ESPINAS
ESPINAS Robert Silverberg
Título original: Thorns
Año de publicación: 1967
Editorial: Ultramar
Colección: Ciencia-Ficción nº 89
Traducción: Alberto Solé
Edición: Enero de 1990
ISBN:
Precio: 1,77 EUR

Conseguí esta novela de saldo en la Feria del Libro Viejo y de Ocasión de Móstoles, y francamente, vale exactamente lo que me ha costado.

Es una de esas novelas que se podría calificar como de falsa ciencia-ficción, en las que la ambientación lo es todo al respecto, mientras que el argumento es perfectamente intercambiable con cualquier otra época y circunstancia.

Los ejemplos al respecto son muchos, de hecho, casi cualquier novela o película encuadrable dentro de la space-opera es sólo ciencia-ficción porque se desarrolla en inmensos marcos galácticos, hay extraterrestres de por medio o se proyectan en un futuro muy remoto, sin aportar nada más que aventura, aventura y aventura, lo que por otro lado me encanta, pero que se me hace bastante difícil considerar ciencia-ficción.

Me ocurrió con BARRAYAR. Mientras disfrutaba como un enano de la lectura había algo que me rondaba la mente de una forma bastante molesta. Sin dejarme ofuscar por unos reparos que ni siquiera estaban claramente perfilados, me tragué la novela de un tirón (¡Ah! ¿cuándo volveré a quedarme leyendo hasta las tantas de la madrugada?), y sólo un par de días después, ordenando ideas para escribir un comentario al respecto, caí en la cuenta que la ambientación de BARRAYAR era irrelevante por si misma; tanto daba que se hubiera desarrollado en el Imperio Austrohúngaro, en el Japón de los shogunes, o en la corte Inca; era la aventura lo que importaba, el escenario era lo de menos.

Con ESPINAS ocurre algo similar, aunque el resultado es muchísimo menos satisfactorio. Silverberg no descubre nada al mostrar un par de monstruos de feria apadrinados por un magnate que no solamente se enriquece gracias a la exhibición de los prodigios, si no que además también aplaca sus propios apetitos. Si a eso se le añade que uno de los fenómenos lo es de una forma ciertamente circunstancial, la debilidad de la novela se hace cada vez más patente hasta que desemboca en un final que no por esperado deja de ser indiscutiblemente malo.

ESPINAS cuenta el plan que Duncan Chalk, un adiposo magnate del entretenimiento galáctico, lleva a la practica con Minner Burris y Lona Kelvin. Ambos son seres extraordinarios; Burris fue objeto de los experimentos quirúrgicos de unos alienígenas ociosos que le convirtieron en algo casi innombrable. Tras sufrir múltiples mejoras, Burris tiene que convivir con el nada afortunado sentido estético de los alienígenas y los burdos conocimientos de las terminaciones nerviosas de los cirujanos extraterrestres, que le provocan continuos e insoportables dolores. Por su parte, Lona Kelvin fue elegida para donar sus óvulos a un experimento de reproducción asistida, y ese es todo su mérito, porque en ningún momento resulta creíble el supuesto gran daño moral causado, y como consecuencia de ello, la secuela en forma de espíritu atormentado.

En esto Duncan Chalk, el rey de los parques de atracciones, opulento hasta la nausea en todos los sentidos, y vampiro emocional desde chiquitín, decide unir a tan poderosas fuentes de dolor para ofrecer al público ávido de historias truculentas más carnaza y satisfacer sus propias necesidades de sufrimiento ajeno. Como ya he dicho, bien podría haberse tratado de un realiti chou montado por cualquier Ted Turner contemporáneo o medieval, sin que importara mucho si transcurría en un plató televisivo o en los intermedios de una justa.

La orientación que pretende dar Silverberg a la novela tiene ciertas similitudes con los atormentados personajes del CRASH de Ballard, pero mientras el británico no precisa de más artificio que un coche, una carretera y unos personajes torturados, Silverberg necesita de toda una parafernalia cósmica que en nada ayuda, además de culminar la narración con uno de esos despropósitos que los lectores de ciencia-ficción tienen que sufrir de forma crónica.

Está de saldo, y pese a lo dicho, Silverberg es un escritor con oficio y la novela se lee con bastante fluidez, de modo que la relación entre el desembolso y la satisfacción obtenida es bastante equilibrada, eso si; habrá a quien le irrite el tiempo perdido.

© Francisco José Súñer Iglesias, (674 palabras) Créditos

Hay algo muy extraño con Silverberg. En primer lugar, Silverberg me parece el escritor de ciencia ficción por excelencia. Si me pidieran que resumiera en un nombre al género lo haría con el de él.

A mi punto de vista Silberverg no tiene comparación como cuentista, no es bueno sino MUY bueno. Por ejemplo, en su antología de LO MEJOR DE SILBERVERG que apareció hace años ya en Brugera, no había cuento malo. En novela corta es lo mismo, pero cuando llegamos al terreno de la novela.... uhhhhhh. Es muy frecuente que las novelas de Silverberg vayan perdiendo fuerza en el transcurso de estas. Muchas están basadas en ideas o temas ya tratados en cuentos. ESPINAS, por ejemplo, toma elementos de su fantástico MOSCAS. No se a que se deba esto, pero así siento yo la mayor parte de las novelas de Silberverg. LA TORRE DE CRISTAL me pareció francamente decepcionante. EL HOMBRE EN EL LABERINTO, libro que marco su regreso a la ciencia ficción (digamos que su pre-regreso, pues re-regresó tiempo después con LA FAZ DE LAS AGUAS) no logra cuajar bien. TOM OBEDLAM era verdaderamente desechable. La serie de Majipur es muy útil al momento de tener insomnio.

Su relato ALAS NOCTURNAS, es bue-ni-si-mo. De hecho es una de mis cuentos largos preferidos. Pero cuando leí la novela. Bueno, los dos agregados no están mal, pero por supuesto que no están a la altura. Eso creo yo pues... Claro, eso no impide que compre todo lo que me encuentre de Silberverg.

© Gabriel Benitez L., (Lista de BEM) (258 palabras) Créditos