo cual no realiza movimientos inútiles que le obliguen a impulsarse superfluamente.

Norman Spinrad en LA CANCIÓN DE LAS ESTRELLAS lleva a su máxima expresión una tecnología limpia bajo los principios de la ecología y nos presenta tras una catástrofe nuclear a la civilización de Aquaria basada en la potencia del músculo, el sol, el viento y el agua, donde los cielos son cruzados por águilas de helio impulsadas por pedales y células solares y los caminos son recorridos por velociclos de diverso tipo, mezcla de velero y bicicleta.

El rozamiento contra el suelo depende, en lo fundamental, del diámetro de las ruedas, el tipo de neumáticos y su presión y elasticidad, pero que resulta despreciable si lo comparamos con el desgaste de energía que significa vencer la resistencia del aire. De acuerdo con las mediciones efectuadas sobre los corredores de competencias, para rodar a 50 kilómetros por hora se requiere consumir 600 vatios de energía, repartidos así: 200 para derrotar la resistencia del aire sobre la máquina, 350 para abatir la resistencia del aire ejercida sobre el ciclista y 50 destinados a vencer a los distintos rozamientos (cojinetes, suelo). Las conductores de bicicletas de la mortífera CARRERA DE SEIS DÍAS de HECHO A LA MEDIDA que están equipadas con lanzas y manguales para derribar a sus contrincantes, tendrían que incluir la energía de sus ataques y sus desplazamientos de escape y persecución a los guarismos antes señalados para lograr un eficiente desempeño. Este cuento de Frank Belknap Long, posteriormente novelizado como EL DÍA DEL ROBOT detalla una sociedad dictatorial y violenta controlada por máquinas cibernéticas que deciden a quien otorgan derecho a reproducirse según su herencia genética, y para mantener a las masas sujetas a su férula le ofrecen espectáculos sangrientos a base de competencias de bicicletas.

El mantenimiento de la estabilidad del conjunto persona-máquina, sea en línea recta o en curva, depende de una armoniosa relación basada en las reacciones instintivas o reflejas ejecutadas por el ciclista ante los movimientos de la bicicleta, al girar nos inclinamos hacia el interior de la curva que describimos y nos sometemos, tanto al peso de nuestro propio cuerpo como a la fuerza centrífuga, y debemos contrarrestar intuitivamente tales impulsos si queremos mantenernos encima de ella. Jones por un lado y Timoshenko y Young­ por otro han investigado más científicamente a la bicicleta pero sin contribuir significativamente a desvelar sus incógnitas.

Probablemente por ello, la eligieron como forma de desplazamiento temporal, tanto Stephen Baxter (LAS NAVES DEL TIEMPO), quien llega a concebir con esa traza una de sus cronomáquinas, como Tim Sullivan (UN DINOSAURIO EN BICICLETA) que en un universo alternativo donde nunca se extinguieron los dinosaurios, la convierte en la base del cronocineticón, artilugio que a pedal lleva a los elusivos rincones temporales de otros universos a los saurios crononautas (debemos recordar que todos estos universos existen según la teoría del Multiverso­ de Michael Moorcoch en literatura y del astrónomo inglés Martin Rees en ciencia, sólo que en esta versión nos está vedado penetrar en ellos).

La adquisición de reflejos adecuados y su dominio por parte del ciclista, alcanzados en un proceso lúdico, placentero y simultáneamente radical e inconsciente, continúa siendo imprescindible para mantenerse encima del sillín, y por ahora no existe ningún indicio de su reemplazo por alguna panacea metodológica (por eso no existen manuales de cómo aprender a montar en bicicleta). Concluiré recordando que cuando más inestable es una bicicleta más manejable resulta, fundiendo en su práctica la percepción intuitiva y el azar creador, para entregarnos ese fascinante misterio que emana de su magia inexplicable, tal y como ocurre con la ciencia-ficción, a pesar de dolorosos argumentos como los desplegados por Thomas Disch en su artículo LAS MENTIRAS DE LA CIENCIA-FICCIÓN, presentado en Gigamesh 13.

© Luis Bolaños de la Cruz, (2.124 palabras) 2001 Créditos

Bibliografía

1. La bicicleta: Jean-Pierre Vieren: en Mundo Científico N10, Editorial Fontalba, Barcelona, 1984

2. HISTORIA DE LAS COSAS, Pancracio Celdrán, Ediciones El Prado, Madrid

3. CICLISTAS SIGLO XXI, Sergi Ramis, en Integral N209, Mayo 1997

4. Los diseños urbanos deben incluir el uso de bicicletas, El Comercio /23.02.99/ Lima