EL NACIMIENTO DE BAAS
EL NACIMIENTO DE BAAS Roberto Ruiz
Título original: ---
Año de publicación: 1999
Editorial: J. J. Aroz, Editor
Colección: Espiral nº 15
Traducción: ---
Edición: Junio de 1999
Páginas: 248
ISBN:
Precio: 10, 52 EUR

A los autores debería exigírseles un mayor grado de autocrítica. Y no porque no la tengan ya en grado sumo, no hay peor crítico con la obra propia que el mismo autor. En cuanto se posea un mínimo de honestidad, los peores defectos y las soluciones chapuceras son algo de lo que cualquier creador se está lamentando toda su vida.

Tampoco es menos cierto que si la publicación de novelas y relatos dependiera de esta autocrítica feroz, la producción literaria mundial estaría copada por los productos exquisitos de ancianos perfeccionistas y las abominaciones de cretinos arrogantes.

El autor, llegado cierto momento, dice se acabó, y da por terminada la obra, esté como esté, el trabajo que se ha invertido en ella ha sido el suficiente para no acabar odiándola y llegada a esa mayoría de edad está lista para presentarla en sociedad.

Es decir, a nosotros los lectores.

Leyendo EL NACIMIENTO DE BAAS me ha quedado la impresión de que Roberto Ruiz ha precipitado la puesta de largo, no ha dejado reposar la novela lo suficiente y la ha lanzado al mundo con sus virtudes, pero con tremendos defectos que ponen esta novela al borde de la descalificación total.

Estilísticamente peca, como suele ser habitual en los autores noveles, de intentar cosechar calidad literaria sembrando cantidad literaria, y ese camino suele ser desastroso, y aunque no abusa de ello, en ocasiones la densidad de adjetivos ofusca al lector. La línea narrativa esta manchada por flash-back y episodios sin localizar, que francamente, ayudan bien poco al desarrollo de la historia y en ocasiones llegan a confundir. Aparte de salpicar la narración con infinidad de abreviaturas y siglas, en algunos casos muy forzadas; bien está que los personajes usen estas siglas en sus parlamentos (son técnicos, y como tales han de expresarse) pero como recurso literario son abominables y deberían estar desterradas de la tercera persona del narrador.

Y lo que considero más grave, intenta hacer hard consiguiendo únicamente irritar profundamente al lector.

Un ejemplo de la página 170;

THID se unió a TFIIA y a la caja TATA. La secuencia enhancer se acercó al promotor y, posteriormente, la RNA polimerasa II se unió a la doble hélice de DNA, ayudada por otros tres factores de transcripción. El rápido deslizamiento abría el helicoide mientras la ribosa se polimerizaba recogiendo información en forma de bases; uracilo, guanina, citosina, adenina.

Po´fale, po´malegro, po´mubien.

Roberto Ruiz es médico, lo me hace suponer que esto no es tecnogerga, pero eso no le da derecho a marcarse parrafadas de este estilo, y menos cuando otros aspectos tecnológicos de la novela naufragan estrepitosamente A esto se le llama hard mal entendido. El hard, la ciencia-ficción con sólida base científica, nunca debe caer en el recurso cómodo de soltar largas conferencias técnicas para justificar los sucesos que se intentan narrar. Eso no es hard, eso es un libro de texto. Si una obra aspira a ser coherente hasta en sus mínimos detalles científicos, nunca debe caer en la trampa de explicar porque lo son, deben ser coherentes, en toda la extensión del escrito y con todas las consecuencias.

Por eso, casos como este, me ponen de muy mal humor. Roberto Ruiz, con la base literaria que tiene, puede dedicarse a escribir artículos o libros de texto de gran calidad en ese tono, pero nunca debería haberse dejado llevar por el entusiasmo y haber metido a capón esta clase de párrafos cuando, por otro lado, pasa de puntillas por otros aspectos técnicos de la narración, como la informática que usa; ¿Amasijos de instrucciones informáticas? Bien, puede ser la forma en la que se expresaría un lego en la materia, como al cabo es el protagonista del relato que, claro, es médico. Pero que el médico no tenga ni repajolera idea de informática debería haber hecho reflexionar al autor y hacerle comprender que sus lectores (¡Entre los que hay algunos informáticos, mira tu!) hay algunos que tampoco tienen ni repajolera idea de genética, y charadas como la mentada son un adorno inútil que sólo hacen pensar, con cierta perplejidad, en una demostración superlativa de pedantería unida a una ignorancia suprema de otras áreas del saber.

Antes dije que EL NACIMIENTO DE BAAS tiene algunas virtudes, y aunque hasta ahora no haya comentado nada que lo confirme, es completamente cierto. Si pese a mi indignación conseguí acabar la novela fue porque Roberto Ruiz se desenvuelve muy bien con algo tan difícil como el suspense. Maneja perfectamente el tiempo y los personajes consiguiendo meter al lector en el relato, intrigado por el que pasará. Pero precisamente ese suspense tan bien conseguido consigue que el final sea decepcionante, tanto, que aún me estoy preguntando que o quien es BAAS.

Con soluciones sacadas de la manga, deducciones forzadas y actos nada lógicos, el final de la novela es tan etéreo como inconsistente, y después de todo el trabajo que lleva una obra de esta extensión, hubiera merecido la pena dedicarle más esfuerzo a cohesionar las partes y redondear el final.

EL NACIMIENTO DE BAAS sucumbe a la ambición con la que está concebida. Y es un defeco (o más bien efecto) del que cada vez tengo más constancia, el de autores que se embarcan en proyectos que sobrepasan su capacidad como narradores, para conseguir finalmente productos nada satisfactorios para el lector.

© Francisco José Súñer Iglesias, (891 palabras) Créditos