MEMORIAS DE UN MERODEADOR ESTELAR
MEMORIAS DE UN MERODEADOR ESTELAR Carlos Saiz Cidoncha
Título original: ---
Año de publicación: 1995
Editorial: Miraguano
Colección: Futurópolis
Traducción: ---
Edición:
ISBN:
Precio: 11,41 EUR

Del argumento poco más que decir de lo que la contraportada del libro expone: ...narra las aventuras de un pícaro a través de la galaxia, durante una época postimperial en la cual los humanos, habitantes de planetas en decadencia tecnológica, deben enfrentarse a terribles alienígenas, esclavistas, planetas rivales.... Gabriel Luján es el nombre del pícaro que con once años se inicia como acólito de la antigua y otrora religión imperial, iniciando así una azarosa carrera que le llevará de una aventura/desventura a otra y acabando de comandante estelar en una antigua nave imperial llamada Hermes.

La novela tiene dos lecturas por una parte está escrita como un divertimento de tono irónico al estilo, salvando las distancias, de la clásica novela picaresca española, por otra juega a enlazar con el entorno del Imperio Galáctico, cuya caída ya nos relató el autor con anterioridad, a través del mantenimiento de entornos sociales y religiosos comunes; y por último: en un guiño final al lector y más probablemente de reconocimiento al autor de La Saga del Imperio y El Orden Estelar (A. Thorkent, seudónimo de Ángel Torres Quesada), en el último capítulo entrelaza su obra con la conocida saga provocando el encuentro del ya ascendido comandante Luján con la comandante Cooper del Orden Estelar.

A mi particularmente me ha gustado (matizo: en un punto intermedio), pero del mismo modo otros aficionados al género me han comentado su opinión totalmente negativa, se me ponen puristas y afirman que es un libro de aventuras que transcurren en el espacio/galaxia sin ciencia y con poca ficción, por mi parte no voy a entrar ahora y aquí a definir que es la ciencia-ficción, definición que por difícil es el origen de la controversia. Así pues nos encontramos ante un libro que puede generar ambos sentimientos contradictorios y que solo por eso, para forjarse una opinión propia, sea cual sea, merece ser leído. Tampoco está de más apoyar a nuestros escasos escritores.

© Jaume March, Valencia, (387 palabras) Créditos

¿Y si ponemos en órbita a Lázaro?

Cuando empecé a aficionarme a estas drogas que son la SF, la Fantasía y el Terror, el triunvirato bajo el que se regía mi mundo estaba compuesto por Luis Vigil, Francisco Arellano y Carlos Sainz Cidoncha. El primero, a través de aquella maravillosa revista que se llamó Nueva Dimensión, me aliviaba, mes a mes, el síndrome de abstinencia (aunque eso es otra historia), mientras que el segundo me mantenía, de tanto en tanto, con sus maravillosas publicaciones y su fanzine Maravillas (la primera revista de la, por entonces, Sociedad Española de Ciencia Ficción).

Pero Carlos... Carlos era para mí un mito; algo así como lo que debería de haber sido Isaac Asimov para cualquier aficionado estadounidense. O quizá más.

Recuerdo que al primer autor español (polifacético) de ficción que leí fue al señor Cidoncha, y la obra, un relato corto de terror titulado EL POZO PINTADO. Era el año 1980, yo me encontraba realizando el servicio militar y, para pasar el rato, me compré en la estación de ferrocarriles de San Sebastián una novelita en la que figuraba este título. Mi primera reacción al ver el nombre de Carlos Sáiz Cidoncha en el índice fue pensar bueh, español.... Pero, claro, las horas en la mili pasan tan lentamente que al final me vi leyendo el relato. ¿Y qué sucedió? Pues que de pronto me di cuenta! Los escritores españoles eran buenos¡(ignorante de mí, no saber que aquellos escritores norteamericanos de la colección Espacio de Brugera eran tan nacionales como mi sargento primero); O al menos aquel era bueno.

Tras aquel año huero, todo quedó olvidado menos aquel volumen que contenía EL POZO PINTADO, y el nombre de su autor estuvo ya unido inseparablemente a autores tales como Asimov, Clarke o Heinlein en mi biblioteca. A aquel primer cuento de terror siguieron PÁNICO EN EL OBSERVATORIO, ANTES DEL IMPERIO (a.k.a. LA GALAXIA DE LOS HOMBRES MUERTOS), EL CETRO DE ESMERALDA, etc. hasta hoy. Lo que yo denominaría un matrimonio unilateral.

¿Y que podría decirles de esta novela? Que acaba de inaugurar un nuevo género denominado ciencia ficción picaresca y que es una obra de gran frescura y originalidad. MEMORIAS DE UN MERODEADOR ESTELAR podría ser perfectamente el inicio de una saga sin ningún tipo de complejos.

Gabriel Luján, el pícaro con reactores

Cidoncha, a la vista de lo escrito profundo conocedor de la psicología del pícaro, ha creado un personaje con entidad propia, marcadísima personalidad y encanto irresistible. Es este Gabrielillo un pícaro escaqueador, pesetero, cobardica, vago e ingenuo que pasa de sacerdote a esclavo o capitán de navío con la misma facilidad que ustedes o yo nos cambiaríamos de camisa. Empero, semejante sinvergüenza no se nos hace antipático en ningún momento; muy al contrario, el escritor pisa tan bien estas tablas que este pariente cósmico del de Tormes llega a hacerse un hueco en nuestro corazón, rozando las más de las veces nuestra desesperación de espectadores frente a semejante descaro pero nunca despertándola.

Por que en el fondo este merodeador espacial es en extremo humano, enamoradizo y generoso, con un fondo de nobleza más amplio de lo que podría suponerse al inicio de la obra.

Que no termine aquí, por favor

Da la sensación, al leer esta obra de Cidoncha, que se trata del prólogo a una obra de mucha mayor extensión que podría abarcar (haciendo cábalas) en ambas direcciones tanto el inicio de ese imperio del que se nos habla como la continuación de las aventuras de Gabriel Luján.

Anteriormente he mencionado la facilidad con la que el autor nos sumerge en la psicología y el lenguaje propios de las obras de carácter picaresco, pero que ambas características no alejen al lector potencial de estas páginas; muy al contrario, que se adentre en ellas con la absoluta convicción de que disfrutará de las aventuras de este pícaro espacial sin verse envuelto (gracias al buen saber hacer del autor) en las mucho más pesadas (por lo clásico) páginas de la novela picaresca de época.

Entre otros hallazgos, Cidoncha nos envuelve en una obra de auténtico sabor picaresco ahorrándonos detalles clásicos tales como la hambruna o la brutalidad propias de la época o el lenguaje más rebuscado del castellano antiguo, en tanto que construye una obra del más puro space-opera con todos los ingredientes necesarios para disfrutar de una agradabilísima lectura.

No sería justo omitir el detalle de que Cidoncha hace un auténtico alarde de sabiduría lingüística a todo lo largo de la obra, llegando al extremo de descubrir palabras que se hallaban escondidas tras las espaldas de los mismísimos dioses olímpicos (y que el lector avispado no tardará en descubrir para su asombro).

Que Cidoncha continúa con esta saga de la resurrección del Imperio Galáctico (u Orden Imperial), seremos muchos los que se lo agradeceremos. De veras.

© Román Goicoechea, (789 palabras) Créditos