TOKIO YA NO NOS QUIERE
TOKIO YA NO NOS QUIERE Ray Loriga
Título original: ---
Año de publicación: 1999
Editorial: Plaza & Janés
Colección: Ave Fénix 226/4
Traducción: ---
Edición: abril de 2000
ISBN:
Precio: 5,98 EUR

Resulta más que saludable para el género (para cualquier género), que autores que nunca han tenido nada que ver con él hagan incursiones más allá del tiempo y el espacio que les ha tocado vivir, y desarrollen sus dramas y comedias en un futuro más o menos cercano, o con entes de más allá de los límites del Sistema Solar. Es decir; que hagan ciencia-ficción.

Y resulta saludable por dos cuestiones fundamentales, por un lado consiguen que, atraídos por el nombre del autor, quienes no leen ciencia-ficción (por los más variados motivos) lean ciencia-ficción, y por otro aportan aire fresco, distinto a los de los autores habituales, demasiado embebidos en los tics y convenciones del género. Ocurre así que lo que resulta ser sin paliativos un libro de ciencia-ficción, es decir; se desarrolla en un tiempo futuro, muestra tecnología más avanzada y ataca problemas aún por venir, da la sensación de ser cualquier otra cosa; un relato de camellos, un libro de viajes, la descripción de una bajada a los infiernos...

Esa extraña sensación es lo que hace a novelas como esta tan interesantes; se perciben los cambios, las cosas ya no son como ahora, pero el cambio no es tan radical como para hacer irreconocible el entorno (si bien es cierto que Loriga proyecta la acción sólo tres años en el futuro), los personajes tienen motivaciones reconocibles, no como arquetipos, si no como actitudes vitales perfectamente homologables a las de cualquier lector, la tecnología aporta un buen número de adminículos sorprendentes, pero más al nivel del electrodoméstico que del chisme milagroso.

En TOKIO YA NO NOS QUIERE, Ray Loriga cuenta la historia de un camello incapaz de mantener las manos alejadas de la droga que vende. Aunque en realidad más que de camello se debería hablar de distribuidor autorizado. Su mercancía, su química, como la llama, es perfectamente legal, y su venta estrictamente reglamentada. Esa química son drogas destructoras de memoria que evitan cargar con las malas experiencias para toda la vida, unas cuantas pastillas convenientemente dosificadas y todo lo malo, y parte de lo bueno, se olvida. Para siempre.

El protagonista tiene mucho que olvidar, demasiado para un vendedor de esa clase de productos y poco a poco, ayudado por esas y muchas más drogas, olvida, y olvida. Lo olvida todo. Ese es el drama de la novela; el olvido como objetivo final y la tragedia que supone finalmente olvidar que se querían destruir los recuerdos.

La novela resulta bastante interesante durante los tres primeros cuartos, escrita con sobriedad debe mucho a Charles Bukowsky (principalmente); William S. Burroughs, y en menor media a Jack Kerouak. Sexo en solitario, en pareja y en grupo, drogas blandas, duras, de colores, en pastillas y en cápsulas, cerveza china, cerveza mexicana, cerveza alemana, cerveza irreconocible, viajes por carreteras polvorientas, embarradas o cuidadosamente asfaltadas, son las constantes de la obra, que seguro que encantaría a cualquiera de estos viejos crápulas, y pese a que en la cotraportada se hace referencia a Joseph Conrad (que no conozco demasiado bien) y a Ballard (que si conozco bastante bien) no he sido capaz de encontrar nada que me los recordara.

Sin embargo, el último cuarto del libro se hace pesado y termina en un final forzado y poco creíble. Creíble, entiéndase, respecto al desarrollo que hasta ese momento había llevado la novela. Una serie de imágenes nostálgicas sin gran sentido y una cierta cantidad de explicaciones finales que no aportan nada consiguen que finalmente la lectura no sea del todo satisfactoria.

En cualquier caso, un libro recomendable que no solamente acercará a la ciencia-ficción a mucha gente que la desprecia o ignora, también ayudará a muchos aficionados a la ciencia-ficción a acercarse a la narrativa española actual.

© Francisco José Súñer Iglesias, (627 palabras) Créditos