UN UNIVERSO SIN CREADOR...
o una flecha temporal múltiple
por Luis Antonio Bolaños de la Cruz
UN CASO DE CONCIENCIA

La física contemporánea ha invadido el terreno antaño reservado a las disquisiciones teológicas y los avatares metafísicos, e intenta en las palabras de algunos de sus más conspicuos representantes (Bohm con su visión de pliegues y repliegues o Capra con su reinterpretación de La Trama de la Vida en clave de complejidad autoorganizada) responder a preguntas y angustias acuciantes: si existe una teoría unificadora de las cuatro fuerzas primordiales, si está presente la huella de un creador (¿cómo pensó y escogió el tipo de mundo que deseaba instalar? ¿tuvo elección al momento de decidir sus mecanismos de funcionamiento? ¿estuvo sometido a leyes previas (estatuidas por él mismo o quizás por alguien similar), conformante del grupo de dioses que se derivaría de la aplicación del teorema de Kurt Gödel al concepto de dios como elemento formal?), si la civilización tiene futuro o se estrellara contra los acantilados de la nada como nos decía el poeta nigeriano Wole Soyinka. Por algo donde se mezclan la intuición epistemológica y los datos alcanzados gracias al Hubble y otros artilugios, las propuestas mejor elaboradas apuntan hacia un universo sin borde espacial, con tres flechas temporales irreversibles (entrópica, cosmológica e histórica según David Layzer), y aunque a los creyentes les choque, sin lugar para un Creador.

En la CF son notables las novelas de Philip José Farmer NOCHE DE LUZ (NIGHT OF LIGHT) sobre un dios viviente, los acontecimientos desencadenados en torno al descubrimiento de una especie que no ha recibido la visita de un salvador descrita por James Blish en UN CASO DE CONCIENCIA (A CASE OF CONSCIENCE), o relatos como el de Damon Knight en VISIONES PELIGROSAS (DANGEROUS VISIONS recopiladas por Harlan Ellison): ¿CANTARÁ EL POLVO TUS ALABANZAS? (SHALL THE DUST PRAISIE THEE?) donde dios se oculta de la presencia de los seres humanos que viene a reclamarle los fallos de diseño en que ha incurrido pero simultáneamente lo perdona, lo que señala la preocupación que por el tema han tenido muchos de los escritores de CF.

Una nueva imagen del cosmos emerge a medida que las investigaciones proporcionan nuevos datos y las teorías son sucesivamente desmontadas por comprobaciones efectuadas con instrumentos increíblemente precisos, sustentados en los avances tecnológicos de la Revolución Informática y en descubrimientos donde concurren simultánea y multidisciplinariamente varias áreas científicas. Ya Van Vogt en la década de los cuarenta tuvo un barrunto de la ruptura de la especialización cuando propone el nexialismo en su fix-up o serie de relatos entralazados que originaron THE VOYAGE OF SPACE BEAGLE (LOS MONSTRUOS DEL ESPACIO).

A las esferas armónicas de Aristóteles girando en torno a una Tierra estacionaria y contenidas por la esfera de las estrellas fijas que persistieron por 19 largos siglos explicando los desplazamientos celestes, con las leves reformas incorporadas por Ptolomeo, le sucedió el modelo heliocéntrico del cura polaco Copérnico (expuesto anónimamente en 1514 por temor a ser tildado de hereje por la Iglesia, y quizás por que ya había sido amonestado por vivir amancebado con su ama de llaves).

Recordemos como esa estrechez conceptual, difícil de quebrar, culmina en la época medieval con un mundo diminuto y uterino replegado tras las esferas (Dios se encuentra más allá de ellas y es inefable e indefinible como espacio y que al esperar el Apocalipsis en unas 500 generaciones se encontraba también limitado en el tiempo), de allí las sacudidas sociales desencadenadas por los movimientos milenaristas, excelentemente descritos por Umberto Eco en EL NOMBRE DE LA ROSA, que querían regresar a las raíces fundamentalistas para establecer el Paraíso en el momento de la Segunda Venida de Cristo. El ambiente de esta concepción comprimida está maravillosamente captado por la temponauta británica extraviada en medio de la peste negra, protagonista de EL LIBRO DEL DÍA DEL JUICIO FINAL (THE DOOMSDAY BOOK) de Connie Willis.

La propuesta heliocéntrica fue acertadamente sustentada por las observaciones astronómicas de Tycho Brahe, las innovaciones del telescopio introducidas por Galileo y la modificación sugerida por Kepler de trocar las órbitas circulares perfectas de los planetas, que no estaban de acuerdo con los datos astronómicos manejados por los observadores, por órbitas elípticas imperfectas. En 1687 cuando Isaac Newton despliega las matemáticas necesarias para analizar tales movimientos y añade la Ley de Gravitación Universal como causa de los mismos, ese arcaico paradigma naufraga definitivamente, el espacio expandido empezó a morder el infinito, ya que no existía peligro de aglutinación de las estrellas supuestamente atraídas por la gravitación, porque cada una de ellas en un macrocosmos cuasiinfinito podía y debía ser considerada como su centro de observación del universo.

Es justo agregar que la presencia de la Iglesia se notara poderosamente en un paradigma esquizofrénico donde reina la preocupación por el como mientras se extravía el por que , donde la naturaleza es un inmenso mecanismo de relojería, un inmenso stock muerto listo para ser saqueado, y los seres humanos meros autómatas biológicos, donde lo principal, remachará Descartes es el pensar (negando nuestro sentipensar tal y como le recordaba Pascal), visión que nos presenta Morris Berman en EL REENCANTAMIENTO DEL MUNDO.

Hubo que esperar sin embargo para que la concepción abstracta de la flecha temporal (como aún la definía Eddington) dejara de estirarse indefinidamente hacia el pretérito, para ligarse a la aparición del espacio y la materia. En 1929 Edwin Hubble afirmó que las galaxias más distantes se alejaban con mayor velocidad de nosotros. La reflexión inmediata llevaba a que en un momento anterior, calculado en unos ¿20.000 millones? de años, toda la materia del universo se encontraba concentrada en el mismo punto de densidad infinita donde las leyes de la ciencia no se cumplían y cualquier intento de predicción de desmoronaba, la explosión inicial o Big Bang había iniciado la expansión de la materia cósmica y originado negando sentido a cualquier a cualquier realidad material anterior porque no tendría definición concreta. Stephen Hawking señala que: Un universo en expansión no excluye la existencia de un creador, pero si establece limites sobre como pudo éste haber llevado a cabo su misión. Las posteriores reflexiones del astrónomo suizo Zwicky sobre sus observaciones del cúmulo de Virgo conducirían a la aparición de otro misterio hasta ahora insoluble (y quizás por eso evadido frecuentemente por la parte cartesiana de la comunidad científica) el de la materia oscura

Las teorías científicas son siempre hipótesis provisionales que no se prueban, sino que se comprueban mediante los resultados de los experimentos, el cumplimiento de sus predicciones o las observaciones cotidianas que se realizan apoyadas en sus teoremas y apotegmas, pero desde que la física cuántica rediseñó la relación entre observador y fenómeno observado, remarcando que no sólo los instrumentos sino las propias preguntas con que se iniciaba la investigación indicaba ya lo que se encontraría al final de la ruta: un mundo construido por el observador, una realidad subjetivizada donde lo supuesto objetivo se escapa cada vez que nos aproximamos, como la oscuridad se disuelve ante la luz o a la inversa según el lugar donde nos ubiquemos (nosotros seríamos los auténticos creadores, pero no en la dimensión atribuida a los dioses).

Pareciera que la ciencia en algunos momentos persigue en descubrir y entregar una compleja y poderosa imagen que describa con corrección el mundo, no obstante el enfoque epistemológico o paradigmático de un gran número de científicos aún los empuja a separar la presentación del problema a investigar en dos instantes: el de los cambios temporales, para poder predecir y actuar en consecuencia sobre los elementos de la naturaleza, y el del estado inicial para despejar nuestras dudas existenciales sin disimulo. Esta división permite sostener a muchos científicos creyentes que la cuestión del estado inicial del universo debe ser estudiada por la metafísica y la religión. Las antinomias control y libertad vuelven a enfrentarse en el terreno de la investigación. La necesidad de buscar el saber en libertad, que intenta ser sacrificada en el altar del control ideológico, para salvaguardarnos de nuestros demonios interiores, recuerda demasiado tanto al totalitarismo como la inquisición.

Un supuesto creador que intentara imponer una evolución arbitraria del espacio-tiempo y la trilogía materia, energía e información, donde las leyes se suspenden continuamente o sencillamente no existen (recuérdese ese relato de Jack Vance LOS DEMONIOS DE SALVATION BLUFF donde todo parámetro se ha quebrado) no sería reconocido como tal, sería como un dispensador de criterios y conceptos que tiene acceso a fuentes que los demás ignoran y que juega con ventaja castigando o enalteciendo a sus criaturas según su capricho. Si el universo creado, por el contrario, aceptara una evolución de acuerdo a ciertas leyes, sería entonces equivalentemente fundado (o isocrónicamente sostenible) suponer que el creador se hallaba sometido a ciertos parámetros y leyes en el momento del estado inicial, con lo cual se estarían estableciendo los límites de su acción (ya no sería todopoderoso) y su probable pertenencia a un gremio de dioses (fuera de esta realidad y de este macrocosmo que intervienen en este limitadamente); tema frecuente en Roger Zelazny (CRIATURAS DE LUZ Y TINIEBLAS o el ciclo sobre LOS NUEVE PRÍNCIPES DE AMBAR) o en el Multiverso de Michael Moorcock.

© Luis Antonio Bolaños de la Cruz, (1.509 palabras) Créditos