EL ALIMENTO DE LOS DIOSES
EL ALIMENTO DE LOS DIOSES H. G. Wells
Título original: The Food of the Gods
Año de publicación: 1904
Editorial: Teorema S. A.
Colección: Visión-Arcadia
Traducción: A. Laurent
Edición: 1983
ISBN:
Precio: 2,40 EUR

El acercamiento a la proto ciencia-ficción repara al explorador experiencias tan agradables como EL ALIMENTO DE LOS DIOSES. Dentro de la obra de Wells está encuadrada en un grupo de novelas de madurez (junto a LOS DIAS DEL COMETA y LA GUERRA EN EL AIRE), en la que el autor toma caminos mucho más reflexivos que en sus obras anteriores, lo que le llevará a terminar escribiendo en los últimos años de su vida casi exclusivamente sobre temas filosóficos y de un claro compromiso social

Sin embargo, no son estas últimas obras las que han transcendido (al menos fuera del entorno anglosajón) sino aquellas primeras, como EL ALIMENTO DE LOS DIOSES, en las que Wells se apoya en la ciencia de su época, tanto maravillado por ella, como para advertir de sus peligros. Puede resultar extraño que obras claramente de ciencia-ficción como esta, LA MÁQUINA DEL TIEMPO, o LA ISLA DEL DOCTOR MOUREAU, por no hablar de EL HOMBRE INVISIBLE o LA GUERRA DE LOS MUNDOS, hayan llegado hasta el día de hoy más vivas que nunca, pero es indiscutible que nos encontramos ante un escritor de gran categoría, que ha trascendido a su tiempo quedando como uno de los padres de la ciencia-ficción moderna.

Que la obra de un autor perdure en el tiempo, más allá de las modas y las épocas, es señal inequívoca de su auténtico valor. Por mucho que críticos entusiastas y editores sacrificados se empeñen en sostener obras de nulo interés para el lector o el espectador, estas acaban por morir, ignoradas por los verdaderos jueces; el consumidor final y la obsolescencia. Si por el contrario, la exigencia del lector, o espectador, hace que las sucesivas reediciones sean rentables la obra nunca morirá, por mucho que se empeñen los críticos abominando de ella, siempre habrá editores emprendedores dispuestos a ganar sus buenos dineros gracias al entusiasmo del público.

Y que nadie se confunda y piense que cuando hablo de público me refiero a la morralla cuartelera con la que se le confunde habitualmente; cada obra tiene su público, desde los más infectos subproductos televisivos hasta las más sublimes odas al sentido de la vida. Pero incluso, tanto entre lo infecto como entre lo sublime, hay obras que perduran y obras que, afortunadamente, se pierden en el olvido.

Pero es que además, en el caso de Wells, así como en el de Verne, sus escritos han tenido la fuerza suficiente como para perdurar y los temas que tocan son cada vez más actuales. En la época en la que ambos escritores desarrollaron la mayor parte de su actividad (a caballo entre el siglo XIX y XX) el desbordante desarrollo tecnológico de la época provocó también una amplia producción de literatura tecnico-científica de la que muy pocos ejemplos han sobrevivido. Wells y Verne tenían una visión de todo aquello lo bastante amplia como para que sus novelas fueran algo más que aventuras tecnológicas y catálogos de maravillas científicas, extrapolaban y reflexionaban acerca de las consecuencias presentes y futuras de esa. Esa quizá sea la causa de que no hayan caído en el olvido. Los problemas que causaban aquellas primeras aplicaciones masivas de las fuentes energéticas y los problemas ambientales que se planteaban con las concentraciones poco naturales de población y materias primas siguen a la orden del día.

Precisamente, EL ALIMENTO DE LOS DIOSES, trata ese problema; ¿qué ocurriría si se liberará, sin control alguno, un agente químico de inusitada potencia en la naturaleza? Wells lo tiene claro; un mundo contaminado y desvirtuado caminando hacia un nuevo orden producto de los increíbles efectos de la heraceloforbia, el Alimento Estrella, el Alimento de los Dioses.

Medio siglo antes de que la imaginería nuclear presentara criaturas gigantescas, producto de la contaminación radioactiva, Wells propone esos mismos fenómenos, pero causados por un producto que guarda concentrado el secreto del crecimiento continuo. No se crean mutantes ni criaturas fantásticas, únicamente seres con un crecimiento acelerado, que interactuando con el entorno habitual, provocan la sorpresa y el caos.

En el libro, divertido y de carácter marcadamente humorístico en sus dos primeros tercios, acaba como la sombría narración por la supervivencia de los hijos del Alimento de los Dioses. En un mundo cambiante, las notas sobre el jovial descuido de los científicos al tratar con sustancias impredecibles son también constantes, muestra de que ya entonces, incluso con el optimismo que en la época existía sobre el progreso, había una notable inquietud sobre las consecuencias de la creación y el manejo, con más alegría que cuidado, de nuevos y maravillosos compuestos.

Finalmente Wells concluye que el Nuevo Orden, el generado de forma inconsciente por científicos descuidados, es el que prevalecerá sobre las antiguas y honorables formas de vida. En esencia no se equivocaba; de otra forma mucho más sutil a la propuesta por él, la técnica, la ciencia, el progreso en general ha hecho olvidar viejas tradiciones, ha desequilibrado el reparto de la riqueza en el Mundo, ha liberado a masas enteras de población de la esclavitud física, pero las ha hundido en otro tipo de esclavitud más insidiosa, con el dinero como látigo implacable.

Wells era un pensador, y comprendía que el ingenio del hombre estaba a punto de acabar con el mundo plácido y ordenado en el que vivía. No se equivocaba.

© Francisco José Súñer Iglesias, (884 palabras) Créditos