La República del Cielo.
Milton, Blake y universos paralelos en «La materia oscura» de Philip Pullman
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Blake y Pullman: la rebelión contra la Autoridad
por Francisco Gimeno

Si un radical es un pensador que confronta y repudia las asunciones de la clase dominante de su sociedad sobre la base de sus propias asunciones revolucionarias, y si un poeta radical es aquél cuya obra, en su imaginería y estructura al igual que en su temática, se halla conformada por la confrontación y el repudio, entonces Blake fue en todo momento un poeta radical.

Mark Schorer, WILLIAM BLAKE: THE POLITICS OF VISION.
Vidente de este cielo, pues no hay otro,.
señor de tu sendero.
Unamuno, Al volver a escuchar a William Blake.
EL CATALEJO LACADO
EL CATALEJO LACADO

De manera esquemática resulta posible dividir la obra literaria de Blake en dos grandes etapas, fruto natural de una evolución orgánica cuyas propuestas expresivas se irían tornando cada vez más radicales. La primera, hasta 1795, estaría marcada por el desarrollo de dos líneas convergentes, que constituyen formas diversas de afrontar un mismo objetivo: el desvelamiento de las raíces ideológicas de la opresión. Por un lado, la elaboración de colecciones de piezas breves, bien líricas como las CANCIONES de Inocencia y de Experiencia, o en prosa como el Matrimonio del Cielo y el Infierno, consistentes fundamentalmente en textos donde el envolvente juego de ironías y perspectivas del autor se remite de lo particular a lo universal; por otro, la creación de extensos poemas narrativos, culminados con el ciclo profético de Lambeth, donde las fuerzas históricas e ideológicas universales se convierten en las protagonistas bajo cuyo devenir tumultuoso cabe entrever las vidas individuales.

Tal separación no puede entenderse de manera estricta, pues, por ejemplo, el ciclo profético de Lambeth reelabora a menudo imágenes mostradas de manera más concisa en las CANCIONES, cuya supuesta sencillez, dicho sea de paso, sólo puede sustentarse en el desconocimiento de la técnica perspectivista de Blake. La incomprensión de este procedimiento dramático, que exige una lectura activa capaz de desvelar el subtexto oculto bajo el poema, se halla en la base de muchas de las malinterpretaciones dadas a su pensamiento, entre ellas la supuesta oposición entre la idílicas canciones de Inocencia y las amargas canciones de Experiencia. Intentaré ilustrar esta cuestión por medio de una pequeña referencia a las dos versiones de EL PEQUEÑO DESHOLLINADOR, que en Inocencia se inicia con el, se nos ha dicho, resignado lamento del narrador:

Cuando mi madre murió era yo muy joven
y mi padre me vendió antes de que mi lengua
apenas pudiera gritar: limpia, limpia, limpia, limpia
Así que vuestras chimeneas limpio y en hollín duermo.
Pequeños deshollinadores
Pequeños deshollinadores

La expresión blakeana y mi padre me vendió debe ser entendida de manera literal, pues estos niños deshollinadores eran comprados a sus padres, y al cabo de siete años, una vez finalizado su supuesto aprendizaje, se encontraban sin oficio alguno. Demasiado crecidos para trepar por las chimeneas, los años pasados entre el hollín habían destrozado su salud (deformaciones de columna y extremidades, insuficiencia respiratoria, el llamado cáncer de deshollinador en el escroto) por lo que su destino habitual era el asilo parroquial y la muerte a temprana edad. El sarcasmo de esta primera estrofa del poema hubiera debido resultar evidente para cualquier lector de la época, lo que, quizá por lo innovador de la ironía blakeana, no fue desgraciadamente el caso entre sus escasos conocedores, al menos hasta su lectura por, quién si no, Lewis Carroll. Ahora bien, desde nuestra perspectiva actual, sólo una lectura en verdad inocente —pero por parte del crítico, no del autor— puede considerar ese sarcasmo paliado por la descripción que el narrador efectúa luego del sueño de un compañero de infortunio, el pequeño Tom, a quien le habían afeitado la cabeza, de pelo rizo como el lomo de un cordero. Un sueño en el que miles de pequeños deshollinadores, encerrados en ataúdes, son liberados por un ángel, que, tras permitirles lavarse, correr y jugar al sol por un verde prado, efectúa una promesa al niño:

Al cabo, desnudos y blancos, abandonados sus sacos,
elévanse sobre las nubes y juegan con el viento.
Y el Ángel dijo a Tom que, si se portaba bien,
tendría a Dios por padre, y nunca le faltaría alegría.
Entonces Tom despertó; levantándonos en la oscuridad
con nuestros cepillos y sacos fuimos a trabajar.
Aunque la mañana era fría, Tom estaba feliz y caliente
Pues si todos cumplen con su deber, ningún daño han de de temer.

Todo el poema, como cabe observar, constituye una crítica demoledora de la manipulación social: el narrador y Tom se sienten confortados por la protección divina, pero, encerrados en sus ataúdes, ignoran que ese Dios que les confortará si se portan bien y cumplen con su deber (es decir, si aceptan con resignación su jornada laboral de 16 horas diarias, su pobreza y su falta de futuro) no es sino una figura ficticia, injusta y vengativa, creada para justificar una opresión social que deben aceptar por mor de los designios divinos. Consideración que, por medio de un lenguaje cuya vinculación con los pasajes antes citados de Pullman resulta evidente, Blake se limitaría a clarificar en la homónima canción de Experiencia, donde el mismo narrador maldice a los padres que lo abandonaron mientras marchaban a alabar a Dios, a su Sacerdote y su Rey, / que erigen un cielo con nuestra miseria.

William Blake
William Blake

Es importante comprender, por tanto, que ni en Blake ni en Pullman existe contraposición alguna entre una supuesta Inocencia arcádica y el mundo de Experiencia, sino la afirmación, sobre la que volveremos más adelante, de que es necesario atravesar Experiencia para, si conseguimos eludir las manipulaciones ideológicas que se ciernen sobre nosotros y evitar la caída en la indiferencia, el egoísmo y el adocenamiento (peligros representados por los espectros blakeanos y los espantos de Pullman, que en el original inglés reciben el mismo nombre, spectres) alcanzar la verdadera Sabiduría y un sentido profundo de nuestra vinculación con el Universo. Pues, en cita de Blake que Pullman reproduce en el cap. 29 de EL CATALEJO LACADO, cada hombre esta en poder de su Espectro/ hasta que llega la hora en que su humanidad despierta/ y arroja su Espectro al lago; pero, mientras los hombres no sean capaces de liberarse de las cadenas forjadas por su mente, no podrán tampoco resistirse a la imposición tiránica del famoso evangelio de Urizen: Sobre esta roca con fuerte mano afirmo mi libro/ de bronce eterno, en soledad escrito. (...) / Un solo mandato, una alegría, un deseo, / una maldición, un peso, una medida, / un Rey, un Dios, una Ley., versos blakeanos que definen con sobria concisión la falaz doctrina de la Autoridad pullmaniana.

La segunda etapa de Blake vendría representada por sus grandes profecías, la inacabada LOS CUATRO ZOAS, MILTON y JERUSALÉN, que suponen un intento de integrar las dos líneas precedentes mediante la interacción continua de lo universal y lo particular, en el marco de una subversión radical de la linealidad narrativa y del continuo espaciotemporal newtoniano, única forma de liberar al hombre de las cadenas forjadas por su mente. A efectos de comprensión de la obra de Pullman —mucho más apegado a la ortodoxia narrativa—, quizá el aspecto más importante de estas obras lo constituya el hecho, a menudo soslayado, de que el propósito perseguido por Blake no era crear una supuesta mitología ultraterrena, sino, en el ámbito individual, mostrar, mediante la figura de sus Zoas, Emanaciones y Espectros, los peligros inherentes a la escisión de la psique humana, motivada por la imposición religiosa del mito de la Caída (de cuya consolidación consideraba a Milton el principal responsable) y el consiguiente rechazo de la imaginación y del deseo; y, en el ámbito histórico, desvelar los medios de manipulación ideológica mediante los cuales la sagrada Alianza ha impuesto sus doctrinas sobre la humanidad, proceso que Blake consideraba culminado en su tiempo por la deshumanización racionalista del capitalismo industrial. Este intento blakeano de desvelar las profundidades de la mente humana mediante el despliegue de sus figuras míticas nos permite observar bajo nueva luz una de las observaciones más controvertidas de Pullman, su afirmación de que La materia oscura es puro realismo, explicada así por el autor en su página web: Ese comentario me trajo problemas con el mundo de la literatura fantástica. Lo que quería decir es lo siguiente: que la historia que intentaba contar versaba sobre personas reales, no seres inexistentes como elfos o hobbits. Lyra, Will y los demás personajes son seres humanos como nosotros, y la historia trata de una experiencia humana universal: la necesidad de crecer. Los personajes fantásticos del relato aparecen por tanto como imágenes de los diversos aspectos de la naturaleza humana, y no como algo ajeno o extraño a ella. La mitología blakeana y los personajes imaginados por Pullman persiguen así un mismo fin: desvelar los aspectos ocultos de la realidad cotidiana, o, en palabras del segundo, emplear los elementos fantásticos para decir algo que yo consideraba verdadero acerca de nosotros mismos y nuestras vidas.

JERUSALEM, William Blake
JERUSALEM, William Blake

En Blake y en Pullman, por tanto, encontramos una temática central similar: el rechazo de la figura del Dios trascendente y omnipotente, cuya mano invisible (transmutada por Adam Smith en dogma mercantil de la nueva religión capitalista) sustentaría la inmutabilidad del orden natural y social; y una misma propuesta, la incitación a una rebelión que libere a la humanidad de las cadenas forjadas por la mente, de igual manera que, en el Milton de Blake, el autor de PARAÍSO PERDIDO debe descender desde la ficticia mansión celestial de su propio poema a la Tierra, el verdadero centro donde la Eternidad florece, a fin de limpiarse de todo lo no humano. En Blake y Pullman, asimismo, ese concepto de rebelión elude la incitación a la mera violencia ciega —que no es al cabo sino una respuesta reactiva a la violencia urizénica, y que tanto en las profecías blakeanas como en La materia oscura conduce reiteradamente a la cansina repetición de los errores precedentes—, para centrarse en una profunda reflexión acerca de la necesidad de abordar la regeneración social mediante un replanteamiento radical de las relaciones entre Inocencia y Experiencia, infancia y madurez. Una actitud vital sintetizada por Pullman en la extraordinaria frase pronunciada al recibir el premio Carnegie Medallo que necesitamos no son listas de lo que es correcto y lo que es erróneo, sino libros, tiempo y silencio —, y sobre la que basa los tres grandes principios de su República del Cielo: primero, el sentimiento de pertenencia, de formar parte de una historia verdadera y estar ligado a las demás personas, incluso a las que partieron antes que nosotros; y el sentimiento de estar vinculados al propio universo; segundo, el sentimiento de que este mundo en el que vivimos es nuestro hogar, de que no hay ningún otro lugar fuera de él; y tercero, la convicción de que las promesas efectuadas por el Reino de los Cielos, ficticias pero psicológicamente necesarias para la felicidad humana, deben ser transferidas al ámbito inmanente del ser humano mediante el establecimiento de una sociedad donde seamos ciudadanos libres e iguales, dotados —y este es el punto esencial- de responsabilidades. La responsabilidad de hacer de este lugar una República del Cielo, renunciando a vivir en una perpetua autoindulgencia para, mediante nuestro esfuerzo, convertir este mundo en un lugar tan bueno cómo seamos capaces de conseguir

La misma actitud y las mismas convicciones que, por citar textos más claros que los expuestos en sus profecías finales, podemos encontrar en las lúcidas anotaciones marginales escritas por Blake, apenas tres meses antes de su muerte, sobre las páginas del Padrenuestro conservador del Dr. Thornton. El poeta, que cuarenta años antes ya afirmara que todo lo que vive es sagrado, reiteraba una vez más su convicción acerca del vínculo indisociable entre hombre y naturaleza — Todo lo existente tiene tanto derecho a la Vida Eterna como Dios, quien es el sirviente del Hombre — y mostraba el mismo igualitarismo y colectivismo políticos que en su juventud: Danos este Día Eterno el pan que por justicia nos pertenece, y aléjanos del dinero, las deudas o los impuestos, pues todas las cosas sean comunes entre nosotros. El Día Eterno blakeano y la República del Cielo pullmaniana comparten así, más allá de su evidente parentesco léxico, un mismo espíritu reivindicativo: la necesidad de trasponer las promesas espurias del Reino de los Cielos al devenir cotidiano de los hombres, convirtiendo la falsa trascendencia en gozosa inmanencia; y la convicción de que la regeneración efectiva de la humanidad sólo será posible mediante una decidida reivindicación de nuestra verdadera naturaleza.


Notas

Uno de los primeros admiradores de Blake y que, como él, sometió a despiadada parodia los populares y moralistas poemas infantiles de Isaac Watts. En Lewis Carroll: A BIOGRAPHY (Random House, Nueva York, 1996) Morton N. Cohen ha dedicado especial atención al influjo de Blake sobre la visión de la infancia desarrollada por Carrol (Charles Dodgson) quien poseyó tanto las obras de Blake como la biografía de Gilchrist, y en fecha tan temprana como 1863 encargó una impresión personal de SONGS OF INNOCENCE a fin de distribuirla entre sus amistades. Según Cohen, Dogdson admiró a Blake, coincidió con sus ideas y lo evocó en su obra; y comprendemos mejor a Charles si lo reconocemos así. Al igual que Blake, rehusó moralizar la infancia, y la reverenció en todas sus manifestaciones (pg. 162)

CANCIONES de INOCENCIA Y DE EXPERIENCIA, Inocencia, lámina 12; Erdman, 10.

JERUSALEM, lámina 37; Erdman, 184.

EL LIBRO DE URIZEN, lámina 4; Erdman, 72:

MILTON, lamina 41; Erdman, 142.

Roberts, Susan: A DARK AGENDA?

Ann. THORNTON´S THE LORD´S PRAYER, Newly Translated, 3; Erdman, 669.

© Francisco Gimeno,
(12 palabras) Créditos