Ciclo del Centro Galáctico, 6
NAVEGANTE DE LA LUMINOSA ETERNIDAD
NAVEGANTE DE LA LUMINOSA ETERNIDAD Gregory Benford
Título original: Sailing bright eternity
Año de publicación: 1995
Editorial: Ediciones B
Colección: Vib
Traducción: Carlos Gardini
Edición: Junio 1998
Páginas: 624
ISBN:
Precio: 6, 28 EUR

Un enorme agujero negro en el centro de la Galaxia proporciona enormes cantidades de energía para que a su alrededor se cree una zona donde el espacio y el tiempo, alteradas sus propiedades por la enorme fuerza gravitacional, se compacte hasta llegar a parecer/ser una materia de peculiares características y en la que todo es posible, y que se conoce como el esti (es de espacio, ti de tiempo). En él se refugian los humanos y otras especies alienígenas amenazadas por los mecs, seres mecánicos enemigos de la vida orgánica.

Gregory Benford autor entre otras de conocidas obras como CRONOPAISAJE y Centro Galáctico, ha sido especialmente bien tratado por la crítica en este libro que comento, por mi parte francamente me parece un tanto pretencioso, con bastante relleno y mucha pseudo-poesia no sé bien a cuento de qué. Lo siento lo veo así.

El libro no me dice nada, ni sus paisajes y descripciones del esti inverosímiles para, he de reconocerlo, mi limitada y humana mente, ni la continúa lucha entre mecs y resto de especies de la galaxia sin una finalidad realmente comprensible, intuyo, no soy tan tonto, el trasfondo de la lucha por la supervivencia de la especie más apta, y claro aquí todo se precipita los mecs, tan inteligentes, tan feroces y despiadados, y con sus conocimientos inabarcables, tropiezan con su talón de Aquiles que no es otro que una especie de subrutina informática capaz de destruirles mediante el placer y ¿quién creéis que creo tal procedimiento de seguridad? Los humanos claro.

Vayamos por partes en esta crítica:

Primero siempre hay un enemigo exterior.

Segundo la violencia ¿gratuita? entre especies, sean de metal o no, como criterio de selección natural independientemente de sus logros culturales y técnicos (puro darvinismo determinista).

Tercero los humanos como especie sobreviviente por su capacidad de violencia, adaptación y previsión, capacidades (todas o de una en una) negadas explícitamente a lo largo de la obra a otras especies.

Cuarto la gran bomba final, se vista del formato que se vista (en este caso de subrutina informática), que destruye al enemigo.

¿No os suena el esquema? Os refrescaré la memoria, una, dos, tres, ... películas del planeta americano siguiendo el mismo esquema con mayor o menor presupuesto.

Pero bueno he de reconocer, también lo hago con el tipo de películas mencionado, que los efectos especiales son fantásticos, quiero decir la descripción del ambiente en que se mueven los personajes (bastante esquemáticos por cierto), los fondos donde transcurre la acción espléndidos y las terribles batallas se recrean en multitud de detalles que hasta impresionan.

Seria una magnifica inversión como película para los productores de Hollywood si estuvieran dispuestos a pagar el impresionante derroche técnico y de efectos especiales necesario.

Sé que me dejo llevar en mis impresiones por mi reconocimiento a esa ciencia-ficción que me hace sentir humano, lo que entiendo por humano claro, algo lejos todavía de nuestra situación actual, sin guerras ni innecesaria violencia; salvaguardando todas las especies y aprendiendo de ellas, desarrollándonos económicamente sin alterar el entorno y en función de lo realmente necesario, avanzando juntos técnica y culturalmente; ayudando, en el futuro cercano a los de nuestra especie, más lejos en el tiempo, a otras especies inteligentes o no (o si pero de otra manera la entendamos o no); y más difícil aún dejándonos ayudar por lo que gran parte de nuestros congéneres de hoy llamarían bichos raros. ¿Os parece o no os parece esto autentica ciencia-ficción? Lo otro ya lo conocemos es más de lo de hoy mismo extrapolado a nivel galáctico ¿o debería decir americano?

Perdonad la arenga pero es imposible reprimirse a veces.

© Jaume March, Valencia, (608 palabras) Créditos

Concluir la lectura de una serie, sobre todo si esta es larga, es una experiencia que suele ir acompañada de dos sentimientos netamente contradictorios. La sensación liberadora de cerrar por fin una historia inconclusa choca con esa cierta tristeza sentida por los universos y personajes a los que, con el lento transcurrir del tiempo, se ha acabado cogiendo cariño, pero a los que no se ha de retornar jamás. La novela que nos ocupa, encargada de finalizar el monumental Ciclo del Centro Galáctico de Gregory Benford, es una demostración palpable de esta paradoja emocional.

Benford unifica las dos líneas principales que han dado sustento a la serie durante casi veinte años, y crea una obra coral en la que los principales protagonistas de ambas (la familia Bishop­ y el extemporáneo astronauta Nigel Walmsley) se reúnen para saldar cuentas con los terribles mecs y de paso otear el lejano futuro del Universo. Este último volumen del ciclo transcurre por entero en esa anomalía espacio-temporal conocida como esti que ya fuera presentada en la innecesaria ABISMO FRENéTICO. Aquí puede apreciarse con mayor claridad (mucho mejor que en la mencionada quinta parte) esa especie de mundo río en continuo conflicto consigo mismo en el que Killeen y Toby, padre e hijo, lucharán con todas sus fuerzas por volver a reunirse, y el tetragenario Walmsley logrará atisbar al fin los hilos que mueven los destinos del cosmos y conocer a los supremos titiriteros que los manejan.

En esta nueva muestra de la ciencia-ficción más flagrantemente hard, el autor especula con la existencia de inteligencias fuera de escala y utiliza, como muchos otros autores del género en la década de los noventa (ciberpunks incluidos), las teorías dawkinianas de los memes, situando a estos ya no sólo como entidades superiores, sino también como un elemento más de la cadena alimenticia cósmica. El destino final de las luchas entre orgánicos y mecánicos se manifiesta como un simple movimiento casual en el inescrutable juego de los dioses.

Como es habitual en toda la serie, la inquebrantable imaginación de Benford y su capacidad para concebir ideas de nivel superior conviven, en lo que ya supone una larga simbiosis, con las manías argumentales y de estilo a las que el autor nos tiene acostumbrados. Episodios como el de la búsqueda de Toby río arriba, que despierta reminiscencias del viejo Mississippi en el que Mark Twain colocara a sus más eternos personajes, o el del viaje de la familia Walmsley (auténtica familia de Robinsones, aunque no suizos) aportan muchos puntos para que la impresión final del lector sea desigual; más si consideramos que tampoco permanece ausente el habitual gusto del escritor por repetir ideas previamente utilizadas en algunas de sus obras, como es el caso esta vez de la aparición de cierto mapache que ya fuera protagonista en TRAS LA CAíDA DE LA NOCHE, continuación del maravilloso clásico de Arthur C. Clarke.

En todo caso, el ingenioso final con que Benford entona el adiós a su obra más larga, merece con creces la lectura de la novela. Los que esperaran, debido a la abusiva repetición de este recurso en las últimas obras del género, la aparición del consabido virus informático para acabar con los alienígenas mecánicos se encontrarán con algo sutilmente distinto; algo que demuestra por otra parte que el escritor norteamericano tenía las cosas en la cabeza desde hace bastante tiempo.

NAVEGANTE DE LA LUMINOSA ETERNIDAD no es sin duda el mejor volumen del Ciclo del Centro Galáctico, pero tampoco es el peor, lo que es mucho decir en una serie cuya calidad media es notable.

© Santiago L. Moreno, (599 palabras) (Lista de #cienciaficción) Créditos