CONDE CERO
CONDE CERO William Gibson
Título original: Count Zero
Año de publicación: 1987
Editorial: Minotauro
Colección: ---
Traducción: José B. Arconada, Javier Ferreira
Edición: Junio de 1993
Páginas: 355
ISBN:
Precio: 12 EUR

Las trilogías (o pentalogías, o n-logías) parecen ser una constante en la ciencia-ficción. A la cabeza, tenemos la más famosa de todas, el Ciclo de la Fundación de Isaac Asimov. William Gibson decidió también continuar con el mundo que había descrito en NEUROMANTE, y así surgieron CONDE CERO y MONA LISA ACELERADA, la cual reseñaremos en la próxima edición de Ciencia Ficción Perú.

Para empezar, CONDE CERO no es, propiamente, una continuación de NEUROMANTE. Si bien la acción se sitúa en el mismo universo, y algunos de los sucesos narrados son consecuencia de lo narrado en NEUROMANTE, se trata de una novela independiente.

La novela está compuesta por tres historias relacionadas entre sí. El Conde Cero que da título al libro es un muchacho llamado Bobby Newmark que sueña convertirse en vaquero de consola, el cual es contactado por algo que acecha en la red, lo cual lo vuelve valioso para un grupo de seguidores del vudú que identifica a dioses del panteón haitiano, como el Barón Samedi o Dambala con inteligencias artificiales liberadas. Obligado a unirse a estos houngans para no ser asesinado, el Conde Cero deberá poner a prueba sus incipientes habilidades de hacker para salvar su vida y la de sus nuevos amigos. ¿Salvarlos de qué? Bueno, parece que el contacto hecho por el Conde Cero en la red ha sido percibido por alguien mas...

También cuenta la historia de Turner, un mercenario que se dedica a sacar trabajadores de una empresa a otra. Es que en el futuro que imagina Gibson, los empleados mas calificados son una especie de prisioneros de sus empleadores, y la única forma de que puedan pasarse a otra empresa es fugándose de los campos de concentración que son algunas empresas. Sin embargo, Turner deberá optar por llevarse a Ángela Mitchell, la hija del empleado que originalmente iba a rescatar (¿o secuestrar?), una niña que tiene la habilidad de conectarse directamente a la red...

Y está Marly, una marchante de arte que es contratada por el magnate Josef Virek, quien se comunica con ella a través de una simulación informática debido a que es un anciano tan enfermo que en la realidad se encuentra en un tanque de hielo, buscando la forma de transferir su conciencia a la red. Mientras, encarga a Marly la búsqueda del creador de unos extraños objetos de arte, búsqueda que la llevará a una zona que creíamos conocida, Freeside (traducida ahora como Zona Libre), la ciudad en órbita construida por el clan Tessier-Ashpool.

A diferencia de NEUROMANTE, las inteligencias artificiales tienen un papel secundario en CONDE CERO. Pareciera que Gibson opta por un trama que nos detalla un poco mas el mundo del futuro próximo. Ciudades controladas por bandas callejeras, empresas más poderosas que muchos países, condiciones de empleo inverosímiles...

Otra cosa que cabe señalarse es la idea de Gibson de que los primeros contactos de la humanidad con las inteligencias artificiales libres se realizan en un contexto religioso. En efecto, el grupo de personas que tienen contacto con las IAs creen ver en ellas a dioses del vudú. Otro personaje contactado, Lugan Widgate, considera que es Dios quien le habla. Lo cual nos hace preguntarnos: ¿acabaremos adorando a nuestras propias creaciones? ¿Se cumplirá la ley de Arthur C. Clarke, según la cual una tecnología muy avanzada es indistinguible de la magia? En todo caso, las IAs de CONDE CERO son capaces de utilizar a los seres humanos, aunque no queda claro para qué propósitos...

El clima general de la novela es menos negro que en NEUROMATE. De hecho, un romanticismo ligeramente rosa envuelve el final, como para decir que en el ciberpunk también hay finales felices... mientras duren.

© Daniel Salvo, (615 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Ciencia Ficción Perú el 1 de julio de 2002

En 1984, William Gibson publicaba NEUROMANTE, y con ello, utilizando entre otras cosas un montón de neologismos sacados de la manga, se ganaba su pase a la posteridad como el creador de un nuevo subgénero dentro de la ciencia-ficción: el ciberpunk. Muchos son los autores que se han sumado desde entonces a esta corriente, que incluso ha tenido sus adaptaciones al celuloide con, eso sí, dudoso acierto. A lo largo de estos quince años, el ciberpunk ha despertado innumerables incondicionales (entre los que me cuento) y acérrimos detractores, y además no ha permanecido exento de polémica.

El caballo de batalla suele ser la misma definición de lo que sí es y lo que no es ciberpunk, algo que, debido sobre todo a las campañas de marketing de películas de cine y series de televisión, ya no queda muy claro. Y es que, a fuerza de utilizarla, la palabra se ha convertido en una especie de título para todo lo que contenga elementos de informática futurista adosados con cualquier tipo de enchufe o implante al cuerpo humano. Pero la realidad es otra muy distinta, y es que el género tiene sus propias leyes, ya marcadas en el lejano año 84.

A saber: grandes multinacionales que mandan sobre los gobiernos; protagonistas con un característico perfil de perdedor, que subsisten en el arroyo y que no tienen más remedio que dejarse arrastrar por los acontecimientos; los consabidos ciberelementos con los que navegar mentalmente por el ciberespacio, también llamado matriz; la ciberjerga y, sobre todo, el imprescindible desarrollo de novela negra. Estos son los elementos usuales del ciberpunk, y esto es lo que ofrece CONDE CERO, sin duda alguna.

La acción de CONDE CERO transcurre siete años después de los acontecimientos narrados en NEUROMANTE, y aunque en realidad es una continuación lógica de los hechos allí acaecidos, sus protagonistas no son los mismos.

En la novela el lector es testigo de cómo en el ciberespacio, en los últimos siete años, se están comenzando a dar extraños fenómenos que apuntan hacia la imposible existencia de inteligencias autónomas dentro del mismo (algo que el lector de NEUROMANTE ya conoce). Al mismo tiempo, un mercenario es contratado para pasar un trabajador de una empresa a otra, una marchante de arte debe encontrar una pieza muy valiosa, y un joven, el Conde Cero, tiene un extraño encuentro en la matriz. Es una novela de construcción coral, en la que las diferentes ramas argumentales acaban sabiamente enlazadas al final, y en la que la acción, sin ser espectacular, hace que el interés no decaiga en ningún momento. Escrita dos años después que su predecesora, CONDE CERO goza de un mejor y más ameno estilo narrativo, aunque la historia implícita sea menos trascendente que la de aquella. Es una muy entretenida lectura con la que sólo quien tenga prejuicios contra este nuevo género no logrará disfrutar. Entretenida de verdad.

Y no quiero cerrar el comentario sin caer en la tentación de hacer un guiño a todos los que, como yo, hayan disfrutado este año 99 con cierta película de ciencia-ficción, y a los que sin duda, estos dos pasajes van a resultar cuanto menos familiares.

  • -Me voy ya -anunció-. Tengo un viaje a Sión, y luego ocho cápsulas de algas para los suecos.

  • ...
  • -Bueno -dijo Bobby, entendiendo-, entonces, ¿qué es la matriz?(...)
  • -El mundo -dijo Lucas.
  • ...

Curioso. Llevamos varios meses preguntándonos algo que ya sabían hace trece años.

© Santiago L. Moreno, (571 palabras) Créditos