TERCER ANIVERSARIO
por Francisco José Súñer Iglesias

Tercer cumpleaños del Sitio de Ciencia-Ficción y nada mejor para celebrarlo que su coincidencia con la llegada del año 2000, año ciencia-ficciónístico donde los haya, y en el que se habían depositado todas las esperanzas de una tecnología y una sociedad mejor. Era la magia del número lo que hacía a unos y otros convertirlo en la referencia que significaba modernidad y ciencia avanzada. Era el año de la esperanza.

¿Y en que se ha quedado?

Aparte del exagerado revuelo que provocó un finalmente descafeinado Efecto 2000, este año es vulgarmente idéntico a 1999, y a 1980, y a 1970. Las ciencias siguen adelantando que es una barbaridad, siguen produciéndose las mismas guerras aquí y allá, las modas cambian a mayor gloria de los avispados mercaderes que las implantan, los pobres siguen siendo pobres y los ricos muy ricos, hay gente en el mundo a la que un taparrabos le parece un lujo superfluo y gente que se tiene que rodear de cosas para ver el paraíso de cerca.

Seguimos como el año pasado, y seguiremos como el año que viene, únicamente ver ese 2000 escrito en todas las fechas nos hace recordar que el año mágico, el año fetiche ya está aquí, y una vocecita allá a lo lejos nos recuerda, acusadora, que las predicciones de grandes bondades que se preveían para este año fueron una falsedad, una estafa.

Pero eso no es cierto. Señalar una fecha concreta para la llegada del futuro ha sido poco menos que el ejercicio ocioso oficial de los gurús, adivinos, vividores y publicistas. Porque lo cierto es que ya hace muchos años que vivimos en el futuro, que la tecnología mágica está entre nosotros y el bienestar social y la bonanza económica es el pan nuestro de cada día.

La diferencia con los augurios es que en ellos no se preveían los efectos perversos de estas cuestiones, efectos que más o menos sufrimos todos; la tecnología no es algo que esté al servicio del hombre y sus necesidades, la tecnología se ha convertido en un producto de consumo, perfectamente inútil en la mayoría de los casos y que sólo mediante machaconas campañas publicitarias se consigue vender, el bienestar social lo es sólo en la medida en la que los bandazos de esa otra bonanza económica afecten o no al área geográfica correspondiente.

En realidad el futuro ha llegado de puntillas, sin presentarse y entrando por la puerta de nuestras casas embalado entre cartón y polietileno expandido. Hace poco oía por la radio al espabilado de turno ironizar acerca de los errores cometidos por los escritores de ciencia-ficción en su previsión de futuro; hablaba de trajes plateados, planetas colonizados y coches flotantes. Pero se olvidaba de los intercomunicadores personales, de los tejidos de maravillosas propiedades, del acceso inmediato a grandes bancos de datos, de los ordenadores de potencia infinita, de las técnicas médicas casi milagrosas, el Gran Hermano...

¿Ciencia-Ficción? Ya no. Los teléfonos móviles, al menos en España, están al alcance de cualquiera dispuesto a cargar con uno, la industria química se alía con el mundo de la confección para ofrecernos prendas de una ligereza y calidez impensables hace sólo diez años, Internet está aquí, mientras escribo esto, mi ordenador, una caja no mayor que una de zapatos, está trayéndose un par de archivos bastante grandes de otro ordenador en Estados Unidos, efectuando conversiones a MP3 y rehaciendo una base de datos de casi diez mil registros sin inmutarse, los cirujanos se han convertido en mecánicos del cuerpo y cambian órganos naturales por artificiales y reimplantan miembros seccionados con toda facilidad, la estupidez humana vuelve a sorprendernos y sin más necesidad que la del exhibicionismo más obsceno, hay gentes que cuelgan cámaras de vídeo en toda su casa y nos ofrecen su intimidad a través de las redes.

Quizá, el gran error del periodista era creer que los escritores de ciencia-ficción han ejercido alguna vez de adivinos y futurólogos. Nada más falso, exceptuando a los eternos iluminados, el escritor de ciencia-ficción únicamente ha ejercido de fabulista proyectado al futuro, extrapolando su presente a un futuro más o menos lejano para advertir de los peligros o especular con las virtudes de lo que veía en su momento. A veces han tenido aciertos y previsto cuestiones que hoy por hoy son cotidianas, en otras ocasiones han errado de tal manera que resulta casi mejor olvidar esos relatos.

Pero eso no tiene mayor importancia. Ya estamos en el 2000, el año que viene entraremos en el siglo XXI, pero hace muchos años que estamos en el futuro.

Y todavía no hemos visto nada.

© Un saludo; Francisco José Súñer Iglesias, (772 palabras) Créditos