RAX
RAX Eduardo Vaquerizo
Título original: ---
Año de publicación: 2000
Editorial: Juan José Aroz, Editor
Colección: Espiral nº 19
Traducción: ---
Edición: Junio de 2000
Páginas: 230
ISBN:
Precio: Descatalogado

Un narrador tiene que contar cosas, hacerlas emocionantes, interesantes, creíbles, vamos; absorbentes. No es necesario un repertorio de 50.000 vocablos ni desplegar una por una todas las figuras literarias al alcance para convencer al lector de las bondades de la obra. Basta un dominio suficiente del lenguaje y sobre todo, contar bien, hacer que el lector se crea las invenciones más desquiciadas sólo con la magia de las palabras, no hace falta que sean muchas, sólo que estén bien usadas, lo que indudablemente resulta bastante más difícil que enterrar los argumentos bajo metros y metros de literatura.

Hay, claro, quien prefiere estilos alambicados y libros que más parecen pensados como ilustración de seminarios sobre Figuras Literarias. La cosa esa del arte es bastante personal, y hay a quien le gusta como Eduardo Vaquerizo desarrolla literariamente sus obras. A mi no, fundamentalmente le encuentro un serio problema; le importa más como cuenta que lo que cuenta, y eso, para un narrador, es catastrófico. Dentro de una corrección más que aceptable, su estilo me resulta innecesariamente complejo y recargado, y los desarrollos de sus obras pesados y espesos.

Además, no siempre consigue dar esa credibilidad a lo increíble. En el caso de RAX, el relato que da título al libro, el escenario muestra como en un futuro indeterminado todos los individuos estarán equipados de serie con toda una parafernalia de dispositivos que los mantendrán permanentemente conectados con la red, que en este caso se llama redvisión. Hasta ahí, aunque todo este planteamiento resulte desaforado, no es descabellado. Entra dentro de lo razonable. Las buenas gentes del Madrid futuro que describe Eduardo viven inmersas en una realidad simulada de la que salir, desenchufarse, supone quemar implantes y conexiones; la locura, la muerte en el mejor de los casos.

Pero hete aquí que hay individuos que son capaces de sobrevivir y permanecer cuerdos, pero permanentemente desconectados, como Juan Rax, el protagonista del cuento. Virtualmente (¡ah!) ciego, sordo, sensorialmente limitado a la realidad, no es capaz de acceder a redvision, ni saber que pasa allí más que por referencias y descripciones no muy fieles. Pero claro, como es el héroe si resulta ser capaz de intuir que pasa en redvision por arte de una ciencia infusa que no fui capaz de entender, y por ello es requerido por la policía para investigar una serie de asesinatos sin sentido.

En definitiva; algo así como si se pidiera al ciego del LAZARILLO que averiguara si la Mona Lisa es verdadera o falsa, pero impidiéndole acceder al Louvre, y sólo ayudado con las indicaciones que le pueda dar el bueno de Lázaro cuando puede colarse en el museo.

Partiendo de ahí el resto del relato se hace difícil de tragar. No pude con él; ni conspiraciones bienintencionadas, ni policías buenos, ni policías malos, ni policías torpes, ni piratillas deambulando por redvisión, ni políticos buenos, ni Inteligencias Artificiales neuróticas, ni Inteligencias Artificiales sabias, nada, me hizo conectar con un relato que partía de una premisa tan débil como la supuesta habilidad de Rax para ver donde era ciego y deambular por donde no podía entrar.

Como escaparate de ideas funciona, como narración no.

LOS FUNCIONARIOS es otra cosa. De algún modo la ciencia-ficción de aventuras es la madre de nuestro vicio, y si alguien que sabe escribir, como Eduardo, se pone a ello, es difícil que no salga un producto interesante. LOS FUNCIONARIOS lo es, pero quizá excesivamente lastrada por el peso del estilo le falta algo; agilidad, emoción

Una narración ágil sólo funciona si la forma de contar también es ágil. De nada sirve querer describir batallas espectaculares, peleas salvajes y viajes veloces y sin reposo cuando todo se supedita a las reflexiones confusas de los personajes más que a los acontecimientos que se intentan relatar. Por corta que sea, cada digresión personal supone parones que impiden que LOS FUNCIONARIOS alcance la categoría de Gran Aventura.

Porque aventura lo es, como RAX, LOS FUNCIONARIOS sirve un buen montón de interesantes ideas. Esta vez, dentro del marco de un extraño gobierno pangaláctico, que alquila sus ejércitos a sus propios ciudadanos, se produce una deserción en masa que llevará a los sublevados de un sistema solar para otro. Eso da pie a una buena cantidad de persecuciones, batallas, peleas, enamoramientos y tremendas revelaciones perfectamente desarrolladas que, sin embargo, no resultan del todo emocionantes y se leen con distanciamiento y frialdad, y al igual que ya ocurrió con CRISALIDA, el volumen anterior de Espiral, el relato de relleno supera con mucho al que da título al libro.

© Francisco José Súñer Iglesias, (758 palabras) Créditos