¿DURA O BLANDA?
por Jacobo Cruces Colado

Hace unos meses, en la lista de correo del canal #cienciaficcion, se inició una discusión sobre las virtudes y defectos de ese subgénero de la ciencia ficción conocido como ciencia ficción hard, que puede traducirse sin remordimientos como ciencia ficción dura. En realidad esa discusión no se inició, sino que simplemente se retomó. Existen en el fandom una serie de discusiones recursivas, como la de qué es y qué no es ciencia ficción, o si Asimov es o no un buen autor. La discusión sobre la ciencia ficción dura es de este tipo. Cada cierto tiempo se inician nuevas escaramuzas entre sus defensores y detractores. Los argumentos se examinan, reexaminan, retuercen y manosean hasta la naúsea, y finalmente las aguas vuelven a su cauce. Al menos, hasta la siguiente escaramuza.

Para empezar, ¿qué es eso de la ciencia ficción dura? En palabras de Miquel Barceló, tomadas de su GUÍA DE LECTURA, Cuando la ciencia ficción retoma los temas más estrictamente científicos y se basa principalmente en el mundo de la ciencia, se habla de ciencia ficción dura. Esta definición hace referencia indirectamente a la idea de la scientifiction de unos de los padres de la ciencia ficción, Hugo Gernsback: un tipo de narrativa que glosase las maravillas de la ciencia y la tecnología futuras. La ciencia ficción dura ha producido algunas obras ya clásicas, como MISIÓN DE GRAVEDAD, de Hal Clement; TAU CERO, de Poul Anderson o HUEVO DEL DRAGÓN, de Robert L. Forward. Toda una serie de grandes autores como Arthur C. Clarke, Larry Niven o John Varley poseen una obra enfocada hacia ese campo. El último Grand Master concedido por la Science Fiction and Fantasy Writers of America (SFWA) ha sido para Hal Clement, por introducir la ciencia dura en la ciencia ficción.

La ciencia ficción dura presenta normalmente varios defectos. Para empezar, su elevada carga científica no la hace fácilmente asequible a todo el mundo. Obras como la mencionada HUEVO DEL DRAGÓN son sumamente difíciles de leer sin una buena preparación en campos como el electromagnetismo o la astrofísica. Por desgracia, a lo anterior se suma en muchas ocasiones que los autores sacrifican aspectos narrativos bastante importantes en aras de la ciencia. El resultado suelen ser narraciones científicamente apasionantes con protagonistas planos y poco creíbles y diálogos inverosímiles. La acusación más usual a la literatura de ciencia ficción dura es que no se trata de literatura, sino de ciencia narrada. Por contra, este subgénero ha ofrecido a los aficionados algunos momentos inolvidables: los mesklinitas de Clement, habitantes de un planeta con una gravedad brutal que oscila de 3 a 700 veces la terrestre; los cheela de Forward, imposibles formas de vida pegadas a una estrella de neutrones; la imparable carrera de una nave hacia la velocidad de la luz, con el universo envejeciendo a su alrededor...

Aquí es donde entra en juego la vieja dicotomía ciencias-letras. Si la ciencia ficción es literatura, buena parte de la ciencia ficción dura no es sino basura. Si la ciencia ficción es una literatura de ideas, la ciencia ficción dura es una piedra angular del género. Y el problema es que mucha gente ve un dilema irreconciliable. Si te gusta la ciencia ficción dura, no puedes disfrutar de obras más literarias. De alguna manera te ves impelido a decantarte por una clase de ciencia ficción o de otra, como si el hecho de que te gusten LAS TORRES DEL OLVIDO o EL SEÑOR DE LOS ANILLOS fuese incompatible con el disfrute de TAU CERO. Incompatibilidad de caracteres, supongo.

© Jacobo Cruces Colado, (588 palabras) Créditos