RESCATE EN EL TIEMPO (1999-1357)
RESCATE EN EL TIEMPO (1999-1357) Michael Crichton
Título original: Timeline
Año de publicación: 1999
Editorial: Plaza & Janés
Colección: -
Traducción: Carlos Milla Soler
Edición: Marzo de 2000
Páginas: 573
ISBN:
Precio: 19,23 EUR

La ITC es una multinacional aparentemente inofensiva, que apenas llama la atención y cuyo trabajo oficial no tiene el menor interés periodístico. Robert Doninger, un temperamental genio y millonario prematuro, la fundó en medio del desierto de Nuevo México para explorar los avances en física cuántica que él mismo ideaba. Pero la investigación requiere ingentes cantidades de dinero; cuando el presupuesto se agota, deciden acelerar un proyecto que aún no estaba terminado: el proyecto Dordogne, la reconstrucción del entorno de dos castillos rivales durante el siglo XIV, La Roque y Castelgard, a orillas del río Dordogne. Pretenden convertirlo en el primer parque turístico auténtico, uno que reproduzca fielmente la historia.

A orillas del Dordogne trabaja un equipo de arqueólogos y medievalistas, dirigidos por el profesor Johnston, encargados de estudiar las ruinas y proyectar la reconstrucción. Pero, a través de un extraño incidente cerca de Nuevo México (un empleado de la ITC que apareció tirado en medio del desierto), sospechan de la multinacional, y el mismo Johnston viaja a los laboratorios para averiguar cuál es la verdadera actividad de sus patrocinadores.

El resto del equipo encuentra entre unos legajos medievales una extraña anotación: un mensaje del propio Johnston, escrito seiscientos años atrás. No mucho después, son requeridos también por el ITC. El profesor se ha perdido en pleno siglo XIV, cuando Castelgard y La Roque fueron asaltados por los franceses.

TIMELINE, me resisto a utilizar la aberrante traducción del título, es un libro comercial y no una novela. Vaya por delante. La historia es de entrada una flagrante composición de tópicos: viajes en el tiempo, guerras medievales, multinacionales perversas, y un grupo de aventureros contra un malo malísimo y que han de recuperar algo (alguien) valioso. Es tan triste como de éxito garantizado. Y significa, por otro lado, que estamos hablando de un producto, ya que no de una obra.

Hablemos, pues, de este producto. A Crichton ya le conocemos: prosa llanita, poca lírica, acción bastante bien orquestada, excelente documentación, buena caracterización de los personajes aunque no dejen de ser tópicos, argumento bien estructurado... Todo esto, no obstante, se puede ver de dos formas distintas. Antes de que Crichton empezara a escribir guiones, a contratar e incluso a dirigir películas, cuando eran virtudes, y después, básicamente después de PARQUE JURÁSICO, cuando todo eso se ha convertido en taras literarias. ¿Por qué lo digo? Al lector casual quizá le pase desapercibido, pero TIMELINE ya he dicho que no es una novela: es un guión de cine novelado. Ni más ni menos. El lector que ya no lo pueda remediar, habiendo comprado el libro, puede fijarse en que el texto está dividido minuciosamente con espacios en blanco, separando las escenas unas de otras. Cada pasaje podría grabarse en un solo corte continuo, una secuencia sin interrupción.

No es el único rasgo en ese sentido. Fuera del diálogo, la narración se divide en dos tipos: la que describe acciones, y la que explicita la actitud de los personajes. La mera descripción, las explicaciones o las reflexiones internas, brillan por su escasez, e incluso su ausencia. Obviamente, son superfluas en un guión. Cuando hay necesidad de aclarar algo (como que en la edad media algunas sierras funcionaban con energía hidráulica, por ejemplo), no se incluye en una descripción como sería normal, si no que se pone en boca del personaje enterado de turno. Está claro que todo esto se opone frontalmente con el sentido literario más fundamental.

En cuanto al argumento... pisí, pisá. Resulta atractivo leer una historia en un entorno medieval, bastante documentado además. Pero, aparte de los topicazos, la trama es pueril en sus concepciones. Cada cosa sucede por una suerte de necesidad mágica, según la cual, de entre una larga ristra de posibilidades, no ocurre la más probable, si no la que lleva la historia en la dirección prefijada. Un craso error, porque en varios momentos resulta muy poco creíble (parece ser que lo que actualmente piensa Crichton que significa veracidad es que a un personaje le corten la cabeza y lo machaque un caballo. Ejem...). El colmo de la puerilidad, es el más zafio recurso de los malos escritores y de los guionistas de Hollywood: la bolsa Acme & Mary Poppins Inc. repleta de soluciones de último momento, desde encender una antorcha a narcotizar un caballero gigante, loco, y ermitaño que corta la cabeza a todo el que pasa. Sumemos a esto que siempre aparece oportunamente el objeto clave (una daga, un cristal de gafas, una vía de escape), añadamos unos cuantos pasadizos secretos, uno que es malvado porque está enfermo, otro porque es salvaje e inmoral, otro porque es megalómano, y unos perejiles de morbo en forma de malformaciones ® TM La Mosca y de sangre a borbotones. Seiscientas páginas a fuego lento. ¿Resultado? Una película novelada antes de que se haya rodado. Porque que la van a rodar ya no lo dudo.

Triste panorama, pues. La historia no se sostiene, es un seguido de excusas increíbles, y lo demuestra que no se explica nada bien por qué los protagonistas han de regresar al pasado para rescatar al profesor (que al malísimo Doninger le importa un pepino), ni menos aún por qué se toman tremendas molestias para hacerlos regresar (cuando a Doninger le importan menos que las pepitas del pepino). No se explica tampoco que, nada más llegar, se encuentren con que les resulta imposible volver: un caballo rompe un artefacto teóricamente de alta tecnología, que sirve para regresar al presente, matan a los dos escoltas, uno de ellos regresa antes de morir, se lleva otro de los artefactos, una de las dos máquinas de regreso, y cuando llega se le cae una granada de la mano y vuela el laboratorio. ¿No es de risa?

En cuanto a la recreación de la vida y usos de la época, Crichton no hace ningún alarde. La mayor parte de la acción transcurre en manos de los protagonistas, los cuales, salvo Marek (un holandés de nombre, con aires de Lancelot venido a superhéroe americano), no tienen nada de medieval. Los castillos pintan muy bonitos, con ilustradores dibujos para compensar las carencias descriptivas de la novela. Ahora bien, más allá de eso, y de saber cómo se llama cada pieza de la armadura, el resultado no parece muy proporcional a la extensión de la bibliografía, ni surgido de sus excursiones con un historiador (Bart Vranken) por las ruinas del Périgord. En los Agradecimientos, parece que Crichton haya tenido que luchar contra terribles prejuicios, que mostraban la Edad Media como la Edad de las Tinieblas (no sé de dónde habrá sacado esa idea, ni me parece que su novela no sea algo más que lo que el repudia: una época de provincialismo, prejuicios religiosos y grandes masacres). Y tenemos que señalar por último, que Crichton queda en cierta evidencia cuando trata de representar el ambiente campestre: llama arbustos pinchosos a las zarzas, describe helechos que parecen orejas de elefante (¿?), no sabe muy bien lo que son los grillos (¿cómo puede decir que el campo es absolutamente silencioso por la noche?), y tiene una rara noción del dolor (todos los protagonistas acaban maltrechos pero curiosamente lúcidos y ágiles). En definitiva, un verdadero pastiche, y no más creíble que los indios de un parque temático. Leer, se puede leer, porque está escrito para resultar ameno. Olvidar... también se puede olvidar.

Por cierto, pregunta de trivial: ¿Qué se piensa que hace el profesor Johnston en cuanto llega a la Edad Media? Por supuesto: inventar la pólvora.

Quien no inventa nada es Crichton. ¡Menudo latazo!

Calificación:

Narrativa: 3, Argumento: 1, Originalidad: -, Global: 2

© Francisco Ontanaya, (1.262 palabras) 2001 Créditos

Cuando un autor logra cierto éxito de ventas, no es nada extraño que con el tiempo comience a padecer el llamado síndrome factoría. El escritor se convierte en perro viejo y descubre tras varios superventas cuál es la fórmula del éxito, y qué caminos ha de seguir para repetirla. Para los escritores factoría pasó la época de arriesgar el tipo en pos de la originalidad y el arte; es mejor vender entretenimiento que jugársela intentando hacer pensar o maravillar. Ese selecto grupo de millonarios es bastante conocido, y en él hace un tiempo que reside, cada vez más a gusto, Michael Crichton.

En todo caso, conviene no equivocarse. Para quien sufra ataques agudos de eclecticismo (como es mi caso), y pueda disfrutar con el entretenimiento manufacturado, RESCATE EN EL TIEMPO es una buena inversión. La historia es bien sencilla. Un profesor de universidad americano decide, aprovechando una nueva tecnología basada en la física cuántica, darse un paseo por la Francia de 1357. Algo sale mal y queda atrapado en un breve episodio de la Guerra de los Cien Años, por lo que decide escribir y enterrar una nota en la que pide ayuda a sus alumnos, los cuales se encuentran realizando excavaciones en esa misma zona, pero en la actualidad. Los muchachos, atravesando al igual que él antes la espuma cuántica, se lanzarán al rescate sin pensárselo dos veces.

Aventuras en el medievo al más puro estilo Crichton. Hay una multinacional malvada, un megalómano de ego gargantuesco, un detallado informe científico para profanos en la tecnología de turno (en este caso sobre física cuántica), unos personajes diseñados con las aptitudes necesarias para escapar de los problemas que surgirán más adelante y, como escenario, un lugar bien documentado e imaginado al milímetro en el que encerrar la inevitable acción. Todo ello envuelto en su saber hacer de siempre, sin dar tregua al aburrimiento (no se para ni un instante), pero evitando en lo posible el cansancio del lector con la utilización de una técnica, muy habitual en él, consistente en ofrecer descansos cada dos páginas.

En realidad, RESCATE EN EL TIEMPO contiene una historia bien fabricada pero de una previsibilidad frustrante. Desde el momento en que se conoce a los personajes y la localización en la que han de vivir sus aventuras, se sabe quién morirá, quién sacara las castañas del fuego a los demás y dónde acabará el conflicto. Es de agradecer, eso sí, que el autor huya de convertir su novela en el enésimo ¿What if...? negando a sus personajes la posibilidad de utilizar ningún tipo de elemento sensacionalista actual como sí sucediera, por ejemplo, en la famosísima obra de Mark Twain, UN YANQUI EN LA CORTE DEL REY ARTURO. Aquí los protagonistas luchan por sus vidas en igualdad de condiciones, recorriendo la Francia del siglo XIV en lo que no pretende ser más que la aventura de varios jóvenes en un pasado tan atractivo como peligroso; un fin de semana en la Baja Edad Media.

Este libro no está dotado de la profundidad del maravilloso EL LIBRO DEL DÍA DEL JUICIO FINAL, de Connie Willis, pero cuenta con una historia amena, bien narrada y con la que se puede disfrutar siempre que, como dije antes, no importe al lector descubrir el más que evidente esquema Crichton que emana de sus páginas. Por esa razón, ni el castigo final al malo de la obra (¿un homenaje a Willis?), que sorprende por excesivo, ni la obvia pregunta que se hace el lector al terminar la novela (¿por qué, simplemente, no vuelven más tarde a por ellos?) son bagaje suficientemente negativo para anular el entretenimiento que ofrece esta novela sin pretensiones.

© Santiago L. Moreno, (611 palabras) (Lista de #cienciaficción) Créditos