LA SOLEDAD DEL EDITOR
por Jacobo Cruces Colado
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En los últimos meses he observado una curiosa polémica en torno al editor de la, por el momento y hasta la aparición de la esperada colección Gigamesh, única colección sobreviviente de ciencia-ficción de este país. Esta polémica no es nueva. Es simplemente la misma que en términos parecidos se levantó en su día alrededor de otra famosa colección, lamentablemente ya desaparecida.

¿Qué polémica es ésta? se preguntarán los menos enterados. Pues es la que aqueja a cualquier editor de cualquier colección de ciencia-ficción. Si el editor selecciona un título que una parte del fandom de la ciencia-ficción (porque no nos engañemos, no hay un fandom en la poesía o en la narrativa general) considera comercial, recibirá críticas por su mercantilismo. Si por otra parte, el editor selecciona un título más, pongamos, experimental, recibirá igualmente críticas de algún sector conservador. Las mismas críticas que tendrá que oír si el título es más literario, o de la corriente hard, o de cualquier otro tipo.

Bien, pensaremos, eso es lógico. No se puede contentar a todos. Efectivamente, no sólo no se puede, sino que es imposible. Y además, contraproducente. El fandom debe entender que una colección de ciencia-ficción es un negocio. Sí, señores, las colecciones de ciencia-ficción se editan para ganar dinero. Es decir, acusar a un editor de publicar libros que sabe se van a vender bien (unos premios Hugo, pongamos por caso), es como criticar al que pone un kiosco al lado de un colegio. El editor es un empresario, no un filántropo. El fandom debe comprender que, aunque las obras que se editen sean comerciales, la colección está para hacer dinero, y que no es posible satisfacer el gusto de todos. Lo ideal es que se cumplan ambos objetivos simultáneamente, pero como hemos visto, esto no suele ser posible.

Conviene recordar que el editor es, en última instancia, el responsable de la colección. De vez en cuando, el editor puede permitirse el capricho de lanzar un libro arriesgado, un libro de esos que le gustan a él, o de los que cree que deberían publicarse porque ofrecen algo nuevo. Está en su perfecto derecho. Es el editor, la colección es suya. El problema surge cuando el editor publica, de manera más o menos continuada, libros que sólo lo satisfacen a él y a un pequeño grupo de aficionados. Después de unos cuantos títulos mirándose el ombligo, descubrirá que el fandom pide su cabeza a gritos.

La polémica surge cuando el editor no reconoce ningún problema en la marcha de la colección, y acusa a otros sectores del fandom de oscuras maniobras en su contra. Antes de que rechine los dientes, siga leyendo y déjeme terminar. Los aficionados nos fiamos de su criterio como seleccionador; si ha escogido el libro, por algo será. ¿No echaríamos pestes de un director de cine que escogiese malos actores y no supiese dirigir? Pues de igual manera, el editor debe asumir las críticas a su trabajo. Porque para eso es el responsable. Aunque la mayor parte del tiempo lleve a cabo su tarea más o menos a gusto de todos, llegado el momento tiene que asumir que los lectores se fían de su buen paladar, y que si las críticas arrecian puede que realmente sus compradores tengan motivos de queja.

También el editor tiene que entender llegado el caso que su colección tiene propósitos comerciales, no de autosatisfacción, y debe comprender además que, en un sector como la ciencia-ficción, las críticas del fandom son fundamentales. Se venden libros porque alguien los compra, y los compradores suelen estar en contacto con las corrientes de opinión del género.

© Jacobo Cruces Colado, (607 palabras) Créditos